Crucigramas, sexo y sensibilidad
Los crucigramas son un pasatiempo de mucha tradición en la prensa porque permiten al lector escribir en el diario, incluso con la huella física de su trazo y de la tinta. Siempre me ha parecido bellísimo, desde que veía a mi abuelo leyendo de cabo a rabo el par de diarios a los que estaba suscrito y, al acabar de comer, con el café en la mesa, hacía los “crucigramas” cuando aún se decían así, que era cuando el cava se llamaba champán.Me consta que son muchos los lectores que hacen los crucigramas del Señor Ventura, y lo felicitan por el ingenio que hace falta para inventarse definiciones cada día en el registro coloquial. Pero ahora he recibido una queja que habla de sexismo y, sea o no la flor que no hace verano, por su valor cualitativo he decidido hacerme eco de ella y elevarla a pública. Escribe Marta Bausells (25/03/2026):“Buenas tardes. Diariamente hago los crucigramas del Señor Ventura. Hace días que veo algunas definiciones que encuentro de muy mal gusto, por ser sexistas y muy poco afortunadas. Les paso algunos ejemplos:«De esta puedes esperar alguna tontería»: vagina (26-03-26)«Higos y patatas»: vulvas (22-03-26)De verdad que me sorprenden muchísimo ver estas cosas hoy en día. Quizás habría que hacer una revisión más cuidadosa de las palabras antes de publicarlas (también he encontrado alguna falta ortográfica). Como mujer me siento indignada, y ahora mismo no tengo ganas de seguir haciéndolas, y lo siento.No tengo ninguna intención de ofender a nadie, pero yo me siento así. Confío en que valoraráis lo que comento y tomaréis alguna medida”.Jordi Ventura atiende mi solicitud de dar su versión:“Las dos definiciones que la lectora comenta no las considero sexistas. No encuentro elementos denigratorios hacia las mujeres ni veo un trato desigual respecto a los hombres: he publicado definiciones similares como «El gorrión y la cigarra» pene (16-3-2020) o «Un hombre de paja» onanista (1-12-23).”Es cierto que las definiciones usan un registro coloquial, pero el hablar popular es una parte inseparable del lenguaje. Los usos de figa y parida que utilizo están recogidos en el DIEC. Y muchos lectores deben recordar la vieja canción de La Trinca de La patata.Para hacer los crucigramas, además del imprescindible DIEC, tengo a mano obras como el Diccionario de sinónimos de frases hechas de M. Teresa Espinal, el Diccionario descriptivo de la lengua catalana o la Paremiología catalana comparada, de Víctor Pàmies, entre muchas otras. Todas ellas recogen fraseología y argot que son una mina para los dobles sentidos inherentes al sentido lúdico de los crucigramas. Cuando dos palabras coinciden en más de un campo semántico, hemos encontrado oro.Si la lectora cree que he usado palabras o expresiones demasiado coloquiales, puedo respetarlo. Pero me gusta pensar que los crucigramas son un espacio del diario donde, de vez en cuando, este registro puede asomar. Quizás por eso, en la edición impresa nos ponen al final.Lo que sí lamento es que haya detectado faltas de ortografía. A veces la gente cree que todos los crucigramistas somos académicos de la lengua. No es así. Yo soy guionista (como curiosidad, en el gremio también hay geólogos, matemáticos, enfermeras, técnicos de turismo o músicos). Por supuesto, esto no me exime de escribir correctamente, pero me hace falible como todo el mundo. Tanto yo como el resto del equipo del diario tomamos nota de los errores para corregirlos en el futuro”. Hasta aquí la respuesta del Señor Ventura.“Las bromas traen agua” es un refrán catalán muy antiguo. Si yo fuera crucigramista lo podría poner como definición, y nos daría como resultado dos palabras: una de cinco letras, lluvia y otra de ocho, lágrima. En el primer caso, entenderíamos bromas como nieblas, y en el segundo, en su significado jocoso que aun así puede herir. Joan Maragall escribió dos piezas sobre la Lliga del Bon Mot, la asociación que promovía el hablar bien y que tuvo una vida muy larga, de 1908 a 1963. En el primer texto, Maragall defendía la purificación del hablar que equivale a la purificación del espíritu; en el segundo, se muestra crítico: “Nuestra palabra, que queríamos purificar, se espesa con humores tristes”. Y proclama: “No queremos inquisidores, ni de la una ni de la otra banda”.En el dominio del lenguaje, tenemos por fortuna toda la paleta que va del juicio a la locura, y en el territorio del entretenimiento –donde habitan los crucigramas– las licencias son más permisivas; solo hay que escuchar la radio para comprobarlo. Los argumentos del Señor Ventura son tan respetables como los de la lectora Bausells, a quien invito a continuar haciendo nuestros crucigramas y enriquecernos con sus reflexiones. Al Señor Ventura no lo puedo rebatir de acuerdo a derecho, que es compartido por las dos partes de este debate, pero apelo a la sensibilidad, que se ha de compasar con una franja social que considera determinados temas hipersensibles. Quien quiera saber más y tener más elementos de juicio, puede leer el vocabulario Cardem en catalá (Rosa dels Vents, 2026), que arranca de un trabajo académico de la UB, dirigido por la profesora Neus Nogué –hace el prólogo--, de Roger Miras, Xènia Hernàndez i Laura Boj.Estadounidenses, norteamericanos, estadounidenses
El lector Xavier Huguet nos llama la atención sobre la denominación estadounidense que empleamos a veces en el ARA. No es anodino, en un tiempo histórico en que de los americanos hemos de hablar cada día, aunque sea por culpa de un psicópata. Me escribe este correo:“Constato con cierta perplejidad el uso sistemático y forzado por parte de L’ARA del adjetivo estadounidense/estadounidense. Estados Unidos de América es el nombre oficial de un país –el primer país independiente del continente– que siempre se ha denominado a sí mismo simplemente como América, y sus ciudadanos son americanos.Comprendo que el término americano puede sonar a algunos extranjeros abusivo y exclusivista, aunque los canadienses también utilizan este adjetivo, pero en todas las lenguas europeas el adjetivo normal es americano o norteamericano. Actualmente pervive en Barcelona un Institut d’Estudis Nord-americans que en un tiempo pasado tuvo gran importancia.El invento estadounidense es ridículo, engorroso y malsonante –concluye el lector–. Todavía a nadie se le ha ocurrido referirse a los británicos como reinounidenses, a pesar de que las islas británicas sean dos. Finalmente, y el argumento más fuerte, es que nadie dice estadounidense, sino americano o norteamericano, como tampoco nadie dice reinounidense. No sean más papistas que el papa, por favor”.Pau Domènech, jefe de la sección de Lengua, me da su argumento: “Efectivamente, el adjetivo norteamericano continúa siendo el más habitual para referirse a los habitantes de los Estados Unidos de América. Ahora bien, tal como dice el diccionario, la forma estadounidense tiene exactamente ese mismo significado. ¿Por qué, pues, no podemos aprovechar su existencia para usar un lenguaje más preciso? Bien que se pasó de un nada concreto americano a un poco concreto norteamericano: ahora deberíamos poder hacer un mejor uso de la lengua llamándolo estadounidenses. Estoy convencido de que cada vez tendrá un uso más extendido, empezando por el mundo periodístico (donde hay una obligación con la precisión del lenguaje), y que, tal vez, algún día tendremos por aquí un Instituto de Estudios Estadounidenses”.Como decía Maragall en el texto mencionado supra, “contra la palabra no queremos más arma que la palabra”; escrito de 1909 en el cual, más allá de la curiosidad, habla de los “norteamericanos”. Hay una sinécdoque convencionalmente instalada que connota como “americanos” a los de los Estados Unidos, los célebres “Americanos, vienen a España guapos y sanos” de Bienvenido Mr. Marshall, y el DIEC admite la acepción. También admite estadounidense, como señala Domènech; por tanto, el lenguaje del ARA está dentro de la corrección y, efectivamente, la voz es más precisa o, en terminología académica, acota el corpus.Otra cosa es que sea legítimo, cuando menos, cuestionar filosóficamente la norma y, tomando en consideración el criterio del lector Xavier Huguet, nos preguntamos retóricamente si es acertado mezclar el sistema de administración política, el estado, con una identidad que lo precede construida sobre semánticas de proximidad como nación, que la etimología latina remite a dónde se nace, y patria, que la etimología griega remite al padre y a la madre, que Tucídides, Polibio y Eurípides amplían a los antepasados y a partir de Heródoto llegamos al concepto actual (referencias del completísimo Diccionario griego-francés de Anatole Bailly, 1915); un concepto que contempla, sin embargo, las identidades concéntricas (Havel) y el binomio arraigo/voluntad tan bien desarrollado en Cataluña por la línea Campalans-Candel- PSUC-Pujol.El Defensor del Lector toma conocimiento de las dudas, sugerencias, críticas y quejas sobre los contenidos del diario en sus ediciones digital y en papel, y tiene cuidado de que el tratamiento de las informaciones sea conforme a los códigos deontológicos.Para contactar con el Defensor del Lector puede enviar un correo electrónico a eldefensor@ara.cat o grabar un mensaje de no más de un minuto al número de WhatsApp 653784787. En todos los casos, se requiere identificación con nombre, apellidos y número de DNI.