"Dependemos de nosotros mismos": la fe en la permanencia del Girona
El equipo gerundense se conjura a no fallar en la visita a Vallecas
GironaEl 27 de abril de 2019, semanas antes del único descenso a Segunda División que ha sufrido el Girona a lo largo de su historia, Eusebio Sacristán, el entonces entrenador, se sentó en la antigua sala de prensa de Montilivi en la previa de un duelo muy importante contra el Sevilla: el equipo gerundense, que encadenaba seis derrotas consecutivas, ya estaba en la línea roja y, cuando faltaban cuatro jornadas para acabar la Liga, necesitaba ganar como fuera. Y lo hizo con un gol de Portu. Pero el técnico blanquirrojo, el día anterior, había cometido un error. Fue el síntoma que desencadenaría un batacazo fatal.
Eusebio se presentó en el estadio acompañado del jefe de comunicación del club. Hasta aquí, todo normal. La sorpresa vino con la irrupción de su psicólogo, que se sentó entre los periodistas como si esperara su turno de palabra. No intervino, claro, pero tampoco lo hizo ninguno de los medios habituales. Eusebio no admitió preguntas. En lugar de eso, dio un discurso de siete minutos y medio que todavía se puede encontrar en YouTube, en el que, con una voz frágil y temblorosa, daba las gracias por el respeto recibido, confirmaba que la dirección deportiva lo mantenía en el cargo y reconocía que lo estaba pasando mal. “Lo que quiero es explicar cómo me siento”, resumía.
Aquella escena, en contra de lo que pretendía, le hizo perder credibilidad. De hecho, para animar a la gente en el duelo decisivo de dos semanas más tarde, quien salió a enviar un mensaje fue Àlex Granell, al que todo el mundo seguía donde hiciera falta. Eusebio, en cambio, superado por la situación, acabó el curso llorando y pidiendo perdón y, años después, en una conversación con el ARA, admitiría que, cuanto más perdía, más se asustaba, y que lo que transmitió a los jugadores era miedo. Al Girona le costó tres temporadas volver a Primera.
El descenso, a un punto
Este desenlace cruel podría repetirse esta temporada, porque el Girona está jugando con fuego. Los de Míchel recondujeron un inicio de curso desastroso: la primera victoria llegó en la octava jornada, en octubre, y hasta diciembre tan solo había ganado un par de partidos, cosa que hizo que pasara un montón de semanas colista y en zona de descenso. Como Eusebio, Míchel también ha sido discutido externamente. Pero como pasó con el primero, la dirección deportiva le ha hecho confianza. El madrileño, que vive el quinto curso de una aventura extraordinaria, acaba contrato en junio y puede que viva las últimas horas en el banquillo.
Cerrar esta etapa tan brillante con un descenso sería injusto, pero el fútbol no entiende de justicias. En las últimas jornadas, el atasco gerundense es bestial: ha perdido los tres últimos partidos, en los que, además, ha ofrecido una mala imagen competitiva y ha dejado escapar un margen de ocho puntos respecto a la decimoctava posición, ahora reducido a uno después de los resultados de este sábado, que lo han enviado al decimoséptimo lugar, en la frontera entre el bien y el mal.
El calendario provoca que Míchel visite su casa este lunes en la primera de las cuatro finales que quedan para enfrentarse al Rayo Vallecano (21 horas, Movistar LaLiga). Pase lo que pase en Vallecas, el Girona continuará fuera de la zona de descenso una jornada más, y tiene una nueva oportunidad para encarrilar la salvación de una vez por todas que haría bien de no desaprovechar.
El técnico mantiene la fe y recuerda que “dependemos de nosotros mismos”. El capitán, Cristhian Stuani, lo ha dicho de otra manera: “Nos hemos metido en problemas y los tenemos que solucionar”. También ha alzado la voz Arnau Martínez, que ha dicho que tienen que transmitir que van de verdad, y ha pedido “estar juntos”. El vestuario blanquirrojo se ha conjurado para conseguir la victoria; ahora solo falta conseguirla.