Barça

El de Osona que a menudo se preguntaba por qué era tan amigo de Johan Cruyff

Josep Font se convirtió en una compañía muy habitual del neerlandés, fallecido hace diez años

Arnau Segura
23/03/2026

TorellóCada 24 de marzo desde hace una década lleva un ramo de tulipanes naranjas en la puerta de la casa de Johan Cruyff en el Montanyà, a los pies del Montseny. "Para recordarlo, por estar con él un ratito", afirma Josep Font (Aiguafreda, 1961). Hace unos días su hija pequeña, de 13 años, le pidió al ChatGPT quiénes habían sido los mejores amigos de Cruyff: en primera instancia le respondió Carles Rexach y Johan Neeskens, y al preguntarle por Josep Font, su padre, le contestó que era "uno de los amigos más íntimos fuera del fútbol", "el. "Es brutal. ¿De dónde cojones sacan las cosas?", asegura Font. Su hija escribió Cruiff y él dice ChatGTP: cada época tiene sus palabras, pero hay nombres que trascienden el paso del tiempo.

Font nunca olvidará la primera vez que le vio, por una "casualidad impresionante". En 1973 Cruyff acababa de aterrizar en el Barça y le invitaron a la inauguración del restaurante del Montanyà, una urbanización que justo nacía dentro del municipio de Seva, en Osona. Valentí Leiro, empresario y promotor, le regaló una de sus primeras casas. En esa comida también invitaron al padre del mejor amigo de Font porque era un gran amigo de Armand Carabén, una de las personas clave del fichaje de Cruyff. Y aquel hombre llevó al almuerzo a su hijo, Rai, y su mejor amigo, Josep. "Comimos en la misma mesa", dice Font con una sonrisa.

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Cruyff llegó al Camp Nou después de ganar tres Copas de Europa con el Ajax y un Balón de Oro. Era el ídolo de toda una generación que se acabó de enamorar disfrutándolo como azulgrana. "Era espectacular, con una capacidad mental y una rapidez a la hora de pensar únicas. Era diferente a todos los jugadores actuales y aún más a los de su época. No tenía nada que ver con el resto. Era de otro nivel. Fue el mejor jugador de su época y es uno de los cinco mejores jugadores de toda la historia. Son Maradona, Messi, Pelé, Dité.

La Liga de 1974, la primera de toda una generación, fue "una locura brutal": "Hacía catorce años que no ganábamos la Liga. En la época de Franco era imposible, impensable". Celebró el 0-5 en la fonda Met Serra. "Es donde dormía Carmen Sevilla cuando venía a veranear", añade. Aiguafreda es desde hace un siglo un gran lugar de veraneo de Barcelona porque está conectado a través del tren y porque está en un entorno idílico, pero en los 60 y 70 experimentó un boom por las urbanizaciones y las segundas residencias y dobló a la población. Cruyff halló "tranquilidad". Paz. "Como la gente le conocía tanto, nadie le enfadaba. Cuando salías a comer o cenar a Barcelona se le enfriaba la comida porque era una foto detrás de otra". Cruyff formaba parte del decorado del pueblo, como jugador y más aún una vez retirado: por la mañana bajaba a comprar el periódico y el pan. Su mujer, Danny, todavía vive de mayo a septiembre.

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Font se hizo socio del Barça con catorce años: cuando se puso a trabajar de mecánico y tuvo dinero para pagarse el abono. Al principio era aprendiz y cobraba unas 150 pesetas a la semana, unos 90 céntimos de euro. Fue a la final de la Copa de Europa de Sevilla, hace cuarenta años, "horrorosa", y en la de Wembley, "impresionante, indescriptible". En 1992 o 1993 conoció a Cruyff en persona. La pasión compartida por el golf dio paso a un vínculo personal "muy grande". "Éramos como de la familia". El Dream Team se concentraba a menudo en el Montanyà. "A veces cuando terminaban el entrenamiento me llamaba para ir a hacer nueve agujeros. Yo después volvía a trabajar", explica.

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Almuerzos en casa de Emilio Botín

Habían ido por todas partes, además de tantos partidos en el Camp Nou: de vacaciones, para esquiar y sobre todo para jugar al golf. Por todo el estado, por toda Europa. Saludó y cenó con Bobby Charlton, Marco Van Basten, Ruud Gullit, Gary Lineker o Andriy Shevchenko, además de muchos jugadores del Barça, y también con Michael Douglas, Catherine Zeta-Jones o Kevin Costner, por decir algunos nombres. "Sopábamos con gente así y pensaba: «¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí?». Son vivencias imposibles de pagar con dinero», sonríe. También recuerda una visita a Severiano Ballesteros, en Santander, que acabó con un almuerzo en casa de Emilio Botín. "Nos lo habíamos pasado muy bien", añade, rendido a la nostalgia.

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"Era muy bien parido, muy cercano. Yo he estado en sus entrenamientos y nada tiene que ver a Johan entrenador ya la persona fuera del campo. Era increíble", enfatiza Font. "Muchas veces le había pedido a Danny: «¿Cómo es que tenemos esa relación? No puedo entender demasiado la amistad que tenemos». Ella me decía que toda la gente que se acercaba a Johan era porque quería algo. Decía que los que te tocan el hombro son malas personas porque quieren algo de ti".

El último recuerdo compartido es jugando al golf. Falleció pocos días después, el 24 de marzo. "Mis hijas me veían llorar y me preguntaban qué me pasaba", admite Font. Tenían tres y cinco años. "Me supo mucho, muy, muy grave", escupe con un hilo de voz. Dice que lo echó y le echa mucho de menos. "Pienso casi todos los días". Ya hace días que tiene los tulipanes encargados. Ya han pasado diez años, pero sigue tan cerca como siempre, a cinco minutos en coche: sus cenizas descansan en el Montanyà. "Cuando sale por la tele mis hijas se vuelven locas y gritan «tu amigo, tu amigo»".