Del miedo de perder al padre en la mina a vibrar por sus orígenes en un Mundial

El ex del Espanyol Valdo juega con la selección de fútbol de Cabo Verde, que debuta en una Copa del Mundo

Arnau Segura
14/06/2026

Torelló"Es una alegría tremenda y algo que casi parecía imposible", destaca Valdo (Villaseca de Laciana, León; 1981), exjugador del Espanyol y jugador de la selección de Cabo Verde. Habla de la gesta de este archipiélago africano, uno de los cuatro debutantes de este Mundial y el primer contrincante de España este lunes en la fase de grupos (18 horas, La 1). Cabo Verde, excolonia portuguesa, es el segundo país más pequeño de la historia del torneo en territorio y el tercero en población con 4.000 km² y 600.000 habitantes. La provincia de Girona tiene 6.000 y 850.000.

Su padre llegó al estado español en los años setenta. Hoy, Cabo Verde es un destino turístico cada vez más popular, pero entonces era un país muy pobre. "Estuvo un tiempo en Portugal y después quiso ir hacia los Países Bajos, pero lo pararon en la frontera con Francia y como no tenía permiso de mi abuelo no lo dejaron pasar porque aún era menor. Volvió hacia Portugal en tren, pero cuando pasaban por Salamanca un señor le ofreció un trabajo", dice. Así llegó a Villablino, un pueblo que entonces superaba los 14.000 habitantes y que hoy ha caído a la mitad. "La gente empezó a marchar cuando cerraron las minas", explica Valdo, con más de 300 partidos en las botas entre Primera, la Copa del Rey, la Liga de Campeones y la Copa de la UEFA.

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Su padre trabajaba horas y horas en las minas de carbón. Él no ha olvidado la "incertidumbre" ni el "miedo" por si no volvía cada vez que "bajaba allí abajo". "Era muy duro. Mi padre no ha tenido accidentes graves, pero tiene amigos a quienes han rescatado y otros que se han quedado allí. Cuando era más pequeño no me decía nada, pero después sí que me ha explicado cómo lo hacían para intentar rescatar gente que se había quedado atrapada. A veces lo conseguían y a veces, no. Alguna vez él había estado hablando con el minero en cuestión para animarlo mientras intentaban rescatarlo y cuando habían llegado hasta él ya no había nada que hacer", añade el exfutbolista.El fútbol como "válvula de escape"

Al cabo de cinco años entró en un centro de acogida de la provincia de Madrid porque sus padres se habían separado y ninguno de los dos se podía hacer cargo. Solo volvía al pueblo en verano, de vacaciones. Recuerda llorar, torturado por la soledad. Por suerte, apareció el fútbol como "válvula de escape". El fútbol, y la hermana Marina, una figura clave de su vida. Era una religiosa, muy aficionada al fútbol y también al Real Madrid: "Organizó torneos dentro del centro y llevaba la clasificación y los goleadores". También fundó el equipo del centro y los fines de semana llevaba a los jugadores con una furgoneta Pegaso blanca, llena de niños. "En aquella época no había muchos controles y el cinturón no era obligatorio", dice. Valdo le dedicaría uno de sus primeros goles a la élite con una camiseta: Gracias, hermana Marina. Valdo acabó la escuela, pero ni él ni su padre querían que volviera al pueblo porque ya sabían que el destino era la mina y lo "apostaron" todo a la carta del fútbol, como un salvoconducto hacia otra vida. "No tenía plan B", reconoce. Se quedó a vivir en casa del entrenador y empezó a jugar en el Pozuelo de Alarcón. Al poco tiempo llegaron los intereses del Madrid y el Atlético. Eligió el Madrid, el equipo de la familia. Todavía recuerda la llamada con su padre. "Estábamos en una nube. Todo había valido la pena".En un abrir y cerrar de ojos pasó de pasear por los alrededores del Santiago Bernabéu con sus amigos imaginándose sobre el césped a debutar, como la enésima perla de la generación de los Zidanes y Pavones. Era del mismo año que Iker Casillas. Valdo jugó cuatro partidos con el primer equipo blanco.Después hizo historia en Osasuna y en 2007 aterrizó en el Espanyol. Fueron dos años, siete goles en 50 partidos: "En general, fue una experiencia buena. El primer año fue muy bien. El segundo, no tanto". La muerte de su madre a mitad de temporada fue un revés demasiado doloroso: "Me llamaron justo después de un partido para decirme que la habían tenido que ingresar y me fui corriendo a Portugal. Me perdí un partido y volví hacia aquí con la intención de volver a irme a Portugal para verla, pero un día me llamaron y me dijeron que ya se había muerto. Fue un golpe duro y difícil. Después ya no jugué mucho".

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Estaba al lado de Ferran Corominas y Dani Jarque en el vestuario y en las comidas. El 8 de agosto del 2009 ya había salido cedido al Málaga, pero recuerda como si fuera hoy la llamada para comunicarle la muerte repentina de Jarque. "No me lo podía creer. Era una grandísima persona y un portento físico".Valdo había jugado con la selección española sub-21 de joven, al lado de unos jóvenes Víctor Valdés, Mikel Arteta, Andrés Iniesta y David Villa, pero no tuvo continuidad y cuando surgió la oportunidad de defender el país de sus raíces no lo dudó. En 2011 jugó dos partidos con Cabo Verde. Era otro país y otra selección. "Era como estar en Segunda B o en Tercera, por las instalaciones, el material y los viajes. Íbamos de un sitio a otro, haciendo escalas y transbordos. Era muy amateur. Cabo Verde solo tenía la pesca y ahora ya hace diez o quince años que ha empezado el turismo", explica.Hace años su padre había sido el entrenador del equipo de Cabo Verde en el Mundialito de la Inmigración de Madrid. Hace días que cuentan las horas para ver el debut mundialista de la selección de su país, llena de hijos de la diáspora como él. "Mi padre y yo estamos maravillados y superorgullosos, como todo Cabo Verde. Es algo increíble".

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