El misterioso caso de la vampira de Polonia: “Era percibida como un ser demoníaco”

Un grupo de arqueólogos estudia la historia de una joven del siglo XVII profanada con una hoz y un candado antivampiros

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Vista de un cementerio polaco
Iker Mons
02/11/2026 - 07:36 h

En el cementerio de Pień, Polonia, los muertos tenían prohibido volver; los vivos se aseguraban de ello. Los vecinos de la región enterraban a sus familiares boca abajo, con pesadas piedras sobre el pecho, los brazos, el cuello o entre los muslos, y con cadenas en los tobillos o hoces en el cuello. Todo para evitar que vampiros, no muertos o criaturas de la noche regresaran para traer plagas y enfermedades. El primer no muerto aparece en la ficción con El vampiro de John William Polidori en el año 1819, décadas antes del flamante Drácula de Bram Stoker (1897). En la realidad del este europeo, sin embargo, la palabra eslava se utiliza un siglo antes. En el año 1725 el diario austríaco Wienerisches Diarium ya menciona a los vampiros para describir los informes médicos de supuestos casos de no muertos en Serbia y Hungría.

En Polonia, se descubrieron 103 tumbas del siglo XVII con cuerpos con anomalías funerarias que se podrían explicar por prácticas antivampíricas. Así lo apunta Dariusz Polinski, autor principal de un estudio sobre estas prácticas publicado en el Journal of Archaeological Science: Reports. El caso de Zosia, una joven acomodada, es el más particular de los analizados hasta ahora: una chica encontrada con una hoz en el cuello y un candado en el pie. “Probablemente era percibida como un ser demoníaco”, asegura Polinski a l’ARA.

“El cementerio posmedieval [del siglo XVII] de Pień se utilizó principalmente para enterrar a habitantes rurales locales, muy probablemente miembros de una comunidad protestante. Sin embargo, parece que hubo excepciones a este patrón, entre ellas el entierro de Zosia”, detalla el doctor. Zosia sufrió la lacra de tener una “mala muerte”, término usado para casos relacionados con enfermedades o muertes repentinas que provocaban terror entre los habitantes de la región. “Las prácticas funerarias atípicas que implicaban la colocación de objetos en las tumbas se identificaron principalmente en personas jóvenes, incluyendo a niños”, explica. En el año 2022, cuando los arqueólogos desenterraron a Zosia –nombre otorgado al esqueleto–, el macabro estado del cuerpo atrajo miradas internacionales y acaparó la producción del documental Fields of Vampires, que siguió al equipo investigador para encontrar indicios que explicaran la encarnizada profanación de Zosia.

Un cementerio pagano

El yacimiento de Pień, cerca de Dabrowa Chelminska, se empezó a excavar en 2005. Polinski y su equipo han desenterrado allí tumbas utilizadas durante unas cuatro generaciones a lo largo del siglo XVII. No hay cruces, ni medallas ni ningún objeto devoto. El cementerio se encuentra en una zona donde luteranos y menonitas venidos de Alemania y los Países Bajos convivían con una población polaca mayoritariamente católica.

Lo que distinguía a Pień, sin embargo, no eran las creencias; era su geografía. El cementerio se levanta lejos del pueblo, en una pendiente, cerca de un cruce de caminos, alejado de cualquier iglesia o capilla. Allí enterraban a los rechazados por la comunidad, fueran cuales fueran los motivos. Herejes. Forasteros sin arraigo. Personas muertas de una manera considerada trágica. “Se trataba, probablemente, de lugares de entierro para individuos rechazados por la sociedad, independientemente de su estatus social, a los cuales probablemente se temía incluso después de la muerte”, escriben los autores del estudio.

Un niño enterrado boca abajo. Un esqueleto en posición de crucifixión. Piedras colocadas alrededor de un cráneo, como para impedir su movimiento o la mordida. Y, aquí y allá, hoces y candados. Otro niño –encontrado en un entierro vecino– apareció decapitado, con el cráneo situado entre las piernas y un candado “antivampiros”. “Actualmente calculamos que al menos una docena de las tumbas excavadas presentan prácticas funerarias atípicas, incluyendo medidas destinadas a proteger a los vivos de los muertos”.

Una segunda profanación

La muerte no fue el final de Zosia. La joven fue desenterrada tiempo después para asegurar su perpetuidad bajo tierra, aplicando a sus restos esqueléticos más medidas antivampíricas. “La hoz fue añadida después de que la tumba fuera reabierta, y no hay ninguna duda de que esto pasó antes de que el proceso de esqueletización se hubiera completado”, dice el investigador. El motivo, nunca determinado con pruebas, solo se puede sospechar. “Para proteger a los vivos de la influencia o las acciones nocivas de la difunta, que parece que era percibida como un ser demoníaco”, reitera Polinski.

Durante el siglo XVII los habitantes de la región vivían en “condiciones extremadamente difíciles”, marcadas por la llamada Pequeña Edad de Hielo. Además, Polonia pasó de ser refugio de tolerancia religiosa a convertirse en bastión indestructible del catolicismo debido al éxito de la Contrarreforma, que, con el apoyo de monarcas como Segismundo III Vasa, revirtió la tendencia pluralista. Las constantes invasiones de potencias extranjeras no católicas, como la Suecia luterana y la Rusia ortodoxa, sellaron la identidad nacional polaca en la fe católica.

“La decisión de profanar la tumba [para incluir la hoz en el cuello] podría haber sido tomada por los familiares de Zosia o por miembros de su círculo social inmediato, quizás bajo la presión de otras personas. No sabemos quién la llevó a cabo”, apunta Polinski. Después de la reapertura de la tumba, sus restos no volvieron a ser profanados. La hoz alrededor del cuello se colocó “con cuidado, con el filo orientado hacia su cuello”, como si se tratara de alguien que le tenía estima. “Las personas implicadas temían la influencia nociva que atribuían a Zosia y, a la vez, conservaban un cierto grado de respeto hacia ella”, detalla.

Los investigadores reiteran que son meras especulaciones. Lo que sí que parece clara es su posición social. Cerca del cráneo había restos de seda con hilos de oro y plata puros, probablemente de un sombrero o de una gorra. Ni siquiera en las vestiduras funerarias del rey Segismundo III Vasa o de la reina Constanza de Habsburgo, enterrados casi al mismo tiempo en Cracovia, había presencia de hilos de oro puro, según compara el mismo estudio. Zosia, fuera quien fuera, era de buena familia, pero ni su posición noble pudo salvarla del miedo atávico a los demonios, las plagas y las criaturas de la noche.

La causa de su muerte es todavía un misterio. Un estudio anterior aseguraba que Zosia sufría un hemangioma en el esternón, un tumor vascular que podría haberle provocado mucho dolor y una deformación visible en el pecho. Sin embargo, el nuevo análisis no ha encontrado ningún traumatismo o patología que explique su muerte. Polinski apunta que “hasta ahora no se ha identificado ningún caso” de suicidio, muerte violenta, traumatismos, ejecuciones o envenenamientos entre los cuerpos de Pień.

“Aunque la muerte era, en cierto modo, una parte normal de la vida en este periodo difícil, nuestra investigación ha confirmado que el miedo a ciertos difuntos podía ser muy intenso”, explica Polinski, que continuará las excavaciones con su equipo en Pień. El especialista confiesa que el número de profanaciones atípicas en el cementerio pagano “puede aumentar a medida que avancemos”. Hay previstas nuevas publicaciones, que “acabarán conduciendo a un estudio monográfico completo del cementerio postmedieval en forma de libro” para recoger todos los casos atípicos antivampíricos.

Actualmente, la investigación continúa con estudios muy detallados de cada resto esquelético de individuos seleccionados, incluyendo a Zosia, por supuesto. Sin embargo, Polinski es realista con los resultados. “Solo el tiempo dirá qué preguntas no podremos responder al final y, desgraciadamente, habrá respuestas que nunca llegarán”, concluye.

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