La gran epopeya para ser el primer catalán en subir todas las cimas de ocho mil metros

Una década después del hito de Ferran Latorre y Òscar Cadiach, los dos escaladores se reencuentran en un documental

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Òscar Cadiach y Ferran Latorre
25/10/2026 - 19:01 h

BarcelonaEl 14 de septiembre de 1985 miles de catalanes se reunieron en el aeropuerto de El Prat para recibir a la expedición que regresaba a casa después de alcanzar la cima. Por primera vez la 'senyera' catalana había ondeado en lo alto de la montaña más alta del mundo, el Everest. Dos semanas antes, Òscar Cadiach, Toni Sors y Carles Vallès habían hecho historia, y Cadiach se había encargado de hacer llegar la buena nueva con una precaria conexión por radio: “Cataluña ha alcanzado el techo del mundo”. Curiosamente, mucha gente todavía cree que las palabras fueron "Hemos alcanzado la cima", pero no fue así. El tarraconense, que había subido sin la ayuda de bombonas de oxígeno, llegó con tanta energía a lo alto del Everest que tuvo tiempo de leer la Oda sextina a unos catalanes intrépidos que el poeta Joan Brossa había dedicado a aquellos valientes.

En el barrio del Poble-sec de Barcelona, un chico de quince años lo escuchaba emocionado. Soñaba con ser alpinista, y dos años antes –en 1983–, había subido por primera vez una montaña de más de 3.000 metros en el Parque Nacional de Aigüestortes, y dejó escrito un mensaje en el libro de visitas del refugio Ventosa i Calvell que decía: "Un día quiero subir al Everest", con un dibujo de una 'senyera'. Aquel joven era Ferran Latorre, que fue a recibir a la expedición al aeropuerto y se emocionó al ver, entre la multitud, a Òscar Cadiach.

Muchos años después, en 2017, Cadiach y Latorre escribieron la página más gloriosa del alpinismo catalán. Con pocos días de diferencia, se convirtieron en los primeros catalanes en hacer cima en las catorce montañas de más de 8.000 metros del planeta. Ambos protagonizaron, durante años, un duelo para ver quién era el primero en conseguirlo, que emocionó a los aficionados de la montaña y a los medios de comunicación. Finalmente, el primero fue Ferran Latorre, el 27 de mayo de 2017, precisamente en aquel Everest que soñaba coronar cuando era un niño. Lo hizo ayudándose de una bombona de oxígeno. Unas semanas más tarde, Cadiach conseguía su última cima de ocho mil, cuando el 27 de julio de 2017 subió el Broad Peak. Sin ayuda de oxígeno. "El primero en hacer los 14 ochomiles es Ferran. El primero en hacerlos sin ayuda de oxígeno, yo", dice Cadiach. "Podemos decir que empatamos", añade el tarraconense. Y Latorre sonríe.

Òscar Cadiach.
Ferran Latorre en una imagen de archivo.

El barcelonés siempre será recordado como el primero, pero dentro de la comunidad alpinista muchos valoran más la gesta del tarraconense. "Para mí, tiene más mérito Óscar", dice el vasco Juanito Oiarzabal, el primer español que alcanzó este hito. Y nadie puede acusar a Oiarzabal de partidismo, ya que Latorre le salvó en 2004 cuando quedó solo y desorientado durante una tormenta en el K2, a más de 8.000 metros. "Sin Ferran, estaría muerto", admite. Pero igualmente valora más lo que hizo Cadiach.

El duelo para ver quién llegaba primero dio paso al debate sobre quién tenía más mérito. Los dos protagonistas hablan de ello abiertamente, sin problemas. Hace unos meses les propusieron recordar aquellos días en el documental Duelo a 8.000 metros, de la productora NSN, que se podrá ver en La Xarxa+ y Televisió de Catalunya, dirigido por Raül Llimós y Álvaro Sanz. "El documental surge de la voluntad de recordar su historia; un homenaje a ambos", dice Llimós. Y ambos aceptaron salir juntos en el documental e ir a su presentación en Barcelona entre bromas.

"Yo quería hacer todas las cimas sin ayuda de oxígeno y así las hice todas, pero en la última, el Everest, llegué arriba muy justo", admite Latorre. "¿Si hubiera hecho lo mismo que Ferran? No, porque nunca llevo bombonas de oxígeno, así que no habría podido", dice Cadiach.

Su historia parece escrita por un guionista. Las dos últimas cimas que hizo Latorre son, curiosamente, las dos primeras que hizo Cadiach. Ambos se llegaron a encontrar en un campo base en el Himalaya, cuando iban a cimas diferentes. Ambos simbolizan dos épocas diferentes, pero coincidieron. "Yo llegué a conocer de joven el alpinismo más puro que vivió Óscar. Pero es cierto que se ha modernizado todo y comercializado. Ahora hay demasiada gente subiendo el Everest, aunque si lo buscas, puedes estar solo", apunta Latorre.

A veces, perseguir una meta te puede llevar demasiado lejos. También pasa en el alpinismo. Amistades que parecían fuertes se han roto, y miembros de la misma expedición han acabado peleándose y denunciándose, como pasó con los italianos que fueron los primeros en coronar el K2. Cadiach y Latorre, en cambio, pueden charlar juntos, sin problemas. "Lógicamente, estaba pendiente de lo que hacía Ferran, pero por estar informado, nada más. Ser el primero o el segundo tampoco es importante. La clave es afrontar tus retos", dice Cadiach. "Cuando vi que ya llevaba unas cuantas cimas me animé a hacer los catorce. Necesitaba un nuevo reto. Sabía que Òscar ya llevaba muchos, así que desde el principio pensaba que él sería el primero. Después vi que tenía opciones, y está claro que quise ser el primero", admite Latorre.

Òscar Cadiach y Ferran Latorre antes de ir al Everest.

El destino quiso que en un momento concreto ambos llegaran a tener trece cimas conquistadas, hecho que provocó que todo el mundo se preguntara quién sería el primero en hacer los catorce. Cadiach, más veterano, había empezado la carrera mucho antes. "Mi padre era capitán de barco, y como mi madre sufría con las noches que pasaba en el mar, me empezó a llevar a la montaña", recuerda el tarraconense. En los años setenta ya tenía experiencia y, de hecho, empezó a subir grandes cimas con 38 años, cuando subió el Nanga Parbat en 1984. Entonces Latorre tenía apenas catorce años y se aficionó muy rápidamente a la escalada. Entró a formar parte del equipo de Al filo de lo imposible, un programa de televisión de TVE muy respetado durante los años ochenta y noventa. Esto le permitiría ir haciendo los primeros ochomiles de su carrera cuando apenas tenía veinte años.

Cadiach alargó más el reto, en parte también porque durante una buena época no quería volver a aquellas cimas, ya que había perdido a un buen amigo, Manel de la Matta, durante el descenso del K2. Ambos han visto desgracias y han salvado vidas. Latorre salvó la vida de Oiarzabal, y Cadiach, la de una alpinista china que encontró cuando intentaba hacer la cima del Broad Peak, la última que le quedaba. "En 2014 me quedé a 20 metros de la cima. Un año después volví, pero tuvimos que rescatar a Luo Jing, la alpinista china que se encontró con una avalancha. Si no la hubiera ayudado habría hecho los catorce ochomiles antes, pero hice lo que tocaba", defiende.

En total, menos de ochenta personas han hecho los catorce ochomiles. Y aquellos que lo han hecho sin la ayuda de oxígeno son menos de treinta. Todos han intentado seguir los pasos del italiano Reinhold Messner, considerado el padre del alpinismo moderno, que fue el primero en alcanzar este hito, que después han conseguido cuatro vascos, entre ellos la primera mujer, Edurne Pasaban. “La montaña me ha enseñado a ser humilde y mejor persona –defiende Latorre–. Allí sufres, lloras, entiendes que no todo depende de ti", añade el barcelonés, que hace años que vive en Osona. "Al final, lo que nos queda es que los dos lo hemos conseguido y nos tenemos que felicitar mutuamente por este hecho", concluye Latorre.

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