Y ahora... Mourinho
Florentino Pérez convocó elecciones el pasado 12 de mayo con toda la intención de que no se celebraran, pero la jugada le salió mal y no solo los socios votaron por primera vez en veinte años, sino que uno de cada tres de los que votaron lo hizo para decirle que ya no lo quieren como presidente. En menos de un mes, Florentino ha descubierto que tiene oposición y, a pesar de ganar las elecciones, ha perdido el referéndum. Ahora se retirará a sus cuarteles de invierno después de pasar por El Chiringuito para sacar pecho, y dejará las cámaras y los micrófonos a José Mourinho, que será la cara y la voz del Real Madrid, una pésima noticia se mire por donde se mire.
En primer lugar, porque desde el punto de vista deportivo el técnico portugués llega después de un nuevo fracaso porque no ha sido capaz de clasificar al Benfica para la Champions. Trece años después de su primera etapa en el conjunto blanco, ya no es sinónimo de modernidad ni de energía, y el recurso a la nostalgia de tiempos mejores no se sostiene: es una falacia producida por la maquinaria de propaganda florentinista. Mourinho solo ganó con el Madrid una Liga, una Copa del Rey y una Supercopa en tres años; no hay ningún otro entrenador con un currículum tan pobre durante el mismo período de tiempo en el banquillo.
En segundo lugar, porque desde el punto de vista social y comunicativo, su gran logro fue convertirse en un personaje tóxico que envenenó la competición, provocó un clima agrio, una atmósfera irrespirable que acabó generando malas relaciones personales entre los jugadores, no solo del Barça, sino también dentro del mismo Real Madrid. Que ahora tenga que ser él quien pacifique un vestuario que está a garrotazos tiene el mismo sentido que convocar a un pirómano para que apague una hoguera.
Finalmente, ya nos podemos preparar para la monserga que viene con los árbitros. Si los vídeos de Real Madrid TV nos parecían vergonzosos, no cuesta mucho imaginar la presión que ejercerá Mourinho con el beneplácito del presidente tan pronto como el primer colegiado haga sonar el silbato. Mientras tanto, Florentino Pérez se dedicará a sus trapicheos para el cambio societario que tanto desea, pero en sus planes no entraba que uno de cada tres socios se le revoltase. Si la pelotita no entra, no habrá Mourinho que lo salve.