Viva la vida

¿Dónde están los hombres en el gimnasio?

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03/03/2026
Escritora, guionista y comunicadora
2 min

En el gimnasio ocurre un fenómeno paranormal: en la mayoría de las clases dirigidas, los hombres desaparecen. Como aquella vieja leyenda de los años ochenta, el Triángulo de las Bermudas, ese espacio que tragaba aviones, las clases tragan a los seres masculinos. Y no hablo de las clases de zumba, que también. Hablo de clases donde las mujeres levantamos pesos y los hacemos ir arriba y abajo (body pump) o damos golpes de boxeo y artes marciales (body combat), o hacemos fuerza de brazos y tórax colgadas de correas (TXR), actividades que en el imaginario colectivo no estarían dentro de las actividades consideradas "de mujeres", pero se han convertido en ellas. Luego hay clases en las que hay, pero son minoría, como el yoga, pilates y clases para activar el cuerpo en general. Y sólo hay igualdad en las clases de crossfit. ¿Y dónde están los hombres en el gimnasio? De forma masiva, en la sala de máquinas, realizando actividades individuales y levantando pesos moooooooolt más pesados ​​que en las clases.

A menudo hablo con otras mujeres y si al principio pensaba que el motivo era la aversión a socializar de los hombres, oa hacer lo que te manden, alguien me lo rebatió haciéndome dar cuenta de que los hombres siempre han sido amantes de los deportes colectivos, como el fútbol o el baloncesto. Y al final la respuesta que encuentro siempre es la misma, los hombres no se apuntan a todo lo que consideran actividades "de mujeres". Porque las mujeres desde hace pocos años hemos asumido que nos tocaba hacer fuerza y ​​muscular y poner el corazón a mil. Y para ello hemos ido a las clases correspondientes y lo que antes se consideraba una actividad más masculina, por ser dura y exigente a nivel físico, ahora es mixta. Y si es mixta, es leída por muchos hombres como femenina. Y huyen porque la leen como menos interesante. Y aquí está el hueso del problema: si una actividad la hacemos muchas mujeres se devalúa y pierde prestigio... para los hombres, porque las mujeres la seguimos haciendo encantadas. Por no hablar de cómo se sienten todavía demasiados hombres junto a una mujer capaz de levantar más peso que ellos.

Y no se limita sólo a las actividades de ocio. El fenómeno pasa a todos los niveles, por ejemplo, oficios como la medicina, que ha visto mermar su nivel de prestigio al mismo ritmo que las mujeres han invadido las aulas de las universidades.

Y si la actividad ya es calificada de partida como de mujeres, mucho peor. Porque el prestigio desciende al nivel del núcleo terrestre y se frivoliza como una actividad sin importancia. Porque, al fin y al cabo, ¿qué se hace en los clubs de lectura, costura o cerámica? Charlatanería de mujeres. Y el drama ya es total para todos aquellos oficios relacionados con la infancia y los cuidados: maestros, comadronas, enfermeras, cuidadoras de mayores, trabajadoras del hogar, porque en el escalafón social cotizan menos que un billete de Monopoly. Al final la conclusión es clara, el patriarcado lanza el mensaje perverso de que todo lo femenino es cutre. Pero en cambio el feminismo nos libera a mujeres y hombres, porque quien no compra el discurso del patriarcado elige con libertad y sin prejuicios. ¿A qué equipo te apuntas? Yo lo tengo clarísimo.

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