La expedición gerundense que hizo historia en la tercera cumbre más alta del mundo

Hace 40 años, Pep Permanyer se convertía en la primera persona del Estado en coronar el Kanchenjunga, de 8.586 metros, en el Himalaya, acompañado de un equipo de alpinistas de Gerona

4 min
Pep Permanyer en la cima del Kanchenjunga (8.586 m), el 24 de octubre de 1986.
04/11/2026 - 08:00 h

GeronaEl 24 de octubre de 1986, el alpinista catalán Pep Permanyer, nacido en Sant Hilari Sacalm, culminó el ascenso a la cima del Kanchenjunga, en el Himalaya, la tercera montaña más alta del mundo, después del Everest y el K2, con una altitud de 8.586 metros. Permanyer se convirtió en el primer alpinista catalán (y de todo el Estado español) en coronarla. También fue el primer gerundense en conquistar una cima de más de 8.000 metros. El alpinista formaba parte de una expedición pionera de 9 miembros, que salió de Gerona y duró aproximadamente tres meses y medio.

“Al llegar a la cima y comunicarme con los compañeros del campo base, sentí un momento de gran alegría y satisfacción. Pero enseguida ya solo pensaba en bajar, estar a más de 8.000 metros no es muy confortable y las montañas se suben en el momento en que llegas abajo, si no, no sirve para nada”, relata Permanyer, que subió sin soporte de oxígeno. Y añade: “A esta altura, si no estás muy bien aclimatado y el físico no te acompaña, no subes. Hay mucho déficit de oxígeno y, a partir de 8.000 metros, cada 100 metros se paga muy caro”. En terminología montañera, se le llama la zona de la muerte, donde cada minuto cuenta.

Joan Hugas, Kim Bover, Jordi Bosch, Salvador Coll, Joan Cardona, Santi Carrillo, Francesc Cases, Ramon Estiu y Jordi Terrades completaban la expedición. Estuvieron casi dos años preparándola. En los años 80, sin internet ni telefonía internacional, en Cataluña no se encontraban mapas detallados ni información accesible sobre la orografía. Estuvieron meses tramitando permisos y papeleo con los gobiernos de Nepal. “Incluso tuvimos que ir en coche hasta Austria en dos días a comprar botas de montaña porque aquí no las había tan buenas”, recuerda Ramon Estiu.

Los mismos protagonistas financiaron buena parte del viaje de su bolsillo, pero también contaron con el patrocinio privado de la empresa gerundense de supermercados Valvi y el apoyo económico de ayuntamientos y de la Diputación de Gerona, que en los próximos meses publicará un libro recordando la efeméride.

Los integrantes de la expedición gerundense al Kanchenjunga.

A la segunda, va la vencida

Una vez llegados a Nepal, la ruta no fue fácil. Hasta el último campo base ya fue toda una odisea, ya que el Kanchenjunga es una cima muy aislada, sin infraestructura logística, alejada de la civilización, con pasos muy empinados que requieren cuerdas fijas. Y, como todo el viaje se retrasó por las dificultades burocráticas, en octubre las condiciones climáticas eran casi invernales. Una vez establecidos en el campo base final, el primer intento de hacer la cima se frustró. El equipo tuvo que retroceder por un principio de congelación en la mano de Ramon Estiu. Así lo rememora el protagonista: “Se me empañaron las gafas, se me soltó un crampón y, cuando quise abrochármelo de nuevo, se me congelaron los dedos. Tuvimos que retroceder porque me hubiera dejado la mano y alguna cosa más”. Al cabo de cuatro días, intentaron la segunda acometida con éxito. Siempre acompañados del reconocido sherpa Ang Rita, que les hacía de guía y entonces ya había hecho el Everest diez veces sin oxígeno.

A pesar de los contratiempos, sin embargo, los alpinistas reconocen que no vivieron ningún momento de miedo, pero sí de respeto: “Por mucho cuidado que vayas, puede haber un imprevisto y te atrapa. Los peligros objetivos de aludes o grietas están ahí, pero siempre procuras minimizarlos. No hicimos nada para ponernos en riesgo y fuimos prudentes en todo momento”, explica Permanyer.

Vistas desde la cima del Kanchenjunga, con el Everest al fondo.

“No íbamos a ganar nada”

Los miembros de la expedición estaban muy, muy preparados, pero ninguno era alpinista profesional. Todos tenían sus trabajos y, como aficionados a la montaña, querían seguir la estela de los alpinistas barceloneses que venían de coronar el Everest. Para ellos no era ninguna competición: “El hecho físico de subir la montaña con los compañeros me daba una sensación de plenitud. Me sentía muy completo”, dice Estiu. Y Permanyer continúa: “Era una motivación de superación personal, de hacer algo grande, no íbamos a ganar”. Nada que ver con la competitividad de algunos profesionales actuales o con el parque temático en que se ha convertido el campo base del Everest: “Es horroroso, da pena verlo, se ha comercializado todo, pagas y te llevan a donde quieras”, termina Estiu.

Uno de los tramos más técnicos del ascenso hasta el último campo base del Kanchenjunga.

En 40 años el mundo del alpinismo ha cambiado muchísimo. Llevaban buen material, médico y cocinero, pero la principal diferencia son las comunicaciones. Ahora con un teléfono por satélite se puede estar en contacto cada día, pero, en aquel momento, durante más de 3 meses apenas pudieron comunicarse con los amigos y familiares de Gerona. Esto provocó que en la ciudad se fuera creando una expectación creciente por su regreso: “Contactamos alguna vez con una radio de Sri Lanka que conectaba con Llavaneres y pasaba alguna información, pero casi no sabíamos nada. El recibimiento fue una sorpresa”, explica Permanyer.

La ciudad les esperó con impaciencia, como si fueran jugadores de fútbol que consiguen un título, y el alcalde Quim Nadal les recibió en el Ayuntamiento. El revuelo mediático supuso también un impulso para el alpinismo en las comarcas gerundenses, ya que el mismo núcleo de protagonistas, en 1991, emprendió un nuevo viaje hacia el Makalu, de 8.485 metros. Y, meses después del Kanchenjunga, nacieron los campamentos de Ribelles, en la Alta Garrotxa, para adolescentes con ganas de disfrutar de deportes de aventura, que este 2026 también han celebrado cuatro décadas de historia.

 

stats