Roland Garros: entre el deporte y la pasarela

Tules, lazos, lentejuelas, perlas, corsés... podrían ser los ingredientes de un desfile de alta costura parisina, pero estos días forman parte de uno de los grandes escenarios del deporte mundial: Roland Garros. La tenista Naomi Osaka ha vuelto a convertir su entrada a pista en un acontecimiento visual, con una serie de vestidos diseñados por el creador suizo Kevin Germanier que han generado tanta conversación como algunos de los partidos del torneo. No era la primera vez. El año pasado ya había sorprendido con un espectacular vestido de Robert Wun inspirado en una medusa. Este año, Osaka ha accedido a la pista vestida de gala, con una falda de tul transparente y un corpiño confeccionado con piezas recicladas. Una vez en su sitio, sin embargo, se desprende de esta primera capa para revelar otra de color cobre que se confunde con la tierra batida, pero que al mismo tiempo emite reflejos metálicos inspirados, según el mismo Germanier, en la iluminación nocturna de la Torre Eiffel. Se produce así una auténtica transformación escénica: primero aparece la Naomi-celebridad, casi como si desfilara por una alfombra roja; después emerge la Naomi-deportista preparada para competir. Esta estructura de revelación pertenece tradicionalmente al lenguaje de la moda y del espectáculo más que al del deporte. No es de extrañar que algunos comentaristas hayan acuñado el término court-ure, fusión de court (pista) y couture (alta costura), para describir este fenómeno. Y todo ello adquiere una curiosa resonancia histórica si tenemos en cuenta que la escena tiene lugar en la pista Suzanne Lenglen, la gran tenista francesa que, a principios del siglo XX, comprendió antes que nadie que transformar la ropa de las jugadoras significaba transformar también su lugar en sociedad.

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Este fenómeno no es exclusivo del tenis femenino. En esta misma edición de Roland Garros, Novak Djokovic ha lucido una sorprendente chaqueta creada por Lacoste, inspirada directamente en la textura y los colores de la tierra batida. Para reproducir sus irregularidades características, la marca incluso ha empleado tierra real de las pistas de París en el proceso de fabricación. Al igual que en el caso de Osaka, la prenda trasciende la mera funcionalidad deportiva para convertirse en una narrativa visual vinculada a la identidad del torneo. Una elección casi premonitoria si tenemos en cuenta que, contra todo pronóstico, el serbio pasó de vestirse de "tierra batida" a ser "abatido" ya en la tercera ronda. La pregunta es, pues: ¿cómo es posible que un torneo de tenis se haya convertido en uno de los espacios donde la moda genera más expectación mediática?

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Sin uniforme y de la élite

El tenis no es el deporte con más repercusión. El fútbol y el baloncesto continúan concentrando buena parte de la atención global. Sin embargo, mientras sus protagonistas deben someterse a la disciplina del uniforme de equipo, el tenis ofrece una libertad excepcional para construir una identidad visual propia. Tampoco exige una indumentaria tan condicionada por la técnica como el ciclismo o la natación, donde la ropa se encuentra subordinada a criterios de aerodinámica y rendimiento. Y, a diferencia de otras disciplinas como el patinaje artístico, donde la espectacularidad forma parte del espectáculo mismo, en el tenis continúa conservando una cierta capacidad de sorpresa. Pero uno de los factores que explican el interés de la moda por el tenis es su histórica vinculación con las élites sociales. El golf comparte algunos de estos rasgos: tradicionalmente asociado a las clases acomodadas y sin uniforme de equipo. Pero, mientras sus retransmisiones son fragmentadas y alternan constantemente entre diferentes jugadores, el tenis concentra la mirada sobre dos únicos jugadores, en un ambiente de silencio, expectación y tensión contenida. Cada gesto, cada ritual, cada expresión, cada movimiento e, incluso, cada respiración son observados con una atención extraordinaria. Se crea así una especie de mística alrededor del cuerpo del tenista que pocos deportes consiguen generar. Y es precisamente esta combinación de distinción social, visibilidad y fascinación la que ha convertido el tenis en un terreno especialmente fértil para la moda, la cultura de la celebridad y la construcción de identidades públicas.