¿Puede un partido de fútbol tener tanto peso como una guerra?

La semifinal del Mundial enfrenta a Argentina e Inglaterra, duelo marcado por el recuerdo de la Guerra de las Malvinas

Final del mundial de México el 1986, Argentina contra Alemania
14/07/2026
4 min

BarcelonaEl 13 de junio de 1982, la selección argentina debutaba en el Mundial de España. El partido inaugural se jugaba en el Camp Nou de Barcelona y el contrincante era Bélgica. "Habíamos llegado unos días antes. Entonces estábamos en guerra contra el Reino Unido, la Guerra de las Malvinas. Cuando salimos de Buenos Aires la prensa decía que estábamos ganando la guerra. Cuando llegamos a España, la prensa decía que la estábamos perdiendo", recuerda Jorge Valdano, jugador argentino. Argentina perdería por 0-1 el partido y justo un día después, el 14 de junio, el ejército argentino se rendía: había perdido la guerra. Dos derrotas en 24 horas.

Argentina e Inglaterra se enfrentan en las semifinales de este Mundial, un duelo que abre las viejas páginas de los libros de récords. En una Copa del Mundo se pueden jugar pocos partidos cargados de tanto simbolismo como este. Un duelo que enfrenta a dos selecciones que rivalizan a nivel deportivo, pero donde para entender su dimensión hay que hablar de política y sentimiento de identidad. "No se puede hablar de este partido sin citar las Malvinas, especialmente para los argentinos" explica Valdano. En 1982, Argentina vivía los últimos meses de dictadura militar. La crisis económica y los crímenes contra la humanidad ordenados por aquellos uniformados sin alma iban resquebrajando el régimen. Los generales, pues, apostaron por una vieja táctica para intentar seguir mandando: unir a la población buscando enemigos externos. Primero estuvieron a un paso de iniciar una guerra contra Chile. Después giraron la vista hacia el este, donde se encuentran las islas Malvinas. O Falkland, como las llaman los Británicos. Unas islas en medio del Atlántico, frías, con pocos habitantes, pero de gran valor estratégico. En abril de 1982, los argentinos las invadieron. Pusieron su bandera e impusieron el castellano como lengua oficial. Port Stanley, la capital, fue rebautizada como Puerto Argentino.

Como las islas quedan tan lejos del Reino Unido pensaron que los británicos no intentarían recuperarlas. Pero en Londres mandaba la Dama de Hierro, Margaret Thatcher, que también tenía problemas internos con el paro y las privatizaciones. A pesar de la complejidad logística, los británicos las recuperaron. Su superioridad militar era evidente. Las tropas argentinas, formadas por jóvenes mal formados y mal equipados, hicieron lo que pudieron. "Una cosa es la guerra y una cosa muy diferente la cuestión de las Malvinas" explicaba esta semana el escritor Eduardo Sacheri. "Diferentes generaciones argentinas hemos crecido teniendo claro que las Malvinas son argentinas. La gente no lo duda. Esta reivindicación está interiorizada. Pero una cosa diferente es la guerra, porque sabemos cómo los militares mintieron. Y enviaron al matadero cientos de jóvenes" dice. La derrota acabó con la dictadura militar. En cambio, reforzó electoralmente a Thatcher.

Y apenas cuatro años después del final de la guerra, cuando la democracia argentina daba sus primeras inseguras pasos, se jugó el partido. Aquel duelo de cuartos de final del Mundial de México, el partido que ha generado más literatura de la historia del fútbol. "Para los argentinos fue la venganza de la guerra. ¿Puede un partido de fútbol tener tanto peso simbólicamente como una guerra? A nosotros nos pasa. Para Argentina habría sido insoportable perder aquel partido, ya que habíamos perdido la guerra. Para ellos era diferente" razona Valdano. Cuesta entender desde la distancia lo que significa para los argentinos aquel partido al que se han dedicado canciones, documentales, libros y un ensayo de filosofía. Fue el partido más especial, ya que Diego Armando Maradona eliminó a los ingleses en el Estadio Azteca con dos goles en apenas cuatro minutos (2-1). Uno lo marcaría haciendo trampas, ya que lo hizo con la mano. El segundo fue seguramente el más bonito de todos, en una jugada inmortal donde fue burlando ingleses por todo el terreno de juego, tal como explicaría Victor Hugo Morales en su icónica narración. "El partido contra Inglaterra con el paso del tiempo ha conseguido una dimensión mayor que la final donde fuimos campeones. Se ha mitificado por su valor simbólico. La camiseta de Maradona contra Inglaterra se subastó por 8 millones de dólares y la que llevó a la final se vendió por 300.000 dólares...", dice Valdano.

El hecho de que Maradona marcara un gol con la mano, haciendo trampa con la famosa mano de Dios, acabó de hacer grande la herida entre los dos equipos. "Hizo trampa, era un tramposo", sigue quejándose el portero Peter Shilton. Para los argentinos, que un gol fuera con la mano lo hizo más dulce, ya que "según los argentinos los británicos se quedaron las islas de forma ilegal. Por lo tanto, si Maradona ponía la mano, era una forma de devolver el golpe de lo que ellos habían hecho", defiende Sacheri, autor de un precioso texto donde explica cómo vio el partido con los familiares de una novia que tenía. Porque todos los argentinos e ingleses recuerdan dónde estaban aquel 22 de junio de 1986. "El otro gol lo hizo jugando para demostrar que podía derrotarlos también jugando si quería" añade el escritor.

Los ingleses acusan a los argentinos de ser capaces de todo para ganar y no tener ética. No ayudaría que en 1998, cuando se reencontraron en octavos de final del Mundial de Francia, Diego Pablo Simeone fingiera una falta para conseguir la expulsión de David Beckham. Los argentinos triunfarían de nuevo, aunque en 2002 la victoria sería inglesa con gol precisamente de Beckham. Desde entonces no se han encontrado en un Mundial. Y ahora lo hacen a las puertas de la final, con Messi en el césped y con los argentinos cantando aunque si tienen que ganar el Mundial, debe ser para recordar los "chicos de las Malvinas", aquellos jóvenes enviados a la muerte por militares argentinos. Jóvenes como Javier Dolard, un veterano de guerra que en el magnífico documental El partido explica como el día que se rindió, empezó a hablar con un soldado británico. "Y enseguida ya hablábamos de fútbol. Hablábamos de Maradona y de Kevin Keegan. Y aquel inglés me admitía que Maradona era increíble". Como dice el exjugador inglés Gary Lineker en el mismo documental, "los jóvenes deberían jugar al fútbol entre ellos, no ir a morir como soldados". Al final, "es solo un partido de fútbol" como afirmaba el seleccionador argentino Lionel Scaloni en la previa del partido. Un partido de fútbol. Pero muy especial, en este caso.

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