Brasa, arena y rodadas de tractor: el Lleida renace de las catacumbas
El club histórico del Segrià debuta en la última categoría del fútbol catalán ante un millar de aficionados
Sunyer"Hace semanas que se habla de ello en el pueblo. Es histórico que el Lleida debute en nuestra casa", decía atareado Ivan Borrell, el presidente del Sunyer, el modesto equipo de un pueblecito del Segrià de 310 habitantes, rodeado de cultivos de árboles frutales, sobre todo de melocotoneros. "Como aquí no llovía, el sábado por la tarde allanamos la arena del campo. Lo hicimos con unas barras que arrastrábamos con un tractor". El domingo al mediodía, horas antes del partido, Ivan pintó con yeso las líneas del terreno de juego.
El séptimo club catalán de fútbol con más socios
"Tiene un punto bucólico volver a empezar en un campo de arena. Parece que esté guionizado. La metáfora de jugar en el barro es literal", comentaba Juanjo Lecumberri, vicepresidente del Lleida CF. Hijo de un mítico exjugador de la UE Lleida, él es uno de los principales responsables del renacimiento del club desde lo más bajo.
Después de años arrastrando deudas y descensos administrativos, la quiebra económica hizo imposible la supervivencia del antiguo club, que el año pasado jugaba en Tercera RFEF, la Quinta División. Este domingo debutaba en el grupo 29 de Cuarta Catalana, la última categoría del fútbol regional. Tiene claro que quieren subir divisiones sin comprar plazas.
"Es un nuevo Lleida que pretende ser el Lleida de siempre, el que estuvo en Primera", decía. Es por eso que ha recuperado los símbolos de la entidad: nombre, escudo, himno, patrimonio histórico y estadio, el Camp d'Esports. La principal singularidad es que es un club de accionariado popular, es propiedad de los socios. Y ya tiene más de 4.000. Solo el Barça, el Espanyol, el Girona, el Sabadell, el Nàstic y el Sant Andreu tienen más: "Es una locura. El Lleida no se acercaba a estas cifras desde hacía veinte años, la última temporada en Segunda División".
Tripa y morcilla a la brasa
Una hora y media antes del inicio del partido empezaron a llegar los primeros aficionados del Lleida. Los del Sunyer, todos vestidos de rojo, hacía rato que estaban allí, aprovechando que en el bar del campo hacían brasa, callos y otras especialidades caseras. Alrededor de un millar de espectadores se reunieron en el recinto del Sunyer, que agotó las entradas, vendidas por internet, en un par de días.
Excepcionalmente, el club cobró cinco euros para sufragar el coste del personal de seguridad y el alquiler de aseos portátiles y las vallas para delimitar el espacio. "No hay sitio para más gente", especificaba Onofre, que ayudaba en la logística como voluntario: "Soy socio del Sunyer y del Lleida".
A las cinco en punto, el equipo visitante saltó al campo, donde todavía se veían las rodadas de tractor, de rojo y negro. Lo hizo capitaneado por Óscar Rubio, que debutó con el Lleida el año 2003 y acumula más de 300 partidos de azul. Hijo de otra leyenda del club, decidió bajar a las catacumbas del fútbol por amor a unos colores. Se saludó con Ivan Borrell, que aparte de presidente también es el capitán del Sunyer, y uno de los culpables de que 18 años después el pueblo vuelva a tener equipo de fútbol.
Bajar cinco categorías por amor
No pudo jugar Joan Rusiñol, lesionado. El pasado mayo competía en Tercera RFEF y, como Rubio, ha bajado cinco categorías para jugar gratis con el Lleida. "Toda la vida he ido al Camp d'Esports con mi padre, el Lleida es el club de mi vida. Prefiero jugar en Cuarta con el equipo del cual soy aficionado que marcharme a otro lugar a cobrar 700 u 800 euros. Es una decisión que tomé desde el corazón", explicaba Rusi por teléfono. No pudo asistir al debut porque tenía turno hasta media tarde. Es policía local: "Me estoy guardando los días de vacaciones para cuando esté recuperado".
Sobre el terreno de juego, Ivan Borrell, que es un central experimentado, las pasó canutas con Xavi Martínez, el primer goleador oficial del nuevo Lleida. El nuevo proyecto comenzó con un susto porque el Sunyer se adelantó con un golazo de Robert Besó, que empalmó el balón desde 25 metros: "Marcar al Lleida y delante de todo el pueblo... Es el gol de mi vida". Estaba casi tan contento como el propietario de la tira con el número 8032, ganador de la rifa.
"Se hará famoso, que ha venido TV3", comentaba un aficionado con una camiseta retro Kappa, la icónica marca que vuelve a vestir al equipo más popular de la 'terra ferma'. Más de uno se sorprendió por el eco mediático de un partido que decenas de personas, sin entrada, vivieron fuera del recinto. "Esto nos da vida. No podíamos dejar morir al club", decía otro seguidor visitante, habitual en el gol norte del Camp d'Esports. "Hace más de veinte años que vengo, y solo he vivido desgracias. Descensos, liquidaciones... Pero tengo suficiente con poder estar allí cada quince días". El próximo domingo podrá volver.
Mientras los más animados cantaban el Virolai, Adri Fernández, que se formó en la cantera de la UE Lleida y jugó de azul en Segunda B, marcó el segundo. Ya en la segunda parte, el cuarto y el quinto. "Aunque hagas un hat-trick en estas categorías no puedes llevarte el balón a casa, que si no los echan en falta", bromeaba el delantero, el héroe del 2-5 en una tarde de domingo soleada y festiva sobre la arena del Sunyer, el campo en el que el Lleida comenzó a reescribir su historia.