Cuando un dorsal explica la historia de un futbolista: de la decepción a brillar

Yáser Asprilla ha pasado de lucir el 10 y hacer las maletas a vestir el 22 y ser el pichichi del Girona

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Yáser Asprilla, celebrando un gol con el Girona
16/10/2026 - 14:01 h

Gerona"El primer día que lo vi jugar era todo tan perfecto y todo tan precioso, el campo, bajo las montañas, su fútbol con seis o siete años, todo, todo, que sentí la necesidad de arrodillarme y dar las gracias a Dios. No sé si alguien me vio. No me interesa. Lo único que sé es que en aquel momento noté que Dios lo había puesto allí para mí y que haría realidad mi sueño de aportar un crack al país. Fue una cosa increíble. Una cosa que había soñado. Fue una sensación única, muy brutal. Como un éxtasis". Estas palabras las pronunció el entrenador Sergio Bustamante.

Hacían referencia a Yáser Asprilla, el principal reclamo ofensivo del Girona en este inicio de temporada. El colombiano aterrizó en Montilivi con las expectativas altísimas y una serie de momentos destacados en las redes sociales que hacían prever que podía marcar una época. Le dieron el dorsal 10, propiedad de nombres ilustres que enamoran a los aficionados. Pero el batacazo fue tan grande que acabó en Turquía, donde tampoco encajó. Ahora, con el 22 a la espalda, ha abandonado los sueños de grandeza de la Champions y ha abrazado el barro de la Segunda División para convertirse en el pichichi del equipo de Quique Álvarez, que recibe este domingo al Andorra (18.30 horas, LaLigaTV Hypermotion).

El golpe de realidad es productivo para Asprilla, que en los siete partidos que ha jugado este curso ha marcado más goles (cinco) que en los cincuenta que había disputado desde su fichaje (cuatro). No hay nadie más en el vestuario que presente unas cifras similares: por citar a unos cuantos que deberían ser diferenciales, Van de Beek ha marcado un gol en seis partidos; Abel Ruiz, dos en ocho; Bryan Gil, ninguno en siete; Carles Pérez, dos en seis, y Vanat, uno en cinco. Contando también a Asprilla, todos, excepto Carles Pérez y Vanat, fueron fichados el verano de la Liga de Campeones. Bajaron de categoría y, si hoy se terminara el campeonato, no jugarían ni el fase de ascenso de ascenso: el Girona es séptimo, a un punto del sexto y a seis del ascenso directo. Ya se han disputado nueve jornadas.

El origen de casi todos los males de Asprilla se sitúa en el precio que el Girona pagó por él en 2024. Es el fichaje más caro de la historia: 18 millones de euros que podían ascender a 25 con las variables para un extremo que entonces también jugaba en Segunda en Inglaterra. Pero hubo otro condicionante, la entrega del dorsal 10, que todavía abre su perfil en las redes sociales. Un reconocimiento que meses más tarde incluso provocaría el tirón de orejas del entonces entrenador Míchel Sánchez. “Es un chico joven, con mucho talento, y cuando le dimos el 10 pensé que nos habíamos equivocado. Porque este dorsal te lo tienes que ganar. Asprilla es un gran futbolista y seguramente se lo merecerá, pero regalárselo a alguien que acaba de llegar, que ha costado mucho dinero y todo el mundo tiene puestas muchas ilusiones en él… Creo que todo esto ha hecho que todavía le haya costado más entender lo que queremos, pero es un buen chico que irá a más”, vaticinaba el actual técnico del Ajax, que no se equivocó con la profecía y un año y medio después lo vio desfilar hacia el Galatasaray, donde se marchó cedido con una opción de compra. Como tampoco convenció, no la ejecutaron.

Este verano volvió otra vez a Girona, pero el 10 ya había volado y, como si quisiera empezar de nuevo, escogió el 22 que utilizó durante su paso por Estambul. Y los goles han empezado a caer: uno en Córdoba, dos contra Las Palmas, uno en Gijón –donde fue multado por enseñar una camiseta en la que se leía "Dios tiene el control"– y uno en Tenerife en el retorno de la ventana FIFA, donde tuvo minutos con la selección de Colombia después de casi un año de ausencia. Pero no todo va de goles: también está ganando confianza. “Está demostrando el futbolista que es, pero tiene que continuar demostrándolo. Yo estoy muy contento con él. Lo veo bien e implicado: es valiente, pide el balón, es diferente a los demás. Quiero jugadores así”, valora Quique Álvarez. Asprilla fue el jugador estrella para la afición el mes de agosto.

De Eloi Amagat a Portu

El 10 gerundense, como ocurre en la mayoría de los lugares, casi siempre ha estado destinado a futbolistas especiales. Este año es propiedad de Portu, que hace poco regresó a los terrenos de juego después de una grave lesión que lo alejó de la actividad durante diez meses. “El club me preguntó si lo quería porque estaba libre, y lo acepté. Es un número bonito, y encaja perfectamente con la motivación de esta temporada, con mi regreso y el objetivo que tenemos, que no es otro que el ascenso a Primera”, explica el murciano, una leyenda en Montilivi, con 198 partidos en siete temporadas.

Antes lo tuvieron Borja García, 233 partidos en ocho temporadas y uno de los dos futbolistas que han vivido los dos ascensos a Primera; Samu Saiz, 120 partidos en cuatro temporadas, y Eloi Amagat, 194 partidos en nueve temporadas y el único jugador de la historia del club en defender al Girona en Tercera, Segunda B, Segunda y Primera.

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