El silencio de Leo Messi
BarcelonaLeo Messi se ha convertido en uno de los ejes principales sobre los que ha girado la campaña electoral del Barça. La revelación de Xavi Hernández que Mateu Alemany corroboró al día siguiente ha enfrentado a los dos candidatos a la presidencia de que se disputan su figura. Joan Laporta propone hacerle una estatua y Víctor Font nombrarle presidente de honor, sin descartar incluso que pueda volver a jugar con la camiseta azulgrana. Mientras, Messi calla. Y lo hace justamente cuando su imagen aplaudiendo a Donald Trump ha dado la vuelta al mundo.
No fue el único, también lo hicieron sus compañeros y el cuerpo técnico del Inter de Miami después de que el presidente estadounidense anunciara que continuaría su ataque contra Irán, pero la estrella mundial sigue siendo él, y si alguien podía decir que no era él. Cinco días después de bombardear y asesinar a 160 niñas en una escuela en Teherán, Messi estaba en la Casa Blanca sonriendo y aplaudiendo a Trump, y eso no ha tenido ninguna incidencia en la campaña electoral. No le ha penalizado, apenas se ha señalado.
El Inter de Miami podría haber declinado la invitación, tal y como han hecho recientemente los Seahawks tras ganar la Super Bowl en la NFL, los Golden State Warriors, los Raptors y los Lakers de la NBA, las jugadoras de hockey que acababan de ganar el oro en los Juegos Olímpicos o la selección de fútbol femenino encabezada por Megan y mala persona, pero Messi no lo hizo y quedó retratado.
Pero que no se preocupe, que no está solo, sino muy bien acompañado. Allí está, por ejemplo, Gianni Infantino, quien incluso otorgó a Trump un premio de la paz que la FIFA se ha inventado porque los Nobel le habían ignorado, o Cristiano Ronaldo. Messi, que siempre ha evitado pronunciarse en el ámbito político —como si no hablar no fuera ya de por sí posicionarse— manchó su imagen y Trump logró la foto que quería para seguir engordando su inmenso ego.
Este domingo el socio barcelonista elegirá a su presidente, y no sé hasta qué punto Messi pesará en la decisión, pero su silencio no debería tapar los aplausos que recibe, y el próximo Mundial, que se celebrará en Estados Unidos, debería ser un excelente termómetro para medir hasta qué punto los futbolistas se muestran tolerantes tienen la suerte de ser millonarios como ellos para poder llegar al país con masajista y en jet privado.