Fútbol - Copa del Rey

El peor Barça de la era Flick queda prácticamente eliminado de la Copa

El Atlético de Madrid borra al conjunto azulgrana con un 4-0 en la ida de semifinales

13/02/2026

MadridEl Barça quedó herido de muerte en la Copa tras caer por 4 a 0 en el campo del Atlético de Madrid en la ida de semifinales. El resultado fue tan tajante como sangriento para un equipo que no tuvo recursos ni en ataque ni en defensa. Los locales, con un juego muy físico y con mucho oficio, sentenciaron el partido y la eliminatoria con cuatro goles en la primera mitad de un duelo en el que, por increíble que parezca, el marcador acabó incluso corto contra un rival que, sin opciones en Liga y con dudas en Europa, se aferraba a la Copa como la única opción real de lograr.

Todo lo que podía salir mal salió mal en el Metropolitano. Como si el Barça no se hubiera presentado en el partido. El Atlético de Madrid hizo lo que quiso con el balón, dominando absolutamente todos los posibles registros. La presión al hombre anuló a los azulgranas, incapaces de combinar más de tres pasadas seguidas. Sin controlar el balón, la línea avanzada propiciaba contragolpes fáciles en los que los locales llegaban con dos, tres o cuatro hombres al remate. La línea del fuera de juego no existió, ni las ayudas defensivas.

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El Atlético de Madrid demostró en el primer minuto al que estaba dispuesto a jugar, con una pisada de Giuliano en Balde que el árbitro sancionó solo como falta. Luego vino un segundo pisotón, de Griezmann. Y más entradas duras. Martínez Munuera puso el listón tan alto que los colchoneros se sintieron muy a gusto con un juego extremadamente físico en los duelos individuales. El Barça no supo contrarrestarlo de ninguna manera. El único remedio era quitarse la pelota de encima rápidamente. Pero para ello es necesario un equipo aseado y precisión en el toque. No hace falta decir que eso tampoco estuvo, en una noche horrorosa.

Una pifia monumental de Joan Garcia para abrir el marcador

Después de un primer aviso y un buen paro de Joan, los locales se adelantaron con una pifia de las que hacen época. Un pase atrás de Eric que se escurrió por debajo de la bota del portero y siguió su camino hasta cruzar la línea de gol. El Metropolitano se encendía al tiempo que el Atlético, como marcan los cánones de Simeone, daba un paso atrás y cedía la iniciativa al Barça. Pero, a diferencia de otras ocasiones, el ataque culé no existió, más allá de un remate de Fermín al larguero y de un disparo de Eric que salió muy desviado.

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La apuesta de Flick por los centrocampistas no funcionó. Sin un extremo puro, por las lesiones de Raphinha y Rashford, el técnico situó a Olmo en la banda izquierda, con Casadó de pivote y Frenkie y Fermín más avanzados. La derecha del ataque, para un Lamine Yamal que no tuvo ni la chispa ni la magia de otros días. Sin su inspiración, y con una defensa local muy bien ordenada, la capacidad del Barça de marcar goles disminuía considerablemente. Pero se añadían errores flagrantes en los pases entre los compañeros y mucha lentitud a la hora de mover el balón de un lado a otro. La defensa siempre tenía tiempo de asearse.

Todo lo contrario de la del Barça, expuesta en las transiciones. Como en el segundo gol, que llegó después de un córner a favor del Barça: pelotazo largo en el espacio, tres toques y pase para el hombre libre, que era Griezmann, y que finalizaba con un tiro cruzado. El tercero, más o menos igual, obra de Lookman, que remató a placer porque la ayuda de Casadó llegó tarde. El tanto sentenció al pívot azulgrana, al que Flick sustituyó justo después. La cara de Casadó al marcharse del terreno de juego era todo un poema, consulado tímidamente por un entrenador que le intentaba justificar el cambio. Pero el problema no era él, como quedó demostrado con su cuarto gol, en una nueva transición que culminó Julián Álvarez justo antes del descanso.

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El VAR rompe la tímida reacción del Barça

Levantar cuatro goles era una empresa imposible: el Barça lo sabía y el Atlético también. La segunda parte no se trataba de remontar, sino de buscar algún gol que diera esperanza a los azulgranas de cara a la vuelta. Con Lewandowski de punta, Ferran a la izquierda y Olmo y Fermín de interiores, las cosas mejoraron algo. Y el gol, en el fondo, llegó a los cinco minutos de la reanudación, pero el VAR invalidó el tanto de Cubarsí por un fuera de juego milimétrico de Lewandowski después de permanecer cuatro minutos mirándolo. Todo el empuje que había conseguido el conjunto azulgrana se apagó de repente.

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Los futbolistas del Barça acabaron con impotencia y frustración, culpando a un árbitro que no vio penalti en una caída de Lamine Yamal ni señaló como roja una entrada de Giuliano con los tacos en la pierna de Balde. El VAR no intervino en ninguna de estas acciones, pero sí en una falta de Eric que, siendo el último hombre, gracias al videoarbitraje pasó de amarilla a roja. Pero los problemas no fueron sólo arbitrales, porque salvo en los primeros minutos de la reanudación, el Barça no encontró la forma de desmontar el muro local. Al contrario. Fue de poco que el Atlético no hacía aún mayor la herida. A la vuelta al Camp Nou será necesario algo más que un milagro para estar en la final.