España contra lo inexplicable

El presidente de Argentina, Javier Milei, no asistirá a la final en directo en Nueva York por cábala. Ha confirmado que hasta ahora ha visto todos los partidos del Mundial en Las Oliveras (su residencia presidencial) con su hermana y que así lo continuará haciendo. Cuando leí la noticia recordé a un conocido del barrio, un tipo muy majo que tiene una perrita ya mayor que se llama Lola y que el miércoles pasado antes del partido de semifinal contra Inglaterra, y en pleno pico de la ola de calor, paseaban al mediodía con la camiseta de Argentina puesta, él y la perra. Cuando le comenté que pobrecita Lola, que se asaba, soltó: “Es por cábala”. "Ah, vale. Entonces no digo nada", contesté.

El conocido, la pobre Lola y Milei no son los únicos. Tengo un viejo amigo que ya en el Mundial de Qatar me explicaba todos los rituales que hacía antes de cada partido. Como ganaron, los está repitiendo ahora y está convencido de que por eso están de nuevo en la final. Entre otras cosas, ve los partidos acompañado de un amigo suyo, argentino como él, ambos solos, sentados en el mismo sitio y sin hablar. Y tienen que llegar al piso media hora antes de que empiece el partido. Incluso se ha negado que su pareja desde hace 10 años, catalana, se acerque al apartamento cuando juega laalbiceleste. Podría seguir porque conozco a unos cuantos argentinos que llevan un mes viviendo supeditados al Mundial y sus manías. No es el fútbol. No es Messi, ni Lautaro, ni el suicidio táctico de Tuchel. Son ellos los que con las cábalas han llevado a Argentina a la final. Un consejo: no intenten razonar con ellos.

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La selección española no se enfrenta solo este domingo a un partido posiblemente trabado porque los argentinos intentarán romperle el ritmo, ni a un Leo que está escribiendo una de las páginas más bellas en su último Mundial, ni a sus compañeros que lo adoran e idolatran y cantan “por las Malvinas, por el Diego, por la última del Leo”. Se enfrenta a las cábalas, a todo un país que vive con emoción y pasión desmesuradas el fútbol. Para contrarrestarlos, solo diré que una amiga española, de Alcorcón para más señas, ante los nervios viendo el partido de Portugal, se puso a limpiar el baño y marcó Merino. Repitió el ritual contra Bélgica y Francia y a estas alturas brillan hasta las baldosas. Por supuesto, el domingo en la final piensa repasarlas. ¡Ah! Y que gane el mejor.

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