Menos populismo y más soluciones
Lamine Yamal es el único talento diferencial que tiene la capacidad de dar vidas extras al Barça cuando se juega las castañas en la Champions. Es normal que vuele más alto que el resto porque ya es el mejor futbolista del planeta, pero incluso Messi tuvo compañeros de viaje con quienes mirarse un poco de tú a tú en la cima del desequilibrio. Neymar o Suárez serían el máximo exponente de un saco donde cabrían Henry, Eto’o o Villa. Después de ganar la Champions del 2011, Pep Guardiola pidió que el club hiciera lo posible para que Messi no se aburriera rodeándolo de los jugadores adecuados. Una sugerencia aplicable al contexto actual. Urge que el genio de Rocafonda deje de estar acompañado solo de guerreros: necesita más socios en la cima de la pirámide de responsabilidad. Y tanto que hay la base de una gran generación de La Masia como entonces lo eran Xavi, Iniesta, Busquets o Puyol, pero no es suficiente.
La personalidad de Lamine Yamal casa muy con la filosofía exuberante y atrevida de Hansi Flick. Preferimos caer mil veces más como en el Metropolitano que parecernos al patetismo del Cholo Simeone ni un minuto. Desde la llegada del alemán, el Barça ha dado un salto futbolístico innegable exprimiendo al máximo la plantilla, pero la naranja tiene un límite. El peligro del estancamiento está en el horizonte y el club no puede esconderse detrás del discurso populista de las injusticias arbitrales. A pesar de esta indignación lógica, se echa en falta más autocrítica por parte del presidente Joan Laporta y compañía. ¿Cómo se ha ayudado hasta ahora a Flick? ¿A quién se ha fichado para incrementar la calidad del equipo, más allá de Joan García? ¿Se le ha dado todo el poder en la toma de decisiones de la Ciudad Deportiva? ¿Por qué las lesiones se han amontonado en momentos clave?
Laporta no puede permitirse otro verano sin escuchar bien qué quiere Flick y ofrecerle margen real de fair play para trabajar lo que priorice. Mediocampistas y saldos del United… no, gracias. ¿Desperdiciará el presidente otra edición de la Champions teniendo un entrenador top y al mejor jugador del mundo? ¿Volverá a fiar a la suerte y los astros el recorrido del equipo en Europa? Con la Liga a tocar, la segunda en las narices del Madrid de Kylian Mbappé, no debemos restar mérito a los 5 títulos de 8 logrados en dos temporadas. Pero si, como dice Flick, “ganar la Champions es lo más importante”, es necesario que en los despachos se pongan las pilas, no lo dejen solo abrazando a Lamine Yamal y demuestren que lo de “Hemos salvado el club” no era solo una consigna electoral.