Cuatro tiroteos con la policía en un Mundial en plena dictadura

El último precedente de un partido entre España y Austria en un Mundial se remonta a Argentina en 1978

02/07/2026

TorellóEl Mundial de 1978 se disputó en Argentina en plena dictadura militar. Algunos supervivientes explicaron que habían oído gritar algunos goles a través de las televisiones de sus torturadores o incluso los gritos procedentes del estadio Monumental, a pocas calles del epicentro de la represión del régimen de Jorge Rafael Videla.

La selección española debutó contra Austria, en un partido que se repetirá este jueves en los dieciseisavos de final de esta edición. Era el primer partido de España en un Mundial en 12 años porque el país había quedado fuera de las ediciones de 1970 y 1974. De hecho, era apenas el séptimo partido desde 1950. "Jugar un Mundial es lo máximo para cualquier niño que empieza a jugar al fútbol en las calles de su pueblo. Fue una ilusión enorme, supergrande", dice Dani Ruiz-Bazán (Sopuerta, Vizcaya; 1951). El delantero del Athletic Club igualó el gol inicial de los austriacos, pero Hansi Krankl hizo el 2-1 definitivo. Krankl acababa de ganar la Bota de Oro y ficharía por el Barça aquel mismo verano.

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La dictadura trabajó para que el mundo pudiera ver las virtudes del país sin ver sus miserias. La selección española, por ejemplo, estaba concentrada en La Martona, una especie de urbanización que se construyó en medio de un descampado, a sesenta kilómetros de Buenos Aires. "Los años me van matando los recuerdos, pero recuerdo mucho la concentración. Fue un desastre. Yo no he estado en la cárcel, pero tiene que ser algo parecido", asegura Ruiz-Bazán. Dormían en una especie de bungalows: el Mundial se disputó durante el invierno argentino y las paredes eran tan finas que dormían con el chándal de la selección por encima del pijama para regatear el frío.

Un Mundial marcado por la represión militar

Desde las habitaciones solo veían pasar alguna vaca o algún caballo. "Era todo muy triste. Estábamos totalmente fuera del ambiente del Mundial", explica. Recuerda el aburrimiento de aquellas semanas, más allá de algún episodio aislado. Como el día que perdió el anillo de matrimonio mientras jugaban al tenis de mesa. "Otro día Quini convenció a dos de los policías que nos controlaban para que nos llevaran a disparar". Los agentes los llevaron a uno o dos kilómetros de la concentración y allí los dejaron disparar contra algunos botes y algunas latas. Quini disparaba con una escopeta y Ruiz-Bazán con una pistola.

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"De repente apareció una pickup con dos policías delante y cuatro detrás. Nos gritaron que tiráramos las armas al suelo y nos registraron. Mientras tanto los dos policías que nos habían llevado gritaban que nosotros éramos jugadores. Es el peor susto de mi vida. Se ve que nadie les había avisado cuando hicieron el cambio de turno y que de repente empezaron a oír unos disparos y salieron volando para ver qué pasaba", sonríe desde la distancia y la tranquilidad que imponen casi cincuenta años. "Quini era un fenómeno: el hombre más alegre y la mejor persona del mundo. Siempre te morías de risa con él", dice.

Ruiz-Bazán también recuerda que el campamento estaba rodeado por garitas llenas de policías. "Alrededor de los campos había un cordón policial impresionante. Nunca había visto algo igual. Si en un partido de San Mamés había cien policías allí había quinientos o mil. Era impresionante", añade.

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Policías de incógnito dentro del autobús

Juan Manuel Asensi (Alicante, 1949), futbolista del Barça entre 1980 y 1981, campeón de Liga con Johan Cruyff y capitán de la Recopa de Basilea, asegura que en cada trayecto hasta Buenos Aires llevaban policías de incógnito dentro del autobús. "No sé si era para protegernos o para vigilarnos", admite. "Los motoristas que nos abrían camino iban derechos sobre la moto y cuando nos cruzábamos con algún coche le daban una patada en el lateral para que se apartasen. Era impresionante".

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Antes de llegar a Argentina habían pasado unos días en Uruguay, otro país que vivía bajo una dictadura: no les dejaban salir mucho del hotel y cuando bajaban a dar un paseo les acompañaban militares armados. "Para que no nos desviásemos ni un poco", dice Asensi.

En aquella selección había cuatro jugadores más del Barça: De la Cruz, Migueli, Olmo y Rexach. Y dos futbolistas del Espanyol: Urruti, después leyenda azulgrana, y Marañón. Después España empató con el Brasil y ganó en Suecia con un gol de Asensi, pero quedó eliminada en la primera fase de grupos.

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"Estos días cuando veo algún gol en el Mundial pienso que yo también hice uno. Es algo que recordaré toda la vida", enfatiza Asensi. Aquel Mundial pervive como uno de los ejemplos paradigmáticos de la utilización del fútbol para blanquear y legitimar regímenes autoritarios: "Sabíamos que era una dictadura, pero nosotros no nos enteramos de nada de lo que pasaba".