Cristhian Stuani y el Girona: la leyenda continúa
El delantero uruguayo y la entidad blanco y roja superan las diferencias y renuevan el vínculo
GironaLa historia que han construido juntos es tan fuerte que ya es imposible entender el Girona y Cristhian Stuani por separado. Ni el descenso a Segunda División ni las diferencias económicas, en una negociación que se ha alargado más de lo previsto, han podido con una relación que vivirá su décimo capítulo tras la renovación del uruguayo hasta junio de 2027. El acuerdo es un golpe de efecto positivo para la ilusión de un equipo que tomó el verano con desesperación, porque hasta ahora, en Montilivi, el optimismo ha brillado por su ausencia: la plantilla no se está vaciando y esto provoca que las caras nuevas se hagan esperar.
El visto bueno a la continuidad de Stuani se ha celebrado, pero la agonía con la que se ha gestionado su caso no es un buen presagio en cuanto a la resolución de los incontables frentes abiertos que maneja la dirección deportiva. Al uruguayo se le ha tratado con muy poca sensibilidad, durante este proceso. Es cierto que pronto cumplirá cuarenta años y que el big data, la inteligencia artificial y todos los recursos que utilizan las entidades para evaluar si un futbolista es rentable teniendo en cuenta su rendimiento, tienden a rechazar una operación como esta. Pero Stuani no es un cualquiera: ni futbolísticamente (salvó al club hace dos cursos y estuvo a punto de hacerlo hace unos meses), ni sentimentalmente.
La voluntad del siete siempre ha sido quedarse en Montilivi, incluso perdiendo dinero. En la década que lleva en el Girona, ha rechazado ofertas para hacerlo crecer. Y ahora, que el club vive un momento delicado, ha vuelto a responder con claridad: solo quiere vestir los colores blanco y rojiblancos para intentar devolverlos a Primera. El entendimiento entre las partes, sin embargo, ha estado encallado un montón de semanas después del final del contrato en junio y que tuviera que negociar unas nuevas condiciones. Ambas partes han acabado cediendo y la continuidad ya es una realidad.
Stuani entra en el grupo de privilegiados que habrá jugado diez años en el Girona. Esto hasta ahora solo lo podían decir Manel Trias, 17 cursos entre 1932 y 1951; Fèlix Ferró y Josep Ferrer, 14 cursos en la década de los treinta y cuarenta; Isidre Sala, 13 entre 1963 y 1976; y Joan Múñoz y Chechu Flores, 10 entre 1952 y 1962, y 2001 y 2011, respectivamente. El uruguayo será el séptimo de la lista y podría atrapar y superar a Fèlix Farró en el segundo puesto de futbolistas con más partidos de la historia. Hace años que es el máximo goleador.
El tiempo se agota
Cuando faltan menos de tres semanas para el inicio del campeonato, el Girona continúa con los mismos problemas que le han caracterizado los últimos veranos. De momento solo ha cerrado cuatro fichajes, dos de los cuales ya estaban atados desde principios de año y un tercero que es un ascenso del filial. Y prácticamente tampoco ha habido movimientos en el capítulo de salidas, a pesar de los diferentes intereses recibidos por el grueso de una plantilla que difícilmente se mantendrá cuando la persiana del mercado se baje definitivamente.
Ya se vislumbra que todo serán carreras los últimos días, con el inconveniente de que habrá puntos en juego en un abrir y cerrar de ojos, y algunos de los jugadores que no quieren seguir en Montilivi quizás se verán obligados a competir, durante las primeras jornadas, con el riesgo de poner la pierna, teniendo en cuenta que una lesión quizás trastoca planes futuros. Azzedine Ounahi, Viktor Tsygankov, Àlex Moreno, Vladyslav Vanat o Arnau Martínez tienen un cartel más elevado que el de la Segunda División, pero todavía nadie paga lo que el Girona pretende cobrar por dejarlos ir. Después están los enigmáticos casos de Abel Ruiz, Van de Beek o Asprilla, fichados el año de la Champions, y que no se sabe dónde acabarán.
También faltan refuerzos en muchas posiciones, tanto en cuanto a la cantidad como a la calidad. Casi ninguna línea se salva de las carencias; especialmente alarmantes son la portería, la defensa y la punta de ataque. Y, mientras tanto, los rivales se mueven. Pero el Girona no, y esto se puede pagar. Afortunadamente, siempre tendrá a Stuani.