Un entretenido homenaje a los fundadores del Lliure
Miquel Mas Fiol recupera el espíritu de 'La bella Helena' que dirigió Pere Planella en 1979 en el teatro de Gràcia
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- Dramaturgia y dirección escénica: Miquel Mas Fiol, a partir de la opereta de Jacques Offenbach
- Dirección musical: Pablo Ruz
- Intérpretes: Sergi Boqué, Jordi Cornudella Heras, Gerard Franch, Carme Milán, Lluís Oliver, Mel Salvatierra
- y Núria Vinyals Mañarikua
El estreno de La bella Helena en el Teatre Lliure dirigida por Pere Planella en 1979 constituyó el primer gran éxito popular de la compañía que había abierto el teatro de Gràcia hacía tres años con Camí de nit. La propuesta de Miquel Mas Fiol que conmemora los cincuenta años del Lliure se aleja de la opereta de Offenbach para construir un sentido y muy entretenido homenaje a los fundadores y a su manera de trabajar y vivir el teatro.
En busca del espíritu rompedor y libertario de los años setenta, la compañía dirigida por Mas Fiol ha acampado durante 39 días en el teatro haciendo válida la frase de Fabià Puigserver: “¿Qué se puede esperar de unos incontrolables que hacen del teatro una manera de vivir y del lugar de trabajo su propia casa?”. Como parece que quiere indicar el título, La bella Helena es el vehículo y el pretexto para explicar muchas más cosas que la aventura amorosa de Paris y Helena en la Grecia clásica. Cosas sobre la gente de teatro y también sobre la historia del Teatre Lliure con un teatrillo de marionetas de palo en el que encontramos, todo parece indicar, la única presencia que Lluís Pasqual tendrá en el aniversario de una aventura que levantó y dirigió.
La obra comienza con una fuerza convencional crítica al teatro actual que se hace en el país con una innecesaria alusión a una actriz; continúa mostrando la personalidad de los intérpretes, sus deseos y sueños, sus disputas, todo ello acompañado de un montón de referencias, incluidas imitaciones disparatadas a la versión de 1979 y a sus intérpretes, y trufado con algunos fragmentos musicales del original. Un amasijo de escenas con una estructura y unas acciones que recuerdan mucho la manera de hacer de La Cubana pero bastante más desordenadas, aunque actrices y actores saben ganarse al público, al cual hacen participar desde el inicio (aplaudiendo a la pareja que llega tarde) hasta el final (para despedir a la improvisada galera que se lleva a Paris y Helena hacia Troya). El espectáculo busca descaradamente la risa de los espectadores y, aunque no siempre la consigue, el conjunto se hace amable y entretenido, como buena parte del teatro que se hace ahora. En un reparto muy apasionado destaca la solvencia y carisma de Carme Milán y Mel Salvatierra.