Lamine Yamal no es (ni será nunca) como Leo Messi
A pesar de los inevitables paralelismos, el extremo mataronense juega y vive la vida a su manera
BarcelonaRíos de tinta han corrido estos días sobre una fotografía que salió a la luz hace dos veranos, con motivo de la fascinante irrupción, con tan solo 16 años, de Lamine Yamal en un gran torneo de selecciones: una Eurocopa que la selección española acabó ganando en Inglaterra. El impacto actual, a las puertas de la final de un Mundial, sobrepasa el inicial. De hecho, hasta hay incrédulos que insinúan, en plena explosión de la inteligencia artificial, que la imagen en cuestión es un montaje.
Aunque son infundadas porque conocemos la historia, las conspiraciones, desde la distancia, son comprensibles. Porque es fuerte 1) que un joven Leo Messi bañara a un bebé llamado Lamine Yamal un buen día de 2007; 2) que casi 19 años más tarde, el uno convertido en leyenda y el otro llamado a ser el mejor jugador del mundo, se enfrenten para ganar un Mundial; 3) que ambos sean ídolos azulgranas de dos generaciones diferentes; y 4) que sean hijos de La Masia, el inagotable semillero del Barça.
Si el destino no existe, poco le falta. Porque de aquel entrañable chapoteo con un patito de goma en un vestuario del viejo Camp Nou han salido dos talentos futbolísticos de magnitud planetaria. El que en teoría va de vuelta, Messi, compite para ganar su segundo Mundial consecutivo con un rendimiento espectacular con 39 años recién cumplidos. Acumula ocho goles y cuatro asistencias y lidera Argentina con la misma sed de gloria que ha aplicado durante más de dos décadas para convertirse en el mejor jugador (y máximo goleador) de la historia del Barça y en el futbolista con más Balones de Oro (ocho). 20 años más joven es Lamine Yamal, bandera indiscutible del Barça actual que está en disposición de ser campeón del mundo con España. Aunque la lesión muscular que sufrió en abril ha ensombrecido un poco su papel durante el campeonato, cuando pisa el césped siempre es una amenaza.
El foco se pone en las similitudes
Los paralelismos entre uno y otro se acumulan en un guion propio de la factoría Disney. Debutaron en el Barça en edad de crecimiento, empezaron a reventar con el dorsal 19 a la espalda y muy pronto se vieron capaces de cambiarlo por el 10. Ambos tienden a jugar por la banda derecha, a pierna cambiada porque son zurdos, y destacan por su desequilibrio, una visión de juego prodigiosa, una toma de decisiones privilegiada y una precisión extrema a la hora de colocar el balón allí donde quieren. Capacidades todas ellas adiestradas en el ecosistema de La Masia, por donde han pasado otras estrellas como Andrés Iniesta, Xavi Hernández, Gerard Piqué, Pau Cubarsí o Dani Olmo.
Cuando se habla de Messi y Lamine Yamal, el foco se coloca en las similitudes. Pero las diferencias, que son menos mediáticas, también existen. De hecho, el extremo no se acaba de sentir del todo cómodo con la comparación. Y no porque le presione, sino porque él quiere escribir su propia historia.
En lo que respecta estrictamente al juego, y más allá de la edad (uno tiene casi 40 años y el otro no llega a los 20), Messi siempre ha destacado por conducir el balón pegado al pie, como hacía su compatriota Diego Armando Maradona. El 10 de Rosario es de movimientos cortos y rápidos, regatea sin muchas florituras y resiste las embestidas del rival gracias a un tren inferior muy desarrollado. Lamine Yamal, por su parte, basa sus engaños en la elasticidad, la agilidad y la plasticidad de cada movimiento. Recuerda al mejor Neymar, futbolista al que ha idolatrado siempre, y se expresa en zancadas más largas que Messi, haciendo valer también una talla superior (181 centímetros, 11 más que el argentino).
Otra gran diferencia la encontramos en el golpeo de balón, especialmente a la hora de asistir. Messi se ha hartado de buscar la espalda de las defensas con balones enroscados con el interior de su bota, normalmente desde la banda derecha, dibujando una parábola de fuera a dentro. Con esta técnica y uno o dos puntos más de fuerza, también ha excelido en el lanzamiento de faltas. En cambio, Lamine Yamal ha patentado el impacto de exterior, con una parábola de dentro a fuera que ilusiona a los defensas y luego los frustra. El exmadridista Luka Modrić también utiliza mucho esta técnica, llamada "trivela". A Messi raramente se le recuerda. En cambio, Lamine Yamal también practica notablemente la rosca, con margen de mejora en los tiros libres.
Con 19 años, la edad actual de Lamine Yamal, Messi era un mediapunta muy prometedor, pero todavía no había desatado toda su capacidad goleadora. El extremo mataroní, mucho más precoz, acumula dos temporadas siendo la estrella del Barça y aspirante al Balón de Oro, pero no se puede afirmar si llegará tan decisivo como el argentino, y menos aún si podrá serlo durante tanto tiempo. Él mismo, de hecho, se autodescarta para continuar al máximo nivel cuando tenga 40 años. "Imposible, imposible. Esto requiere un gran deseo", sentenció hace unos días en una entrevista a "El País". Un punto de vista tan maduro no lo habría expresado Messi con 19 años recién cumplidos. Y esto, más que cualquier otra cosa, demuestra que Lamine Yamal, a pesar de La Masia, la foto del siglo y todas las historias que queramos contar, se hará grande a su manera.