BarcelonaMientras el Mundial de la FIFA llena los estadios impecables de Estados Unidos, México y Canadá, la industria del entretenimiento despliega su maquinaria de millones, derechos de televisión exclusivos y marketing global. Pero lejos de este escaparate dorado, hay otro fútbol. Un juego terco, libre y esencial que no necesita césped ni pantallas gigantes. Es el juego mundial de los pies descalzos. Desde lo que queda de las calles destruidas de Gaza hasta la periferia de Buenos Aires o las comunidades de Nigeria, la pelota rueda movida puramente por el juego. Genera identidad, supervivencia y rebeldía. Allí donde la publicidad no llega, el deporte mantiene intacta su verdad y los sueños de los más pequeños.