Sospecho que las gradas del Camp Nou no tardarán mucho en corear "Mourinho, quédate" con una efervescencia similar con la que ya canta "Raphinha, capitán". No me extrañará, la verdad, porque la nueva etapa del técnico portugués en el Real Madrid tiene toda la pinta de acabar fatal. Cuartos en la clasificación, a seis puntos del Barça después de siete jornadas disputadas, sin juego, alma, soluciones futbolísticas ni autocrítica y apuntando ya a malévolas conspiraciones en la sombra, suena a camino inmejorable para despeñarse por el barranco nada más empezar. Y ya hay fecha para el espectáculo: el 25 de octubre a las nueve de la noche el Madrid de Mourinho visita el Camp Nou.
Y espera, que todavía podría ser peor teniendo en cuenta que Carlos Espí salvó los muebles en el último minuto contra el Espanyol y el Elche. Pero Mourinho, en lugar de ocuparse de sus cosas —que es entrenar, preparar y buscar alternativas para un plan que claramente no le está funcionando— salió al Metropolitano con el mismo medio del campo y la misma delantera con la que el Atlético atropelló al Madrid de Xabi Alonso la temporada pasada. Ni revolución, ni evolución. Es la misma cantinela de siempre: los árbitros. Pero ya no cuela. Porque tan cierto es que el Cuti Romero y Kang-in Lee deberían haber visto la roja antes del descanso como que el Madrid no juega a un pimiento y al entrenador solo le preocupa lo primero y niega esto último.
Tampoco supone ninguna sorpresa este Mourinho; el artificial era el otro haciéndose pasar por maduro y sosegado al cual los años han pintado canas y templado el carácter. Y no nos engañemos, justo para eso también lo volvió a contratar Florentino Pérez: para que no sea solo Real Madrid TV la que grite contra el viento. Como ya pasó con Ancelotti, Xabi Alonso y Arbeloa, el acento mediático se pondrá sobre el entrenador de turno y dejará de lado al gran responsable de la mala gestión deportiva de la plantilla, que es el presidente que no ha fichado a un centrocampista pero sí a un técnico en declive para que arme el escándalo en las ruedas de prensa y el ruido pase por encima de los debates y análisis urgentes en el club y el equipo.
Así que sí, sospecho que el Camp Nou, más pronto que tarde, entonará el "Mourinho, quédate" mientras Florentino, Mourinho y Real Madrid TV seguirán a lo suyo, caducos y paranoicos perdidos, echando la culpa de todo a los árbitros. Qué pereza.