Eureka

Cómo convertir una libreta en un icono pop: el negocio de las Moleskine

Los conocidos cuadernos generan un negocio de 100 millones de euros anuales

EUREKA Moleskine WEB
16/09/2026 - 07:01 h.
3 min

En Nueva York, la joven periodista Andy Sachs acaba de entrar a trabajar como asistente de la temida directora de la revista de moda Runway. Se pasa el día corriendo por los pasillos apuntando sus órdenes en una libreta negra. En París, Amélie Poulain también lleva una en las manos. Es una camarera de Montmartre que intenta encontrar a Dominique Bredoteau, el propietario de una caja de recuerdos que ha descubierto escondida en su casa. Ha localizado a tres hombres con este nombre en la guía telefónica y ha apuntado sus direcciones para ir descartándolos.Son dos escenas de películas diferentes –El diablo viste de Prada y Amélie–, pero comparten un mismo objeto: una Moleskine. Es una libreta de tapas negras, esquinas redondeadas y goma elástica que, desde el cambio de milenio se ha convertido en un icono del diseño y en el producto estrella de una marca con presencia en todo el mundo. En 2025, la compañía facturó 117,8 millones de euros y, durante el primer semestre de 2026, las ventas crecieron un 2,2%, hasta los 52,2 millones. Pero ¿de dónde salieron estas libretas? ¿Y cómo consiguió Moleskine convertir un objeto tan sencillo en una marca conocida en todo el mundo?La libreta de Bruce Chatwin

La historia comienza hace casi 40 años. Durante mucho tiempo, el escritor y viajero británico Bruce Chatwin había utilizado unos pequeños cuadernos negros que compraba en una papelería de la Rue de l’Ancienne Comédie, en París. Eran unas libretas sencillas, fabricadas artesanalmente por una pequeña empresa familiar de Tours, en el centro de Francia, que Chatwin se llevaba a sus viajes para tomar notas, dibujar mapas y apuntar todo aquello que después podía acabar convirtiéndose en material para sus libros. En Francia, aquel tipo de cuaderno era conocido como moleskine, por el material negro y encerado con el que se recubría su tapa.En 1986, sin embargo, el fabricante cerró. Cuando Chatwin volvió a la papelería parisina para comprar más, la propietaria le comunicó que los cuadernos habían dejado de fabricarse. Antes de marcharse hacia Australia a vivir una nueva aventura, el escritor intentó recoger todos los que tenían en la trastienda. El episodio lo acabó explicando en The Songlines, el libro sobre aquel viaje que publicó al año siguiente.Casi una década más tarde, el libro cayó en manos de Maria Sebregondi, una diseñadora que trabajaba para Modo & Modo, una pequeña empresa milanesa. A mediados de los años noventa, la compañía buscaba un producto que pudiera conectar con una nueva generación de lectores, viajeros y creativos. Sebregondi estaba leyendo The Songlines cuando se topó con la historia de los cuadernos desaparecidos.Sebregondi propuso a la empresa reproducir aquel pequeño cuaderno negro, conservar sus rasgos más reconocibles y convertir el nombre genérico con el que el escritor lo había descrito en una marca. En 1997, Modo & Modo puso a la venta las primeras 5.000 libretas Moleskine.De libreta a marca global

El éxito, sin embargo, no dependió solo del diseño. Modo & Modo decidió vender las Moleskine principalmente en librerías y tiendas de diseño, en lugar de tratarlas como un simple artículo de papelería, e incorporó al producto la historia que la había inspirado.La fórmula funcionó: en 1999 ya se podía comprar por toda Europa, en los Estados Unidos y en Japón y, con los años, la compañía amplió el catálogo con agendas, instrumentos de escritura, bolsos y otros accesorios. La aparición de los ordenadores portátiles y, más adelante, de los teléfonos inteligentes no frenó su expansión. Al contrario, las libretas generaron comunidades de aficionados en internet que compartían fotografías de sus cuadernos y contribuyeron a convertirlas en un objeto de culto.El crecimiento acabó atrayendo a los inversores. En 2006, Modo & Modo fue adquirida por un grupo encabezado por el fondo Syntegra Capital y la compañía adoptó definitivamente el nombre de Moleskine. En 2013 salió a la Bolsa de Milán, pero la etapa como empresa cotizada fue corta: en 2016 el grupo belga D’Ieteren adquirió su control y al año siguiente la retiró de bolsa. Casi tres décadas después de aquellas primeras 5.000 libretas, Moleskine continúa formando parte del grupo belga y ha convertido el pequeño cuaderno que Bruce Chatwin echaba de menos en un negocio que factura más de cien millones de euros anuales.

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