El Brasil de Ancelotti sueña y naufragios de Alemania contra Paraguay
El equipo de Ancelotti levanta un partido que perdía al descanso y Paraguay rompe el corazón de Alemania después de un partido muy duro
BarcelonaLlega la hora de la verdad en el Mundial. Y llegan las sorpresas. Alemania cayó eliminada ante Paraguay después de un duelo épico donde los dos equipos se dejaron la piel, siguiendo estilos diferentes. Paraguay, que volvía a un Mundial por primera vez en 16 años, supo sufrir llegando con vida a la tanda de penales, donde sorprendió ya que los alemanes nunca habían perdido una tanda de penales en una fase final mundialista. De hecho, hasta ayer solo habían fallado un solo penal, en 1982. En un solo día fallaron tres. Alemania fue la cruz y Brasil, la cara. El equipo de Ancelotti sí se clasificó, aunque sufrió de lo lindo contra Japón.
Ancelotti va haciendo camino
Brasil quiere creer que puede ganar su sexta estrella, su sexto Mundial. Hace ya años que hablar del sexto título mundial se ha convertido en una especie de sueño prohibido. En una quimera. Sin el jogo bonito del pasado, Brasil se anima mordiendo. No son sueños alegres con ritmos armónicos. Gana sufriendo y apretando los dientes, pero Carlo Ancelotti parece que ha conseguido transmitir parte de su gen competitivo a un equipo luchador que sabe sobrevivir. En un partido muy emocionante, los brasileños superaron a una selección japonesa que, por momentos, parecía que podría firmar la página más gloriosa de su historia. Al descanso ganaba. Pero al final, el peso de la historia le cayó encima y se quedó a un solo paso de sorprender al mundo entero. Brasil, gris y perdido en la primera parte, alzó la cabeza en la segunda parte. Mereció ganar y ganó con un gol salvador de Martinelli justo cuando parecía que habría prórroga.
Japón cae con la cabeza alta. Hace ya años que los japoneses hacen buen trabajo. En el último Mundial derrotaron a España y Alemania en la fase de grupos. Y en los últimos amistosos antes de este Mundial ya se habían impuesto por primera vez a los brasileños. Poco después conquistaron el templo inglés de Wembley. Años y años de picar piedra, de perder muchos partidos y de aprender. De hecho, para entender el fútbol japonés hay que hablar de Brasil. Los japoneses siempre les han admirado. El primer Mundial emitido en color por la televisión japonesa fue el de 1970, cuando Pelé alzó la copa en el estadio Azteca. A inicios de los años ochenta, un joven adolescente se marchó de casa a Shizuoka para intentar hacer fortuna en Brasil, donde llegaría a debutar en Primera División con el Santos. Era Kazu Miura, el primer gran ídolo del fútbol japonés, un hombre que celebraba los goles bailando una especie de samba y que fue clave en el nacimiento de la liga profesional japonesa en los años 90. Cuando nació la J-League, los clubes se hicieron un hartazgo de fichar jugadores y entrenadores brasileños, como el legendario Zico. Y en los famosos dibujos animados de Captain Tsubasa, inspirados en el cómic manga con Oliver y Benji, las referencias a Brasil eran constantes. Tanto que, para acabar la serie, el creador del cómic, Yōichi Takahashi, imaginó un partido en el Mundial entre Japón y Brasil, donde los nipones por primera vez se sentían con opciones de derrotar a la canarinha.
l el partido imaginado por un dibujante se hacía realidad en Houston. Y Brasil, no hace falta decirlo, era favorito. Siempre lo suele ser. Esas cinco estrellas en el escudo sobre una camiseta amarilla pesan mucho, aunque lleven años un poco perdidas, con derrotas sonadas. En Brasil este deporte forma parte de la identidad colectiva. Forma parte de la forma de caminar, pensar y bailar de los brasileños, que cada cuatro años se animan y, últimamente, acaban con el corazón roto. Hartos de pasarlo mal los últimos años, esta vez por primera vez han dado el poder durante un Mundial a un entrenador extranjero: el italiano Carlo Ancelotti. Un hombre pragmático que dejaba claro en la previa que no se trataba de jugar bien. Se trataba de ganar. Lejos quedan los años del jogo bonito.
Brasil salió dominando, pero sin alegría. Pases predecibles, acciones lentas, sin poder encontrar espacios ante un Japón muy disciplinado. Vinícius era una sombra, rodeado de rivales que siempre conseguían tener más de un defensor para vigilar al futbolista madridista. El juego de Brasil era pobre, mustio. Nada de la magia de Garrincha, Pelé, Zico o Sócrates. Un Brasil trabajador, físico y demasiado plano para sorprender a los japoneses, un equipo que tiene diferentes caras. Contra rivales inferiores ataca, contra rivales grandes se defiende y golpea a la contra. Y así llegó el primer gol del partido. Aprovecharon un grave error en el medio del campo de los brasileños. Kaishu Sano, centrocampista del Mainz alemán, recuperó la pelota, se deslizó entre dos rivales y, con un disparo lejano seco, puso por delante a los blue samurais. Todo Brasil temblaba.
Todo Brasil sufría, ya que en el fondo todos sabían que perder ante Japón en un Mundial ya era una posibilidad. En 1998, cuando los japoneses debutaron en el campeonato, Brasil era un imperio futbolístico. Ahora se sientan en la misma mesa. Ancelotti, consciente de que había que ser valiente, cambió en el descanso a Paquetá e hizo jugar finalmente a Endrick, el joven delantero a quien hasta ahora condenaba al ostracismo. Y el cambio le funcionó, a Brasil, que empezó a presionar a los nipones y dio trabajo a Zion Suzuki, el magnífico portero del Parma, hijo de ghanés y japonesa.
Pero después de dos paradas ya no pudo evitar el empate de un equipo brasileño que ahora sí mordía. Después de una jugada en la que la defensa nipona sacó el balón sobre la línea de gol, un centro de Gabriel Magalhaes lo remató de cabeza Casemiro. El exjugador del Madrid, uno de los más criticados por su juego, aprovechaba que Japón sufre con los centros laterales para marcar el gol del empate. El partido, quizás demasiado lento en la primera parte, iba mejorando, con ataques japoneses que pinchaban de vez en cuando a Brasil, un equipo que, una vez se vio con dificultades, mejoró el juego con las jugadas de Rayan y una de Vinícius que acabó en el palo. Brasil iba creciendo a medida que el partido avanzaba. Japón intentaba mantener la calma, ordenado en defensa, pero a veces, por mucho que trabajes, no puedes cambiar la historia. Brasil, huérfano de alegría, mantenía el espíritu competitivo y en casi la última jugada del partido Gabriel Martinelli evitó la prórroga con un disparo cruzado que Suzuki estuvo a punto de salvar. Cuando el balón entró en la portería, los brasileños empezaron a salir a la calle, contentos. Su próximo rival será Noruega o Costa de Marfil. Un nuevo partido muy duro, pero mientras no llega, toca celebrar que su equipo va abriéndose camino. Sin enamorar, pero gana. Como le gusta a Ancelotti, el veterano técnico italiano capaz de sorprender siempre. Quién sabe si podrá dar a los brasileños su sexto mundial justo ahora que tiene al director de cine Paolo Sorrentino con él haciéndole un documental. Sería bien cinematográfico, si Brasil volviera a ser campeón después de tantas críticas y problemas.
Alemania cae eliminada ante Paraguay
Tras el duelo de Houston, llegaba el partido de Boston. Después de dos mundiales consecutivos cayendo eliminados en la fase de grupos, Alemania parecía que iba por el buen camino de la mano del joven técnico Julian Nagelsmann. Pero enfrente tenían a Paraguay. Y si los futbolistas paraguayos disfrutan haciendo algo, es defender contra rivales teóricamente superiores. Pese a la baja de su defensa Alderete, el equipo entrenado por Gustavo Alfaro supo detener los ataques de una Alemania que tenía siempre la pelota, aprovechando uno de los pocos ataques para hacer el 0-1 gracias a Enciso.
En la segunda parte, Alemania dio un paso adelante. Nagelsmann pasó a cerrar con tres defensas, situando a Kimmich en el centro del campo y jugando a un ritmo más alto. Cuando Havertz marcó rematando un centro, parecía que el triunfo sería suyo. Pero Paraguay supo aguantar hasta la prórroga, donde el colegiado del partido no dio por válido un gol de Tah, ya que había falta previa sobre el portero Orlando Gill. Y sería precisamente Gill uno de los nombres destacados de la tanda de penaltis, deteniendo dos. Alemania, que hasta ahora solo había fallado un penalti en los Mundiales en 1982, falló dos. Pero Neuer mantuvo al equipo con vida con una parada clave que alargó la tanda hasta el sexto penalti. Y aquí Tah falló y José Canale, un defensa de 29 años que casi no había jugado antes con la selección, transformó el suyo. Alemania es el primer gran campeón que cae en el Mundial. Una cita que promete más sorpresas.