Memoria

Mi niñera era una espía de Stalin

La escritora Laura Ramos destapa, décadas después, la doble vida de África de las Heras, la espía española más condecorada por la URSS: “Para mí fue la asesina de Trotski”

Iker Mons
23/08/2026 - 08:04 h.

Buscar la vida de una espía es perseguir el rastro de un fantasma. África de las Heras, nombre en clave Patria, fue una amiga, una niñera, una cuidadora, pero también una desconocida, una asesina, una espía y una heroína. “Era todo a la vez”, confiesa la escritora y columnista argentina Laura Ramos, que ha reconstruido la vida de la espía en el libro Mi niñera de la KGB. De las Heras, escondida bajo el nombre de María Luisa, fue una supuesta modista española que se convirtió en la espía soviética más galardonada del KGB, implicada en la resistencia comunista contra el dictador Francisco Franco, en el combate contra las tropas alemanas en Ucrania, en el intento de atentado contra Che Guevara y en el asesinato del sucesor de Lenin, Lev Trotski. “Su trabajo consistía precisamente en no dejar ningún rastro. Pero, paradójicamente, los descubrimientos más importantes llegaron por la puerta de atrás, a través de los recuerdos de los niños que habíamos sido cuidados por ella”, asegura la escritora, apuntando a una búsqueda de la memoria intangible, archivística y, prácticamente, mítica de María Luisa.

Cuando Laura Ramos comenzó a investigar a la mujer que había sido su niñera durante la infancia en Montevideo, pensaba solo en escribir un libro de memorias. Sin embargo, la trama capta un entramado de mentiras mucho mayor. "Viajé a Ceuta, luego a Cambridge, donde se conservan los papeles que una espía arrepentida del KGB escondía dentro de los zapatos cuando salía de la Lubianka (apodo de la sede del servicio secreto soviético). Entre aquellos nombres estaba el de mi María Luisa”, asegura. También en México, Cuba e Israel, había recorrido medio mundo para comprobar la memoria póstuma de una desconocida amiga. El resultado es una investigación infinita de leyendas, de bibliografía y rumorología, de secretos y escondites, de cadáveres en los armarios y un recorrido para saber quién fue realmente la confidente familiar.

Cargando
No hay anuncios

Misiones para el KGB

Esos documentos, procedentes de los archivos recopilados por el ex agente soviético Vasili Mitrokhin, confirmaron que mientras cuidaba niños en Montevideo, África de las Heras continuaba desarrollando misiones internacionales. En México, estuvo tres meses en el secretariado de Trotski. Allí consiguió infiltrarse en la casa de Frida Kahlo, donde el mandatario ruso se alojaba, y permaneció allí durante otros tres meses. “Hizo los planos de una de las dos casas donde vivió Trotski y elaboró un informe detallado de todo el secretariado que lo rodeaba. Esa información fue clave para el asesinato”, explica. Sin embargo, quedan dudas. Una implicación tan plana no justifica recibir las condecoraciones soviéticas más elevadas.

Cargando
No hay anuncios

“Si recibió tantas medallas, si es la persona española –no solo una mujer, sino cualquier persona, hombre o mujer– que más reconocimientos ha recibido de la Unión Soviética, con el grado de coronel, si recibió más galardones que el mismo asesino de Trotski, Ramón Mercader, ¿cuál fue exactamente su papel?”, se pregunta.

Durante los años sesenta, María Luisa formaba parte del círculo íntimo de los padres de Ramos. Recogía a los niños a la salida de la escuela y los llevaba a su casa, donde les ofrecía pasteles de las mejores confiterías de Montevideo. "Era una modista, una mujer cordial pero distante. Era simpática, inteligente, sin acento español. Nos trataba de usted, como se hacía entonces. No era la abuela tierna de Caperucita Roja. Nos trataba de igual a igual. Pero nos conquistaba con los pastelitos de La Mallorquina o de El Oro del Rhin, las mejores confiterías de Montevideo”, recuerda.

Cargando
No hay anuncios

La normalidad era una fina frontera entre la verdad y la mentira. "Todo el tiempo me muevo entre ellas", explica. "Pongo certificados de nacimiento, de defunción, cartas, documentos oficiales, pero también rumores, chismes y testimonios orales. Muchas veces estas historias acaban corroborando los documentos", continúa. Como un mito clásico, María Luisa se convirtió en leyenda, un manojo constante de dudas y cuestiones muertas en su tumba. "Si la hubiera podido entrevistar, primero le preguntaría cuál fue exactamente su papel en el asesinato de Trotski. Pero después le haría una pregunta mucho más íntima: ¿nos amaste de verdad?", reflexiona la autora.

En una de las primeras entrevistas para el libro, al domador de caballos Luis Ramírez, de quien María Luisa era la madrina, Ramos le pregunta:

Cargando
No hay anuncios

—Antes de marcharse de Uruguay, María Luisa repartió todas sus cosas entre los amigos. ¿A ti qué te dejó?

Después de pensarlo un rato, él responde.

Cargando
No hay anuncios

—¡A mí me regaló la vida!

Al descubrirse el pasado de María Luisa, después de que su identidad quedara al descubierto a raíz de la confesión del exjefe del KGB, Pável Sudoplátov, “el escándalo y el estupor se extendieron entre el círculo de amigos de María Luisa”, confiesa. “Al principio se sintieron engañados, se sintieron estúpidos. Pero, al mismo tiempo, cuando supieron que se había lanzado en paracaídas tras las líneas nazis en Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial, se sintieron orgullosos de haber sido amigos de una heroína”, continúa.

Cargando
No hay anuncios

"Lo que más me impresionó fue descubrir que en la misma sala donde nos daba la merienda había envenenado a su marido", explica Ramos. Se trataba de su tercer marido, el espía italiano conocido como Valentino Marchetti, pero identificado dentro del KGB con el nombre de guerra Marco. Según una grabación encontrada durante la investigación, una antigua colaboradora aseguraba que María Luisa lo había envenenado.

La misma cinta revelaba otro crimen, según este testimonio: María Luisa también habría ordenado asesinar al historiador uruguayo Arbelio Ramírez, marido de su asistente, cuando este quiso abandonar la red soviética.

Cargando
No hay anuncios

La genialidad de la operación, sostiene Ramos, fue hacer coincidir el crimen con la visita del Che Guevara a Montevideo en 1961. "Todo el mundo pensó que la bala iba destinada al Che. La policía también. Pero la viuda siempre mantuvo que el verdadero objetivo era su marido, porque quería salir del KGB", explica. Dos asesinatos dilatados en el tiempo que compartían vínculo. El mismo médico del Partido Comunista que practicó la autopsia de Arbelio Ramírez es quien años más tarde firmó el certificado de defunción del marido italiano de María Luisa. "Es una coincidencia extraordinaria", afirma Ramos.

Cargando
No hay anuncios

Un secreto de dominio público

Luis Ramírez, como hijo de la bibliotecaria y del historiador que María Luisa había reclutado como espías para el KGB, ya conocía quién era África de las Heras en realidad. “Antes de morir, su madre había dejado aquella cinta grabada en la que lo explicaba todo”, relata. Entre los amigos y vecinos de Montevideo, los padres de Ramos y los familiares cercanos lo sospechaban y, si lo sabían, lo ocultaron. Apartaron la mirada, al fin y al cabo, eran de ideología simpatizante. “También viajé a Ceuta, donde hablé con una sobrina nieta de María Luisa, que me explicó que la familia sospechaba que su tía había asesinado a su primer marido, un militar ceutí".

En el mismo libro, Ramos se cuestiona si continuar indagando. En el momento de constatar los crímenes se pregunta cuántos huesos más desenterraría este libro. Sin embargo, descubrió muchas más vidas salvadas. “Al principio, para mí era la asesina de Trotski. Pero, entre tantos descubrimientos, me encontré con que había salvado a decenas y centenas de españoles que querían huir hacia Francia después de la Guerra Civil, abriéndoles caminos a través de los Pirineos. O que se había disfrazado de sirvienta en París para infiltrarse en las oficinas de la Gestapo para localizar listas de españoles que los nazis pretendían ejecutar y, según los bloques que encontré, los habría salvado a casi todos”, asegura la autora. Quizás María Luisa será un mito para siempre, pero Laura Ramos, la niña que la conoció “a través de la entrada de la cocina”, ahora ha conseguido formar una imagen de quién era. “María Luisa sigue siendo una asesina, pero también es una heroína del siglo XX”, concluye.