Lamine Yamal vuelve a la Cibeles antes de que Mbappé se estrene en ella
Casi dos millones de aficionados llenan las calles de Madrid para celebrar el segundo Mundial de la historia de la selección española
MadridUn pájaro que sobrevolara la plaza Cibeles de Madrid a las cuatro de la tarde habría visto una multitud de paraguas abiertos. No eran para protegerse de una nula amenaza de lluvia, sino que eran unos aliados imprescindibles para los valientes que se disponían a resistir más de seis horas para poder celebrar desde primera fila el segundo Mundial de la selección española. A lo largo de la tarde, incluso voluntarios del Samur los han refrescado con dispensadores de agua pulverizada para soportar el calor sofocante. Es un selecto grupo de personas que estaban convencidas de que la ocasión se lo merecía. Igual que los casi dos millones de aficionados que han inundado las calles de Madrid para seguir la rúa. Los jugadores han comenzado a desfilar desde el Arco de la Victoria después de pasar por la Zarzuela para ser recibidos por la familia real y por la Moncloa para saludar a Pedro Sánchez. Desde allí, han hecho cuatro kilómetros de recorrido hasta llegar a Cibeles.
La fiesta, que ha comenzado poco después de las diez de la noche, ha sido en un escenario delante del Ayuntamiento de Madrid, justo delante de la fuente que acoge las celebraciones del Real Madrid. Una fuente que estaba sola desde 2024 y que todavía no ha recibido la visita de Kylian Mbappé. Desde aquella última fiesta, Lamine Yamal ha subido cuatro veces en un autocar descapotable: dos con el Barça y dos con España. Primero con la Eurocopa y ahora con el Mundial. En cada esquina, la imagen se repetía: el autocar pasaba de largo y los seguidores se ponían a correr por las calles paralelas para volver a cazarlo en otro punto. Como un travelling. Los más afortunados –o los más osados– se abrían paso al lado de los edificios –intentando encontrar el espacio como el delantero que busca la rendija en medio de la defensa– para no perder de vista a los jugadores.
Nadie se lo quiere perder. Al ritmo de Shakira, un agente de la policía española de la Audiencia Nacional –donde el cordón de seguridad habitual se ha desvanecido– inmortaliza el momento con el móvil. Una seguidora se lo mira desde un balcón y, como recompensa por la estoica espera, se lleva una muestra de complicidad directa y personalizada de Pedri. Más tarde, un chico le explica por teléfono a un amigo que le ha lanzado una camiseta a Lamine Yamal o otro chico hace una videollamada para compartir telemáticamente la experiencia.
La policía española escolta los dos autocares y, detrás, les siguen centenares de seguidores como si fuera una procesión. Como una carroza más de la cabalgata. Como un apéndice. Mientras avanzan, un chico se llena el vaso de ron y una chica da un trago a la botella de sangría. Uno de los protagonistas, claro, ha sido Ferran Torres, el autor del gol. En diferentes momentos del recorrido, se oye a la gente gritar la frase viral que ha hecho fortuna: “¡Oh, Ferran! ¡Oh, Ferran!”. Y hasta suena por los altavoces del autocar. Él empieza el desfile sin camiseta saboreando una copa de cava. Por cierto, a la altura de Alonso Martínez, un chico hace ondear una bandera de Palestina.
La familia blaugrana exportada a la selección
Antes de que el autocar comience a desfilar, el ARA habla con aficionados que esperan impacientes la llegada de los jugadores. Y todos coinciden en el papel crucial de los jugadores del Barça. “Es el equipo que más apuesta por la cantera. Cuando vienen jugadores buenos y tienen oportunidades, da sus frutos también en la selección”, resume Carlos. Iván y Dani son de Valladolid y coinciden en este diagnóstico. “Les ha ayudado bastante, sobre todo, que hubiera la conexión, porque vienen de jugar juntos y han hecho piña con la selección”, dice el primero. “En el Barça son una familia y han ayudado a ponerla en la selección, la complicidad que tienen es innegociable”, remata el segundo.
Araceli, que es del Real Madrid, confiesa que tiene una “espinita clavada” por la poca presencia de los blancos con España, pero intenta quitarle hierro diciendo que son un “club global” con representantes en muchas otras selecciones. Cree que la clave del éxito ha sido “jugar como un equipo” y también reconoce que la amplia presencia de jugadores azulgranas ha ayudado: “Están acostumbrados a jugar entre ellos y han bebido del mismo estilo”, recalca.