Los sueños se hacen realidad en el Mundial: el portero de 40 años sin equipo que ha parado a España
La selección de Cabo Verde brilla con un jugador reclutado gracias a un mensaje de LinkedIn
BarcelonaTenía que ser el día de España y de Lamine Yamal, pero fue el día de Josimar Dias Vozinha, un apodo que en portugués suena muy similar a "abuela". Fue un cuento de hadas. Una de esas historias que, si un guionista la inventa para hacer una serie de televisión, más de uno dirá que es imposible de creer. A veces parece que en este fútbol moderno lleno de dinero donde los ricos cada vez son más ricos, no es posible que un señor de 40 años sin equipo pueda brillar contra Lamine Yamal, Ferran Torres, Pedri y compañía. Pero en el Mundial de fútbol, por suerte, todavía pasan estas cosas. Nunca un portero de 40 años había conseguido acabar un partido de un Mundial sin recibir goles. Vozinhalo consiguió.
Nacido en Mindelo, la segunda población más grande de Sao Vicente, Vozinhanació en una casa donde el fútbol se seguía tanto que el padre lo quiso bautizar con el nombre de Valdano. Sí, como Jorge Valdano, el delantero argentino campeón del mundo en 1986. Los responsables del registro, sin embargo, no se lo permitieron, así que el padre lo bautizó con el nombre de Josimar, en honor del futbolista brasileño que también jugó aquel Mundial en tierras mexicanas. Y es que Vozinhanació durante el Mundial ganado por Argentina. Quién sabe si este año en Cabo Verde se bautizará a algún niño con el nombre de Vozinha, después de su prodigiosa actuación contra España.
Vozinhaera un portero destinado a jugar en los márgenes del fútbol de primer nivel. Tirando de este hilo invisible que une las tierras que formaron parte del imperio portugués, acabó parando balones en Angola. Tierras unidas por un pasado trágico, ya que de aquí salieron millones de esclavos hace siglos. Ahora salen jugadores que quieren huir de la pobreza como sea. Lejos de las miradas de muchos europeos, muchos futbolistas de Angola, Cabo Verde y Mozambique se mueven de un lado a otro, aspirando a dar el salto definitivo al fútbol europeo. En Angola lo hizo bastante bien, Josimar, que hasta entonces era conocido con este nombre. Pero cuando llegó a Angola ya había un Josimar en la plantilla, así que pasó a hacerse llamar Vozinha, un apodo que le habían puesto sus amigos.
Vozinhaparecía que nunca llegaría a Europa. Rondaba los 30 años cuando fue descubierto, quién sabe cómo, por un equipo moldavo. Allí vio por primera vez la nieve. Y pasó frío. Intentó marcharse como fuera de Chisinau. Comenzó una peregrinación por clubes europeos modestos de Chipre, Eslovaquia y, finalmente, Portugal, intentando ahorrar y disfrutar del fútbol. Su último destino fue el Chaves de la Segunda División portuguesa, donde hace pocos días no le renovaron el contrato. Justo el año en que había tocado el cielo clasificándose para el Mundial por primera vez con Cabo Verde, se quedaba sin trabajo. Su actuación contra España, sin embargo, seguro que lo cambiará todo. En la vida y en las redes sociales: en Brasil, otra tierra donde se habla portugués, unos periodistas se entusiasmaron con sus paradas y, cuando descubrieron que tenía pocos seguidores en su perfil de Instagram, pidieron a los brasileños que lo siguieran. Dicho y hecho. Cuando al final del partido fue entrevistado por una periodista brasileña, esta le enseñó en directo que tenía más de un millón de seguidores. Al cabo de pocas horas ya eran dos millones, y de madrugada ya pasaba de los cuatro. Quien no pudo verlo en directo fue su madre, afectada por las restricciones del gobierno de Donald Trump a las selecciones africanas.
"Trabajamos mucho para conseguirlo. Sabíamos que jugábamos con una de las mejores selecciones del mundo, pero también conocemos nuestra calidad. Estamos muy contentos”, explicó al final del partido a los micrófonos de DAZN. Con 40 años, acababa de inscribir su nombre en los libros de historia del fútbol de Cabo Verde y de dejar a España con un palmo de narices. Vozinhahabía debutado en 2012 con la selección, justo en una época en que la federación había comenzado a reclutar futbolistas nacidos en Portugal que eran hijos o nietos de inmigrantes de Cabo Verde. Una generación de jugadores formados en Europa que elevaron el nivel del fútbol de este archipiélago. Pero en la portería siempre estaba él. Rodeado de otros jugadores con historias sorprendentes.
Con 600.000 habitantes, Cabo Verde es el tercer país más pequeño de la historia de los Mundiales, solo por detrás de Curazao e Islandia. Independizado de Portugal en 1975, se afilió a la FIFA en 1986. Al principio no conseguían ganar nunca, hasta que decidieron empezar a buscar europeos con raíces en el archipiélago en 2010. Fue un éxito. Y todo, sin mucha estructura. De hecho, el entrenador, Lucio Antunes, pasaba horas delante de una pantalla buscando en páginas web y redes sociales posibles pistas para encontrar jugadores que pudieran ser convocados. Y fue así como en 2018 descubrió a Roberto Lopes, un jugador hijo de caboverdiano e irlandesa nacido en Dublín, donde jugaba al fútbol. Viendo este nombre, Antunes investigó si tenía raíces en Cabo Verde. Y decidió contactar con él enviándole un mensaje por LinkedIn. Más tarde, Lopes dijo: "No vi el mensaje, no le hacía caso, a muchos mensajes que recibía en las redes. Pero unos meses más tarde me escribió de nuevo y esta vez sí que abrí el mensaje. Y no me lo podía creer". Así nació el "proyecto LinkedIn", con el que otros miembros de la Federación empezaron a usar las redes sociales para localizar futbolistas por toda Europa con raíces caboverdianas. Así, de los 26 convocados para el Mundial, 14 han nacido fuera de Cabo Verde.
Son jugadores con carreras modestas que firmaron la actuación más bonita de su vida contra España. Jugadores como Ianique dos Santos Tavares, que con 38 años ha vivido un año redondo, ya que ha ganado la Copa portuguesa con un equipo de la Segunda División, el Torreense, y ahora está en el Mundial. Jugadores que han visto de todo, pero que en Atlanta vivieron un día que no olvidarán nunca: dejaron a España con un suspiro en un partido en el que solo hicieron una falta. La magia del Mundial es esta: descubrir jugadores que de otra manera no descubrirías, y cuyo nombre recordarás años después. En 1990 la gente descubrió al camerunés Omam-Biyiki, y en 1994, al saudí Saeed Al-Owairan. En 2026, se ha descubierto a Vozinha y sus compañeros.
.