Historia

Espía, gigoló y rey de Andorra durante una semana: ¿quién fue Boris Skossyreff?

Recordemos a este personaje de película que fue rey del Principado en 1934 con la ayuda de los nazis

Iker Mons
10/02/2026

AndorraNadie hubiera sido capaz de escribir su historia. Un espía, un gigoló, un estafador, un farsante que fue monarca de Andorra en 1934, poco más de una semana. Si no existieran miles de documentos que lo acreditan, la vida de Boris Skossyreff parecería una ficción delirante, una novela de espionaje escrita bajo los efectos de la morfina en pleno modernismo. Durante doce días del verano de 1934, un estafador de origen ruso, con vínculos con el régimen nazi, se proclamó rey de Andorra y situó al pequeño Principado pirenaico en el centro de la actualidad internacional.

La figura de Skossyreff ha estado durante décadas rodeada de mitos, exageraciones y relatos contradictorios. Sin embargo, el director y escritor Jorge Cebrián ha dedicado más de diez años a seguir su rastro por archivos de toda Europa, y ha reunido cerca de 6.000 documentos que permiten reconstruir en el libro y en el documental Boris Skossyreff, el estafador que fue rey parte del misterio y la trayectoria del mentiroso. "Es un personaje de película, pero con un rostro muy detestable", afirma Cebrián. "Mi intención era mostrarlo tal y como era, para que fuera el público quien sacara sus propias conclusiones". Al menos, Cebrián confiesa que Boris I de Andorra "es un personaje que no puedes dulcificar ni amar sin reservas", fue un monstruo y un héroe, un farsante que por mucho que fuera "divertido o ingenioso" fue "deplorable".

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Boris Skossyreff nació en Vilna (actual Lituania), alrededor de 1896 o 1898, en el seno de una familia aristócrata en época zarista. La Revolución Rusa de 1917 marcó su exilio. Como otros muchos "rusos blancos", huyó del país tras sufrir persecuciones y la muerte de varios familiares. Aquella fuga forzada le convirtió en un apátrida en una Europa de entreguerras, sacudida por la crisis económica, los nacionalismos y el auge del nazismo. "Boris crece con la idea de que pertenece a una élite que de repente es expulsada de la historia", explica Cebrián. "Eso marca profundamente su carácter. Siempre tendrá la sensación de que el mundo le debe algo".

El estafador Skossyreff trabajó inicialmente como traductor para unidades militares británicas, dado que hablaba más de 22 idiomas. En 1919 fue detenido en Reino Unido por fraude con cheques y por irregularidades administrativas, lo que comportó su expulsión del país. A partir de ahí, su vida se convirtió en una sucesión de fugas, identidades falsas y estafas.

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Durante los años de entreguerras, Skossyreff circuló por Europa gracias a un pasaporte Nansen, destinado a los refugiados rusos, y más adelante consiguió documentación holandesa haciéndose pasar por el conde de Orange hasta llegar a Mallorca, donde llevó una vida marcada por el lujo, los excesos y las relaciones con mujeres. "No quería trabajar; quería vivir por encima del resto", explica Cebrián, y todo indica que lo hacía como fuere, con desprecios y engaños. Especialmente a las mujeres, como la americana Florence Marmon, la inglesa Phyllis Herd o María Luisa Parat, con quien llegó a casarse. Todas engañadas y vampirizadas por su riqueza y estatus, que le permitían vivir con comodidad para recuperar así brevemente la vieja vida de aristócrata.

En Mallorca contacta por primera vez con el Partido Nacional Socialista Alemán. "Tenemos pruebas claras de su colaboración con los nazis", asegura Cebrián. "No era una relación circunstancial; tuvo un papel activo". De esa reunión se extrae la idea de conquistar Andorra con la palabra. "Skossyreff era muy inteligente, ávido lector y conocedor de la actualidad de todas partes. La situación de inestabilidad le convenció de que era el momento para proclamarse rey del pequeño estado entre España y Francia", detalla Cebrián. Andorra era estratégica, un camino entre naciones, en el que los alemanes tuvieron actividad durante la Segunda Guerra Mundial. A principios de los años treinta, el Principado era un microestado con estructuras políticas de raíz medieval, gobernado por el sistema de coprincipado y con una soberanía popular prácticamente inexistente. El malestar social crecía. "Prometía exactamente lo que todo el mundo quería oír".

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De Andorra al calabozo

El autoproclamado aristócrata se presenta como reformista con contactos internacionales y un proyecto político seductor. Promete la exención de impuestos, la transformación de Andorra en un paraíso fiscal al estilo de Mónaco, el impulso del turismo y de los deportes de montaña, la creación de un Casino, la conexión de Mallorca con la Seu y, sobre todo, la recuperación de la soberanía del pueblo andorrano. "Sabía que estaban cansados ​​de que los copríncipes y los vegueros tuvieran siempre la última palabra". Tras obtener la nacionalidad andorrana, las autoridades logran expulsarle a raíz de una pelea entre el estafador y otro hombre en un bar en el que estaba involucrada una pistola de fabricación nazi. Al ser expulsado del país, se instala en la Seu d'Urgell, donde carga contra el copríncipe episcopal, el entonces obispo Justí Guitart y Vilardebó, al que llega a desafiar a un duelo a muerte ya declararle la guerra.

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Su estrategia no se limitó al discurso político. Skossyreff despliega una intensa campaña mediática que logra eco internacional. Periódicos de Estados Unidos, de Alemania o de Argentina, así como de España y Francia, se hacen eco del personaje y de su propuesta. "Hizo una campaña de comunicación absolutamente espectacular", remarca Cebrián. "Tenía muy claro cómo utilizar los medios para construirse una imagen de legitimidad".

El verano de 1934 llega el momento culminante. Skossyreff redacta una Carta Constitucional que proclama la igualdad de derechos y un liberalismo económico radical, distribuyendo copias entre autoridades españolas, francesas y andorranas. Se autoproclama Boris I, rey de Andorra. Sin embargo, su reinado dura sólo poco más de una semana y media. El 20 de julio de 1934, Borís Skossyreff es detenido por la Guardia Civil, trasladado primero a Barcelona y después a Madrid, donde es condenado y expulsado a Portugal con la ley de vagos y maleantes, por primera vez usada con un rey. "El Estado reaccionó deprisa cuando vio que eso iba más allá de una extravagancia", explica el director.

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Durante la Segunda Guerra Mundial colaboró ​​con los nazis como agente especial dentro de los campos de trabajo franceses, y, posteriormente, en interrogatorios de los alemanes, lo que le costó la detención por parte de las fuerzas soviéticas y el envío a Siberia. Terminó sus días en la Alemania Occidental, en Boppard, en 1989, y todavía se presentaba como un rey en el exilio. Escribió una autobiografía en la que afirmaba que, disfrazado como oficial francés, estuvo presente en la reunión entre los mandatarios aliados donde expusieron sus planes para lanzar la bomba atómica sobre Berlín. Skossyreff afirma que escribió una carta al führer para advertírselo. El estafador defendía que gracias a él acabó la guerra, dado que al recibir la carta Adolf Hitler se suicidó. Por supuesto, una última mentira para recuperar el estatus de héroe.

Para Cebrián, contar esta historia sin edulcorarla era imprescindible. "Si sacamos la parte oscura, lo convertimos en un personaje simpático, y no lo era", sentencia. "Era fascinante, sí, pero también profundamente detestable en muchos momentos". Tanto el libro de Anem Editors como el documental, disponible en la carta a 3cat, Filmin y RTVA, quieren dejar que el espectador elija. "Yo no soy buen escritor", confiesa Cebrián. "No había necesidad de inventarme nada". La ficción no habría superado.