La Champions es cruel con el Barça
La expulsión de Eric en el minuto 79 acaba con el sueño de una remontada que los azulgranas habían alimentado con un gran primer tiempo (1-2)
Enviado especial a MadridUna expulsión a Eric García en el minuto 79 despertó los mismos fantasmas que habían perseguido al Barça en la ida cuando Pau Cubarsí sufrió el mismo desenlace cruel. Nuevamente, una revisión del VAR castigó a los azulgranas, penalizados con un futbolista menos y viendo cómo se desvanecía el sueño de una remontada que se habían ganado a pulso después de una gran primera parte. Las dianas de Lamine Yamal y Ferran Torres ilusionaron a todo el barcelonismo, guiado por la fe de un Gavi que, como todo el Barça, se dejó la piel en el Metropolitano. Pero no fue suficiente, porque todos los detalles de la eliminatoria contra el Atlético de Madrid han acabado castigando la fe de un conjunto catalán que cae con la cabeza bien alta (1-2). Lamine Yamal y Ferran iniciaron el camino, haciendo creer que una remontada que se acabaría confirmando como imposible se podría conseguir, hasta que la diana de Lookman (1-2) y la expulsión de Eric cambiarían el relato de la noche.
La autoestima de un Barça batallador, incluso con diez, se fue minando en el Metropolitano después de una gran primera mitad y un segundo tiempo lleno de obstáculos. El inicio del partido había sido esperanzador. No habían pasado ni siquiera cinco minutos cuando Lamine abrió el marcador después de un regalo de Lenglet. Veinte minutos después, Ferran hizo el segundo y empató la contienda. Dos buenos goles. Dos dianas llenas de esperanza y de orgullo de un equipo repleto de jóvenes que, más pronto que tarde, acabarán levantando una competición que hace más de una década que se le resiste.
A la media hora de partido, después del gol de Ferran, la afición cantaba y bailaba, haciéndose oír con fuerza en el Metropolitano, agitando banderas azulgrana y señeras, mientras se atendía a Fermín, que se llevó un buen chichón en la cabeza después de una entrada del portero. Lo que no sabían los casi 3.000 aficionados presentes en el estadio colchonero es que les tocaría encajar un golpe y vivir una noche que acabaría con final triste y doloroso. Griezmann, el mejor de los suyos junto a Musso, volvió a aplicar al Barça la misma medicina: pase largo del francés para la carrera de Llorente que, con una buena asistencia, encontró a Lookman. Más veloz que un Koundé que se debería haber lanzado para rechazar el balón, el extremo británico remató a placer ante un Joan que poco pudo hacer.
Lookman marca el 1-2
Un desajuste del Barça en la presión permitió a los colchoneros morder y entrar de lleno en la eliminatoria. Con el gol, parecía que los de Simeone se quitaban el miedo de encima, pero los azulgranas, mucho mejores que su rival, los volverían a someter a base de buen fútbol. Olmo reclamaría un penalti por un empujón dentro del área, pero Turpin consideró que el contacto no había sido suficiente para señalar la pena máxima y Brisard, en el VAR, no se molestó en absoluto en invitarle a revisar la jugada. Esto le subió la mosca a la nariz a un Flick que ya venía enfadado desde la acción de Musso de Fermín y también con la permisividad una vez más con los colchoneros. El conjunto de Simeone debería haber acabado la primera mitad con alguna tarjeta amarilla, especialmente Ruggeri o por Llorente, por una patada a Ferran.
La primera parte moriría a los pies del atacante valenciano, que poco antes había vuelto a topar con una excelente parada de Musso después de un buen revés en la frontal. En la última acción del primer tiempo, Ferran quiso chutar él mismo la falta que había provocado, pero remató alto y desviado. Los azulgranas, que habían sido muy superiores, marchaban con la confianza de haber hecho dos goles, pero con la amargura en la garganta de haber encajado el 1-2 de Lookman. Se llegaba al descanso con el trabajo medio hecho, con un partido que quedaba abierto y una eliminatoria que se podría decantar hacia un lado o hacia el otro.
A la reanudación, el Barça confundió las ganas de salir a morder con una verticalidad que llegaba demasiado pronto y que permitió a los de Simeone tejer un par de contraataques que se habrían podido pagar caros. Fueron unos minutos de sufrimiento, de morderse las uñas, porque los azulgranas lo intentaban, pero de forma precipitada y perdiendo balones arriesgados. Esta angustia, que a menudo es el precio a pagar de un equipo que tiene todas las virtudes de la juventud, pero también algunos de sus pecados, se habría podido detener de golpe con el tercero del Barça, que llegó con una rematada de Ferran después de una jugada enredada, pero la acción acabaría siendo anulada por fuera de juego después de la revisión del VAR.
Eric García, expulsado
Había que seguir intentándolo. Lamine Yamal era el faro de todas las jugadas de ataque. Medía, con inteligencia, cuándo era un buen momento para pisar área y esquivar rivales o cuándo era mejor jugar atrás y buscar a un compañero. La estrella azulgrana, sin embargo, empezaba a echar en falta más socios en ataque. No todo podía pasar solo por sus pies. Aunque Ferran estaba haciendo muy buen partido, empezaba a acusar el cansancio y Flick buscó un golpe de efecto con un doble cambio: Rashford y Lewandowski entraron por el valenciano y por Fermín. Vendrían más momentos de sufrimiento, con Koke topando con una gran parada de Joan y con Le Normad enviando un remate fuera acto seguido.
Era el preludio de una pesadilla, porque los peores momentos para el Barça apenas comenzaban. Sorloth, que acababa de saltar al césped, le ganó la posición a Eric con su cuerpo de gigante y el central, al verse superado, agarró ligeramente por la camiseta al noruego. Después de la revisión del VAR, Turpin cambió la amarilla que le había pensado enseñar en primer lugar a Eric por una tarjeta roja que heló el corazón de todo el barcelonismo. Remontar ya parecía imposible, pero los azulgranas, nuevamente con diez jugadores, le pusieron corazón. Araujo, con un cabezazo que salió desviado, disipó la última chispa de fe una eliminatoria decidida por detalles y cruel para el Barça.