José Antonio Gallardo: el triste precedente que ha evocado la muerte de Jesús de Miguel
Hace casi 40 años este portero del Málaga perdió la vida después de chocar contra un rival del Celta de Vigo
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Torelló"Mira, yo creía mucho en Dios y en aquel momento dejé de creer en él. Fue horroroso", admite Manolo Canillas (Málaga, 1960), exjugador del Málaga y el Sabadell. La dramática muerte de Jesús de Miguel ha hecho aflorar de nuevo el dolor por la muerte de José Antonio Gallardo, hace ya 40 años. El entonces portero del Málaga murió tres semanas después de un choque fatal con Baltazar, delantero brasileño del Celta. Era la última muerte de un jugador del fútbol profesional español por un impacto con un rival hasta la tragedia de esta semana. Canillas explica que, cuando vio la acción, pensó en Gallardo al instante.
Gallardo era un portero de 25 años que estaba viviendo su mejor momento. Por fin era titular en el Málaga, en Segunda División. Sus compañeros le comparaban con el ruso Rinat Dasayev. "Era buenísimo. Triunfó demasiado tarde, y cuando triunfó Dios no le dejó continuar", lamenta Canillas, un centrocampista que llegó a ser internacional con la selección sub-21. Gallardo había renovado con el Málaga por cinco años a finales de noviembre de 1986. El Zaragoza le quería. Canillas explica que en aquella época cobraban menos de dos millones de pesetas, menos de 12.000 euros. Se conocían desde las categorías juveniles y algunas tardes se encontraban para tomar una cerveza.
El partido contra el Celta fue el domingo 21 de diciembre de 1986 en Balaídos y el momento fatal fue en el minuto 17. "No lo olvidaré nunca. Me ofrecí a un compañero, pero él se giró y pasó el balón atrás. Había llovido y el balón quedó parado. Gallardo salió y chocaron con Baltazar". La rodilla de Baltazar impactó con fuerza contra la cabeza de Gallardo. Canillas recuerda al portero inmóvil sobre el césped, inconsciente: "No se movía". Se lo llevaron al hospital y el partido continuó. El Celta acabó ganando en el minuto 90 con un doblete del mismo Baltazar.
Gallardo se quedó en Vigo en observación. Baltazar le visitó en el hospital y explicó entre lágrimas que el portero no recordaba nada. Las radiografías revelaron una triple fisura en el parietal izquierdo, en el cráneo. El 24 de diciembre, tres días después del incidente, le dejaron volver hacia Málaga. "Le fuimos a ver al hospital y estaba bien por lo que podíamos esperar. Parecía que saldría adelante. Después le dieron el alta e incluso vino a vernos entrenar a La Rosaleda", continúa Canillas.
El 31 de diciembre celebró su 25º aniversario. Tenía una leve parálisis facial, pero iba recuperando la memoria. El 7 de enero fue a visitar el piso que se habían comprado hacía poco con su pareja. Se debían casar en verano. Pero de golpe todo cambió: después de comer se empezó a encontrar mal, con mareos, temblores y vómitos, y esa misma tarde ya ingresó en el hospital en coma. Le operaron a vida o muerte durante más de tres horas por una hemorragia cerebral producida por la rotura de una arteria en la misma zona donde había recibido el golpe aquel día de partido. El cirujano explicó que era una de las hemorragias cerebrales más grandes que había visto porque afectaba casi a tres cuartas partes del cerebro.
La prensa iba informando del estado de salud del futbolista, cada día más delicado. "Ya no nos dejaban entrar en la habitación. Le veíamos a través de los cristales", apunta Canillas. El 9 de enero su estado era muy crítico. El entrenador, Antonio Benítez, se desmayó en una visita. El 13 de enero ya era prácticamente irreversible y el día 14 El País avanzaba que el Málaga había contactado con un joven Juan Carlos Unzué por si necesitaba un sustituto.
La muerte llegó el día 15 de enero a las cuatro y cuarenta y cinco de la tarde. Tras una parada cardíaca, después de una semana en coma. "Sigo pensando que Dios existe, pero fue muy duro con él. Hay una película que se llama El cielo puede esperar: ¿Por qué fue tan injusto con él y no esperó? Se lo llevó en el mejor momento. Se podría haber esperado un poco, dejarle disfrutar un poco. La vida es la muerte, y si naces morirás, pero no era su momento", lamenta.
Una época en la que no se hablaba de salud mental
Los jugadores del Málaga velaron el cuerpo de Gallardo durante toda la noche en La Rosaleda y al día siguiente llevaron el féretro a la iglesia y al cementerio. Canillas fue uno de los portadores. "Tengo la foto de aquel día para recordarlo siempre. No lo olvidaré hasta que me muera yo. Fue muy, muy doloroso. Lo pasamos muy mal y lloramos mucho. No se lo deseo a nadie, ni a mi peor enemigo", continúa. Cada 31 de diciembre lo recuerda en las redes sociales. Gallardo fue enterrado con la camiseta del Celta sobre el féretro y tiene una puerta en La Rosaleda. Le concedieron el premio Zamora de manera póstuma porque en aquel momento era el portero menos goleado de Segunda. Baltazar sería el máximo goleador y dos años después fue el Pichichi de Primera con el Atlético de Madrid.
Canillas dice que también fue muy difícil sobreponerse a la ausencia. Mirar su taquilla del vestuario, a cuatro pasos, y verlo vacío. "Es durísimo pasar de ver a alguien cada día a no verlo nunca más, de golpe. No sé cómo saldrán adelante los jugadores del Tenerife. Pierdes las ganas de todo y no levantas cabeza, pero tienes que volver y tirar hacia adelante porque la vida continúa", afirma Canillas. En el fútbol de aquella época no existían ni la salud mental ni los psicólogos: a ellos les llevaron a un exjugador para que les contara chistes, para intentar hacerles sonreír y olvidar la realidad.
Canillas toma aire y concluye: "El dolor no se olvida nunca. Quizás me olvido de algunos hijos de puta que, cuando se mueren, pienso «que te den por el culo», pero las buenas personas no se olvidan nunca".