Abrazos, amigos y euforia: Barcelona se convierte en Buenos Aires por unas horas

Cataluña se transformó en Buenos Aires durante unas horas, con cumbia, bombos y banderas argentinas

L'Hospitalet de LlobregatDe Barcelona a Buenos Aires hay 10.500 kilómetros. Unas trece horas de avión que ayer por la noche desaparecieron. Durante unas horas, el l'Hyatt Regency –un hotel situado en L'Hospitalet de Llobregat– se transformó en una pequeña Buenos Aires. Miles de personas se congregaron para vivir un partido histórico: el Inglaterra-Argentina.

Argentinos juntos en L'Hospitalet siguiendo las semifinales del Mundial.

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Los alrededores del hotel se llenaron de camisetas de los albiceleste y de equipos argentinos como Vélez, Huracán, Boca o River. Las costumbres argentinas tampoco faltaron: la cumbia fue la banda sonora que acompañó el tradicional fernet, una bebida similar a la ratafía. Los argentinos cortan una botella de plástico por la mitad y queman el borde del plástico para beber directamente desde la botella.

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Mientras tanto, algunos vecinos de la zona se quedaron perplejos al ver tanta bandera de Argentina y camisetas con el 10 de Maradona y de Leo Messi. Los autobuses de línea también se vistieron para la ocasión con publicidad en la que aparecía el exblaugrana con la camiseta de Argentina.

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Gran cola en las afueras para entrar al hotel a ver las cinco pantallas gigantes que había repartidas a lo largo de la sala. Nadie se lo quiso perder, grandes y pequeños reunidos en un mismo lugar y con un mismo objetivo: volver a estar en la final del Mundial. El volumen de la narración sonaba de fondo, pero lo que se oía eran los bombos –que no dejaron de tocar durante los 90 minutos– y los cánticos de los miles de personas concentradas en L'Hospitalet de Llobregat (o Buenos Aires). La mayoría de la gente que se reunió eran argentinos que, por un motivo u otro vinieron a vivir a Cataluña. “Un cambio en el estilo de vida. Elegimos este lugar por afinidad y por el idioma”, explicaba Leandro, un joven de La Plata que ahora reside en Cataluña.

En cambio, Federico –nacido en Bahía Blanca– vino hace 35 años por el trabajo de su padre. “Quiero una final entre Argentina y España, que son los dos países de mi vida”, reconocía emocionado. Ambos esperaban ganar, aunque Leandro sabía que no sería fácil. “Si no se sufre, no se gana”, aseguraba con el característico gen argentino, en que la lucha va por delante de todo.

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Euforia en Barcelona 

Como si fuera la grada del estadio de Atlanta, se pitaba cada ataque inglés –y aficionados de Inglaterra que aparecía en la pantalla, como Mick Jagger– y se celebraba cada acción a favor de la Argentina. El ambiente era tan intenso que el suelo empezaba a temblar cada vez que había un cántico para animar a la selección de Lionel Scaloni. El Muchachos, del Mundial de Qatar de 2022, y el Soy hincha de la selección, cántico de esta Copa del Mundo, no faltaron. Mirases donde mirases había una pantalla para seguir el partido. Y allá donde no había pantalla, podías encontrar banderas de Maradona, donde se podía leer “Diego vive”, o de River Plate, ya que los organizadores del evento son fanáticos de este equipo argentino.

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Ni el exazulgrana Anthony Gordon pudo silenciar la sala, que animó todavía más fuerte tras el gol inglés. Las paradas de Pickford se lamentaron mucho por los aficionados argentinos, desesperados por un gol de su país. Un gol del empate que llegó cuando menos se lo esperaban. Los miles de aficionados reunidos en L'Hospitalet de Llobregat saltaron, se abrazaron y cantaron al ritmo de Enzo Fernández, que castigó el planteamiento defensivo de Inglaterra ante la euforia de los argentinos. Algún fernet también voló. Y lo hicieron más con el segundo gol de Lautaro, en que la euforia ya fue máxima. Animar sin parar, aunque fuera desde Cataluña, dio su recompensa: la Argentina jugará la final.

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Un partido cargado de simbolismo

En la mente de muchos argentinos continúa la Guerra de las Malvinas, en la que los ingleses tomaron las islas a los argentinos en 1982. Cuatro años después las dos selecciones se verían las caras en el Mundial de México 1986, en el que Argentina acabaría consiguiendo su segunda Copa del Mundo. 40 años más tarde de aquella eliminatoria en los cuartos de final los dos países se volvieron a ver las caras.

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Mientras los cánticos con recuerdo a Inglaterra se van produciendo dentro de la sala, Nazarena reconocía que es más que un partido. “No es solo fútbol, se siente en el alma. Es nuestra final”, afirmaba. Una final que volverán a jugar el próximo domingo 19 de abril contra España. La finalísima sí que se disputará.

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