Un mito de la danza y un bailarín de 'breakdance' unidos por Jacques Brel
Anne Teresa de Keersmaeker y Solal Mariotte conjuran el fantasma de Brel en el Teatre Grec
BarcelonaEs probable que no hubiera nada que uniera a Anne Teresa de Keersmaeker y Solal Mariotte si no fuera por la danza y la música de Jacques Brel (1929-1978). Ella es una reputada coreógrafa flamenca de 66 años, uno de los grandes nombres de la danza europea contemporánea, creadora de una setentena de espectáculos, fundadora de la compañía Rosas y la escuela P.A.R.T.S. Él, un bailarín francés de 25 años, formado primero en breakdance, después en el conservatorio de Annecy y en la escuela de Keersmaeker, donde descubrieron su pasión común por el cantante belga. "Jacques Brel es parte de mi historia, mientras que él descubrió a Brel en YouTube cuando era adolescente", expone la coreógrafa. "Ella me lo ha enseñado todo", admite Mariotte, provocador. Bromea, pero realmente pocos artistas tan jóvenes han tenido la oportunidad de crear e interpretar un dúo con un tótem viviente de la danza, en un proyecto de gran presupuesto y una extensa gira, que llega al Teatre Grec este jueves y viernes.
Brel es un espectáculo que se acerca a la discografía de Brel por todas partes: la música, la letra, la orquestación, las estructuras musicales, la interpretación, los temas de cada canción, su vida. Lo hacen con 25 temas colocados incluso de manera cronológica, pero no para hacer una biografía documental, sino para mostrar la evolución de un artista que en muy pocos años, quince, en la década de los cincuenta y sesenta, fue capaz de convocar de manera profunda y poética melodías e ideas que aún resuenan hoy sobre "el amor, la amistad, la infancia, la identidad y la muerte", dice Keersmaeker. "Brel quería ser básicamente autor, pero empezó a cantar porque nadie quería cantar sus canciones. Tuvo una vida muy intensa, con trescientas actuaciones al año, pero pagó un precio", observa la coreógrafa, que admite que sus letras y declaraciones aún hoy levantan polémica y controversia.
En el escenario despliegan un trío, que muestra la relación personal de los dos bailarines con Brel y la mirada que comparten. "Nos aproximamos de manera muy diferente, desde dos generaciones, pero eso nos permite ver qué queda tantos años después. Hay todo un arco desde Quand on n'a que l'amour, la canción con la que se hizo famoso, hasta su retiro en las Islas Marquesas y el regreso a París para grabar el último álbum, poco antes de morir. Creo que puedes notar la presencia del fantasma de Brel durante el espectáculo, con el micrófono, las imágenes, la ironía y cómo lo interpretamos con nuestros cuerpos", dice Mariotte, que cita la provocadora Le diable (ça va).
Entre un cantante nacido entre guerras, una mujer de los años sesenta y un centennial, ¿qué puede haber en común? Los bailarines creen que "las grandes cuestiones humanas", dice ella. "¿Cómo es enamorarse hoy? ¿Cómo es la amistad? ¿Y cómo es la fórmula de una canción pop hoy? Brel es muy actual y universal. Ne me quitte pas, La chanson des vieux amants, Quand on n'a que l'amour... Todo el mundo las conoce, todo el mundo siente estas emociones y continúan impactándonos", afirma el joven, que reconoce que lo escuchó de adolescente tumbado en su cama, sufriendo por amor y desamor. "Todos hemos tenido relaciones de amistad o de amor en las que nos hemos sentido perdidos. Y sí, puede ser extremo, yo no querría ser laombre de ton chien, pero hasta cierto punto todos nos hemos podido sentir sumisos, o victoriosos en el amor, o comprometidos...", añade. "Especialmente, cuando habla de amor, Brel plantea muchas preguntas. Y básicamente eso es lo mejor que puede hacer un artista: no lanzar mensajes sino plantear preguntas que resuenan diferente para cada espectador", sentencia De Keersmaeker.