¿Por qué Hollywood pintaba los labios de verde?
Cuando hablamos de cuerpos bellos, tendemos a imaginar una especie de gracia natural o unos atributos físicos excepcionales que solo una minoría de personas tiene la suerte de haber recibido al nacer. Pero lo que consideramos belleza no es una realidad universal ni inmutable, sino una construcción cultural que cada sociedad define según sus valores, imaginarios y formas de mirar. Una belleza que, lejos de buscarse para el goce personal de habitar el propio cuerpo, necesita la mirada externa para existir y adquirir sentido a través de la aprobación ajena. No es casual, pues, que a lo largo del siglo XX y a medida que se multiplicaban los medios de reproducción y difusión de la imagen, los ideales de belleza quedaran cada vez más condicionados por las tecnologías de la visibilidad.
Las grandes actrices de Hollywood del cine en blanco y negro nos parecen, aparentemente, de una belleza mucho más natural que la de muchas celebridades actuales, a menudo asociadas a la cirugía estética. Pero lo cierto es que aquellos iconos cinematográficos también estaban sometidos a intensos procesos de intervención destinados a construir precisamente esa apariencia de naturalidad. Uno de los principales instrumentos era el maquillaje, que en ningún caso podía aplicarse de la misma manera que en la vida cotidiana. No se trataba de agradar al ojo humano, sino de corregir las limitaciones de la película fotográfica y la iluminación de los estudios, ya que la cámara en blanco y negro no interpretaba los colores tal como los interpreta la mirada humana.
(la posición de la lengua y la mandíbula) o elAnte esto, debía ser difícil sostener cualquier escena de intimidad emocional cuando, a pocos metros de distancia, aquellas caras embadurnadas de blancos, verdes y azules se parecían probablemente más a las caras de personajes teatrales o grotescos que a las de personas reales. Pero es precisamente aquí donde se hace visible la naturaleza profundamente construida de la belleza cinematográfica: aquellas caras no existían para ser contempladas de cerca ni para ser habitadas por las actrices mismas, sino para transformarse en imagen ante la mirada distante del espectador.
En la actualidad, cuando mostramos la cara en las redes sociales, la gama cromática es mucho más realista que la del cine en blanco y negro. Pero, a pesar de ello, continuamos modificando nuestra apariencia para adaptarla a las exigencias de esta nueva tecnología visual. De aquí el éxito de los filtros y de los retoques digitales. También cuidamos el ángulo y la distancia focal a la hora de fotografiarnos y adoptamos disciplinas corporales como el mewing (la posición de la lengua y la mandíbula) o el smize (tensionar sutilmente la mirada), entre muchas otras. Y, igualmente, existe un maquillaje específicamente pensado para la cámara digital y para la manera en que las plataformas procesan la imagen. Es el caso del contouring, popularizado por Kim Kardashian, que redefine visualmente la mandíbula y los pómulos para compensar el efecto suavizador de la cámara. Las bases de alta cobertura disimulan las imperfecciones que el dispositivo acentúa, mientras que los labios delineados o técnicas como el baking ayudan a controlar los volúmenes y los brillos en pantalla.
Dos realidades tecnológicas muy diferentes, la del cine en blanco y negro y la de las redes sociales, pero que comparten una misma esencia: que el concepto de belleza siempre está profundamente construido, no para la vida sino para la visibilidad.