Fútbol - Segunda División

“Era una ciudad sin ley”: los años de Quique Cárcel, director deportivo del Girona, en el Cádiz

Hace dos décadas, el director deportivo del Girona vivió una experiencia llena de aventuras en el Ramón de Carranza

17/09/2026 - 19:51 h.

GeronaPara Quique Cárcel, Cádiz es como su segunda casa. Allí vivió desde 1996 hasta el 2000, un periodo en el que acumuló 131 partidos como centrocampista de un conjunto que entonces competía en la Segunda División B. Este sábado volverá al Ramón de Carranza, ahora bautizado como JP Financial Estadio, en la que es la decimotercera temporada como director deportivo del Girona (21 horas, LaLigaTV Hypermotion).

Cargando
No hay anuncios

“Quique era un líder oculto. Cádiz es muy particular y los catalanes somos catalanes, más de esperar y diplomáticos. Pero desde la distancia y el silencio, sabía cómo tratar al equipo y hacerse importante y necesario”, transmite Jordi Gonzalvo (Barcelona, 1947), el entrenador de los andaluces el curso 1998-99. “Tenía el punto de inteligencia adecuado para conectar el medio del campo con la delantera. Técnicamente era muy bueno y tácticamente siempre estaba bien posicionado. Sabía leer dónde debía estar e interpretaba correctamente qué debía hacer”, dice respecto al rendimiento de un futbolista que cumplió una larga trayectoria en el fútbol modesto, donde jugó en la cantera del Barça, el Sabadell y el Hospitalet, y que apenas probó el fútbol profesional, con una decena de partidos en Segunda con el Leganés.

Cárcel tiene muy buenos recuerdos de su etapa en Andalucía. A los 22 años, aquella era la primera experiencia lejos de casa. “Cuando yo llegué él ya llevaba dos cursos y estaba muy adaptado”, recuerda Gonzalvo, a quien la vivencia le resultó un punto amarga: “La gente no me perdonó que sustituyera a un entrenador de la casa, como si yo tuviera la culpa. Y los catalanes no es que estemos muy bien vistos, en aquella zona. Pues si lo sumas todo… siempre sentía que debía luchar contra estos prejuicios. Además, la ciudad es preciosa para ir tres semanas de vacaciones, pero vivir allí de manera estable ya es otra cosa. En aquella época era muy jodido”.

Cargando
No hay anuncios

¿Cómo era Cádiz a finales de los noventa? “Era una ciudad sin ley. La renta per cápita era bajísima y había un montón de problemas laborales. La alcaldesa era de extrema derecha y el pueblo de extrema izquierda, con todo lo que conllevaba. A mí me tuvieron parado más de una vez en la autopista porque había trabajadores que protestaban porque no cobraban o los habían echado, y la policía respondía disparándoles pelotas de goma”, contesta el extécnico, que tiene unas cuantas para explicar. “A las cuatro de la tarde dejaban salir a las criaturas de la escuela, y se pasaban más horas en la calle, rodeados de drogas, que quedándose en casa, en un entorno más saludable. Lo más normal que se veía eran tres tipos sin casco encima de una moto. Siempre me preguntaba cómo era posible que esta vida fuera corriente, allí”. El equipo de Gonzalvo se quedó a tres puntos de hacer el play-off de ascenso a Segunda División, que Cárcel ya había disputado el año antes, cuando quedó eliminado en una liguilla en la que estaba el Barça B de Francesc Arnau, Carles Puyol, Xavi Hernández y Óscar Álvarez, ahora segundo entrenador del Girona.

El 'cazón', un foso y un sacerdote

La extrema pasión con la que la afición del Cádiz se desvive por su equipo ya se hacía sentir, entonces. Y tiene un porqué. “Cuando volvíamos de un desplazamiento cualquiera, entrábamos por el Puente de Carranza. Quizá eran las tres de la madrugada y había trescientos hombres pescando. Allí se estaban hasta las siete de la mañana, de pesca. Lo que más pescaban era el cazón, un tiburón pequeñito que se cocina. Cuando salía el sol, los pescadores se iban a venderlo a los restaurantes y con el dinero que recaudaban compraban una entrada, porque antes no todo el mundo se podía permitir ir al fútbol. Como que poder entrar al campo les generaba un sacrificio y un esfuerzo bestiales, nos exigían al máximo porque sentían que tenían derecho. El estadio siempre estaba lleno”, explica.

Cargando
No hay anuncios

Cárcel también dejó alguna anécdota inolvidable, en Cádiz. En su segundo partido en el Carranza, en octubre de 1996, le marcó un gol al Realejos. Loco de euforia, saltó hacia la grada pensando que habría una valla por la cual trepar, pero se encontró que, en su lugar, había un foso, al cual cayó de cabeza. El foso tenía una profundidad de dos metros, con medio metro de agua, y estaba cubierto por una fina red para evitar que los balones cayeran dentro. Afortunadamente, solo fue un susto.

Gonzalvo ríe cuando la memoria lo lleva a la Semana Santa y a los Carnavales. “Todo el mundo se entregaba, aquellos días. A Quique, y al resto, les encantaba ir a un pub o a una bodega y tomar un finito. De hecho, tengo una imagen en el despacho donde están todos disfrazados. Quique es el tercero empezando por la derecha de la primera fila y se le ve vestido de sacerdote, con las manos en oración. Pasamos buenos momentos, sí”, dice, antes de añadir que “tiene mucho mérito estar tantos años en el Girona y conseguir lo que ha conseguido”: “Es el hombre ideal para construir un proyecto sostenible en el tiempo”, concluye. Cárcel ha cumplido 545 partidos como director deportivo blanquirrojo, de los cuales ha ganado 226, y busca el tercer ascenso a Primera con los gerundenses.

Cargando
No hay anuncios