De vender ropa para comprar comida a héroe del Mundial

Orlando Gill, porter de Paraguay, ha pasado de ser un jugador desconocido a eliminar a Alemania en el Mundial.

30/06/2026

BarcelonaA lo largo de toda su historia, Alemania solo había fallado un solo penalti en una tanda de lanzamientos de un Mundial, un lejano 1982. En cinco minutos, falló tres en Boston el día que Paraguay sorprendió al eliminar al conjunto entrenado por Julian Nagelsmann. Y dos de los penaltis los paró Orlando Gill (San Lorenzo, Paraguay, 2000). Un portero hasta hace poco desconocido. Un hombre que hace cinco años, cuando fue padre, llegó a vender el material que le daba su club para poder pagar un tratamiento médico para el bebé. Cinco años después, se ha convertido en uno de los mejores porteros del Mundial.

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Nacido cerca de la capital, Asunción, de pequeño quería hacer goles y jugaba de centrocampista. Pero como era alto como un santo, acabó haciendo de portero con bastante maña. Gill jugaba en el San Lorenzo, el equipo de su ciudad, cuando, cosas de la vida, fue descubierto por un ojeador del San Lorenzo, el club argentino. Gill siempre ha jugado en clubes que se llaman así, San Lorenzo. Primero en el paraguayo y después en el argentino, donde llegó para jugar en la reserva, como llaman los argentinos a lo que vendría a ser el juvenil. Y lo hizo bastante bien: consiguió ser famoso por primera vez cuando pidió lanzar una falta y marcó un bonito gol. Con los pies se defiende, ya que había empezado como centrocampista.

El San Lorenzo, uno de los clubes más grandes de Argentina, pasaba por una época de mala gestión económica cuando lo fichó. Durante meses, los jugadores no siempre cobraban. Pero como se acercaban elecciones a la presidencia del club, la directiva anunció que ficharían a Keylor Navas, el veterano portero de Costa Rica, exjugador del Madrid y el PSG. Parecía que la puerta de Gill quedaría cerrada porque el club ya tenía un buen portero, Facundo Altamirano. Pero este se lesionó justamente los mismos días que Navas, al ver que el San Lorenzo quizá no pagaría, descartó fichar. Y Gill se encontró jugando un partido de competiciones internacionales contra el Peñarol uruguayo, y lo hizo tan bien que el presidente Marcelo Moretti afirmó a la prensa: "Apostaremos por Gill, a quien fichamos de la Segunda División de Paraguay". Una carambola que, de paso, le abrió la puerta de la selección absoluta con 25 años.

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Marcado por el pasado

Gill debutó con la selección el 6 de septiembre de 2025, en la victoria paraguaya 1-0 ante Perú por las eliminatorias sudamericanas. Fue entonces cuando su mujer, Melissa Ábalos, explicó un secreto familiar. Cuando todavía jugaba en Paraguay, había nacido Lautaro, su primer hijo. El niño nació con un problema que requería un tratamiento médico bastante caro. Era la época en que él empezaba a ir convocado con el primer equipo de San Lorenzo, pero con un sueldo modesto. "Vendió camisetas de entrenamiento, botas y guantes por internet. Llegó a vender la camiseta con la que había debutado con la selección sub-19 paraguaya. Vendió de todo para ayudarnos, para comprar comida, porque lo invertíamos todo en hospitales", explicaría Ávalos. El niño, por suerte, se curó.

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Con 25 años, Gill ahora está en el Mundial, donde recibió muchas críticas tras la derrota en el primer partido contra Estados Unidos. Uno de los más críticos fue el considerado mejor portero de la historia de Paraguay, el excéntrico José Luis Chilavert: "No habla, juega mudo. El fútbol es comunicación, y más si eres portero", dijo, acusándolo de ser un portero miedoso. Chilavert criticó tanto a Gill como al seleccionador, el argentino Gustavo Alfaro. "Apuesta por un portero que no da calma, que no tiene carácter", decía. Pero en la primera fase, Gill fue de los porteros que más paradas hizo en tres partidos, un total de 17. Y contra Alemania firmó una actuación prodigiosa y pasó a la historia del fútbol paraguayo con sus paradas en la tanda de penaltis. Chilavert, por lo visto, no tenía razón. Y ahora el chico que hace poco vendía ropa para tener dinero podría acabar con un sueldo millonario en el fútbol europeo.

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"Jugamos contra selecciones con jugadores formados en las mejores academias, donde no falta de nada. Nosotros jugamos con estos chicos criados jugando descalzos sobre la tierra roja", decía emocionado Alfaro, en referencia al característico color de la tierra de Paraguay, un país humilde donde el fútbol es tan importante que hoy el presidente ha decretado un día de fiesta nacional para celebrar un éxito conseguido por un montón de jóvenes con un pasado humilde. Gente como Orlando Gill.