Adictos a Mourinho

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José Mourinho en la rueda de prensa previa al Barça-Madrid en el Camp Nou
24/10/2026 - 15:01 h

José Mourinho apareció en la previa del clásico con un perfil bajo y dejó a los adictos al drama huérfanos de la polémica de turno. Que no se preocupen, que volverá el Mou que les engancha con sus grandes éxitos de ayer, de hoy y de siempre cuando pierda. Es decir, este mismo domingo si se cumplen los pronósticos que otorgan al Barça el estatus de favorito.

El portugués ejecuta a la perfección el papel de malvado y hay quien ya no puede vivir sin él. Se nutren programas de radio, de tele, diarios, webs y columnas con sus salidas de tono, sus reproches a los árbitros, su constante recordatorio del caso Negreira, impresoras, el dedo en el ojo, los porqués sin respuesta y los gatos y las colas. Los cazadores de clics se frotan las manos, los analistas arbitrales tienen más trabajo que nunca y todos acabamos bailando al son que él quiere, olvidándonos de la pelota y pendientes de su próxima ocurrencia para continuar engordando las polémicas en un bucle tóxico infinito.

Si le preguntan de fútbol no le interesa, no sabe, no contesta. Imposible sacarle un solo titular que tenga que ver con el juego, su propuesta, qué partido espera, virtudes y defectos propios o del rival, pero si el Real Madrid pierde en el Camp Nou y se queda a nueve puntos ya en octubre, seguro que volverán las quejas y los llantos. Así de relevante es este clásico, que no nos olvidemos entre tanta parafernalia y fuegos de artificio.

El Barça puede herir de muerte un proyecto –un producto dijo Mourinho– que acaba de empezar, pero avalado sin reservas por Florentino Pérez. El presidente sabe que será él el señalado si se queda sin el parapeto del portugués, y por eso tiene a todo trapo a Real Madrid TV repartiendo contra los árbitros y propagando conspiraciones, mientras el entrenador, como un muñeco, acepta encantado el encargo de malo de la película.

El equipo de Flick solo tiene que dedicarse a lo que sabe, jugar a fútbol, avalado por el mejor arranque histórico de la Liga con ni más ni menos que 39 goles marcados, y alejarse lo máximo posible del ruido. La derrota en París no debería haber dejado huella en el ánimo, ni dudas en la idea; solo queda perfeccionarla. Que Mourinho y compañía sigan ladrando, que los adictos consigan su dosis, que el balón, al final, es el que manda.

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