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El novelista periquito obsesionado con los derechos de los futbolistas

El entrenador y exjugador del Espanyol Jaume Sabaté levantó la primera Copa del Rey con el Betis y fundó la AFE

03/04/2026

BarcelonaCon 17 años, Jaume Sabaté (Badalona, 1947) se vio obligado a dejar los estudios de ingeniería electrónica por culpa de la pelota. En su casa tenían un negocio de lampistería, pero como jugaba de defensa con el Badalona en Segunda División y se pasaba el día viajando arriba y abajo, no tenía tiempo para los libros. Corrían los años 60.

“El fútbol era muy diferente. Mira, recuerdo que en el Badalona tuve una lesión en el muslo y el masajista me empezó a hacer fricciones con una botella vacía de Anís del Mono, que tenía relieve. «¿Qué cojones haces?», le dije. Y me respondió que era el inventor de la anisoteràpia”, explica entre risas Sabaté. Esta es una de las anécdotas autobiográficas que aparecen en Misterios en el palco, la última obra del exjugador del Betis y el Espanyol, los dos equipos de su vida, que se enfrentan este sábado en Sevilla (18.30 h, Movistar+).

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Es una novela, la primera de Sabaté, ambientada en el fútbol profesional español de los años 70 y 80 que tan bien conoce. “Hay trapicheos inmobiliarios, corrupción, apuestas ilegales y asesinatos”, añade el exfutbolista catalán, que desde que se jubiló no para quieto: “Esto de mirar la tele sentado en el sofá o de invertir en bolsa no va conmigo. Por eso empecé a escribir. También aprendí a tocar el piano”. Hace seis años publicó su primera obra, AFE: creación y nacimiento, en la que relata el proceso de fundación desde dentro del primer sindicato de jugadores al fútbol español, nacido en 1978.

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“Me dieron hostias por todas partes”

“Todo comenzó con un portero del Atlético de Madrid, un tal Zubiarraín, que no cobraba. Había impagos, existía el derecho de retención... y se fue generando un descontentamiento generalizado que acabó con la creación de la asociación de futbolistas, que defendía los derechos de los jugadores”, expone Sabaté, que entonces jugaba en el Betis y hacía las funciones de delegado sindical en Andalucía, y se convirtió en uno de los pioneros que levantaron la AFE.

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“Yo estuve presente en todas las reuniones desde el principio; el Diario Pueblo, el Abc, el Suroeste... me dieron de hostias por todas partes por ser sindicalista. Hacía poco que había muerto Franco y las estructuras aún eran franquistas”, desvela Sabaté, también protagonista en la primera huelga del fútbol español, en marzo de 1979. “Los partidos de Primera y Segunda se aplazaron una semana. El Betis jugaba contra el Múrcia y el entrenador no me puso de titular porque el público me abuchearía con ganas. Pero resulta que se lesionó mi sustituto y tuve que salir después del descanso. Todo el estadio empezó a gritarme y a putearme”, comenta el exjugador badaloní, entonces acostumbrado a recibir insultos y amenazas.

Un cigarro en el descanso de una final

Poco antes, en junio de 1977, Sabaté levantó con el Betis la primera Copa del Rey en democracia después de 40 años de dictadura –hasta entonces, se llamaba Copa del Generalísimo–. “Tuvo connotaciones políticas. Los medios daban por ganador al Bilbao, pero como ETA estaba asesinando a mucha gente, en la final la gente iba con nosotros”, revela el defensor, que lanzó el sexto penalti de una tanda eterna que decidió el campeón.

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“Se lanzaron 21 porque el árbitro hizo repetir un penalti a Chechu Rojo”. Fue un título muy especial para el Betis, el segundo de su historia, después de la Liga de 1935, y en 2023 Sabaté le dedicó un libro: Secretos de una final histórica. La primera Copa del Rey. “Es una obra que retrata lo que vivimos los jugadores, con vivencias en primera persona. Una de las cosas que explico es que en el descanso un compañero de equipo se fumó un cigarro en el lavabo”, describe Sabaté, que jugó más de un centenar de partidos en Primera División.

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Los primeros fueron con el Espanyol, que lo había fichado del Badalona en el año 1965 después de convencer a Ladislau Kubala, técnico periquito, en una prueba que le hicieron en el Estadio Olímpico. La mili, que le obligó a ir cedido al Lleida y al Olot, y un enganchón con el preparador José Emilio Santamaría evitaron que se hiciera un hueco en el equipo de su corazón.

Retornado de Andalucía, en 1980 colgó las botas en el Badalona, y poco después se trasladó a Ripoll para dirigir una sucursal bancaria y hacer de entrenador en el equipo del pueblo, de Primera Regional: “Fueron mis prácticas para sacarme el título”. El polifacético Sabaté pasó por los banquillos de Badalona, Sant Andreu y L'Hospitalet antes de pedirse una excedencia en el banco para entrenar al Espanyol la temporada 1991-92. Estuvo diez partidos al frente del primer equipo blanquiazul y, reemplazado por Clemente, volvió a trabajar hasta que se jubiló e hizo de escritor.

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