Los lubricantes todavía arrastran cierta mala fama. Hay quien piensa que solo son necesarios cuando “hay un problema”, pero la realidad es muy diferente: usar lubricante es un gran aliado del placer. Lo dirá prácticamente cualquier sexóloga. De hecho, se relaciona su uso con más satisfacción sexual, porque ayuda a reducir molestias, aumentar las sensaciones agradables y hacer que las relaciones sean más fluidas y cómodas. Ahora bien, ¿qué lubricante conviene elegir? Lo más importante es fijarse en la base. Los hay principalmente tres: de agua, de silicona y de aceite.
Los lubricantes de base de agua son, en general, los más recomendables. Son los que acostumbran a ser mejor tolerados por la mucosa vaginal, se parecen más a la lubricación natural y suelen ser una opción segura y versátil. Además, son compatibles tanto con preservativos como con juguetes sexuales.
Los lubricantes de silicona, en cambio, duran más porque no se absorben por la piel. Por eso son especialmente útiles para el sexo anal o para prácticas en el agua. Ahora bien, pueden deteriorar los juguetes de silicona, así que no se recomienda combinarlos.
Finalmente, están los lubricantes con base de aceite. Aunque se han utilizado mucho y han estado presentes en el imaginario sexual popular, son los menos recomendables para un uso habitual vaginal. Pueden alterar la flora vaginal, aumentar el riesgo de irritación y, además, dañan los preservativos de látex.
En resumen, no hay un único lubricante “mejor”, sino opciones diferentes según la práctica y el contexto. Aun así, sí que es verdad que la base acuosa suele ser la opción más versátil y segura para el día a día. Elegir bien puede marcar la diferencia en el confort y el placer.