Zoe Bonafonte: «Sin mi terapeuta no sé cómo habría transitado por el éxito de 'El 47'»

Actriz. Este viernes estrena 'Ruega por nosotros'

9 min
Zoe Bonafonte durante la sesión de fotos con Xavier Bertral, para la portada del suplemento de domingo del diario ARA
04/11/2026 - 12:12 h

BarcelonaHace dos años se subió a El 47 y desde entonces no ha dejado de circular por el cine. Su viaje de debut fue también el de la consagración. La vocación venía de lejos y la proyección parece ahora infinita. Estrena Ruega por nosotras, la película de Daniel Monzón que denuncia una nueva vergüenza del franquismo: el Patronato de Protección de la Mujer, una institución donde se encerraba y se maltrataba a mujeres consideradas conflictivas o rebeldes. Sólido cine social con el rostro luminoso de esta mujer de 22 años empática, analítica y combativa.

Tu amor por el cine es enorme y precoz.

— Recuerdo mi infancia, siempre relacionada con las artes. No vengo de una familia de artistas, pero mi madre siempre ha fomentado esta parte. Y a mí me gustaba mucho el cine, mucho, mucho, mucho, y era muy técnica a la hora de mirarlo, ya que entendía por qué una peli era mejor que la otra.

Es decir, desarrollaste un criterio muy pronto.

— Desde muy pequeña. Me fijaba mucho en la fotografía, qué tipo de plano usaban para explicar alguna cosa. Entendí fácilmente el lenguaje audiovisual y me gustaba mucho. Y me estaba planteando, de hecho, formarme y dedicarme al cine, pero desde ese lado, un punto más de dirección o de guion, que no descarto.

Es en los Estados Unidos donde te decides por la interpretación, ¿verdad?

— Sí. A los 15 años me dieron una beca y allí descubrí la interpretación como una forma de ver la vida... La pasión, porque en los Estados Unidos se focaliza mucho, es decir, se pasan un montón de horas practicando para ser jugador de baloncesto o actriz de musicales. Es allí donde veo que la interpretación tiene potencial de futuro. Vuelvo y, con 16 años, le digo a mi madre que necesito ir a Madrid porque tengo que ser actriz. Aunque ya sabía que de esto viven solo el 7% de los actores; el 93% están en el paro.

¿Cómo fueron aquellos primeros años sola en Madrid?

— Fueron duros, no mentiré. No tenía una red de amigos, ni de familia, ni nada. Fue un período muy solitario. Y soy una persona muy autoexigente. Siempre he sido buena estudiante, pero hacer el bachillerato escénico y a la vez trabajar, hizo que mis notas, que siempre habían sido de excelentes, cayeran. Pero mi madre me quitaba presión, me amenazaba y me decía, “¡es que te devuelvo a Barcelona como no dejes de intentar sacar buenas notas!”

Zoe Bonafonte fotografiada en el Raval, en Barcelona.

¿Y cómo te vas acercando a tu objetivo?

— Utilizando mi capacidad analítica. Soy buena encontrando patrones. Analicé las agencias, qué actores representaban, cuáles estaban funcionando y cuáles no. Y qué material presentaban los que más trabajaban. Hice un dosier, algunos correos electrónicos y lo envié a los representantes que más me gustaban de todo el Estado, y dentro de mi top-3 estaba la agencia que me ha representado desde entonces. No puedo estar más agradecida con ellos, porque normalmente un agente de la talla de mis agentes no acepta a alguien sin experiencia a menos que sea porque ven algún potencial en esa persona. Y mi agente siempre lo dice, que de repente una chica de 16 años llegó a la oficina ... con un gran deseo de ser actriz.

¿Eres tan analítica a la hora de afrontar los personajes?

— Sí, pero también he tenido que aprender a dejarlo ir, porque con demasiado análisis se corre el riesgo de perder la espontaneidad. Esto lo hago en casa, pero a la hora de rodar desaparece. Y entra la intuición. Pero sobre todo es cuestión de empatía. Creo que la empatía es la guinda del pastel.

¿La empatía respecto al personaje que interpretas?

— Respecto a la gente, a la vida. Es así. Empiezas desde ahí y comienzas a empatizar con la persona que quieres interpretar. Después añades técnica, talento, constancia... Muchas cosas. Pero si ya eres una persona empática, tienes mucho ganado como actor.

Y también a la hora de rodar, porque a fin de cuentas es un trabajo en equipo.

— Absolutamente. Eres una hormiga dentro de un sistema muy grande. Si alguien te está aguantando un paraguas en un momento, es para que no te quemes y para que en la escena de mañana no tengas la cara roja, no es porque seas Cleopatra, ¿sabes? Es decir, poner un poco de tierra.

Protagonizas Ruega por nosotras, una historia estremecedora basada en hechos reales. En 1974, una chica considerada rebelde es ingresada en el llamado Patronato de Protección de la Mujer para que unas monjas se encarguen de “enderezarla”. Allí, ella y sus compañeras son sometidas a todo tipo de vejaciones. ¿Cómo te acercas a Ana?

— Mi personaje es una mezcla de muchos testimonios, un retrato de muchas personas, para que las mujeres que pasaron por allí también puedan sentirse identificadas y que no sea un biopic de cuatro o de cinco. Mis apoyos han sido informarme sobre ellas a partir de libros, entrevistas y pódcasts. En aquel momento no pude hablar con ellas directamente, pero ahora sí estoy en contacto con Consuelo García del Cid, la autora del libro que da título a la película. Me llevo muy bien con ella, la admiro mucho. Es la pionera en sacar al Patronato a la luz.

Una institución franquista que estuvo vigente hasta 1985.

— Hasta 1986 ahora se dice. Es una barbaridad. Pero a la hora de interpretar a estas mujeres yo tengo clarísimo que las protagonistas de esta historia son ellas. Nosotros somos solo la carne y la cara que se pone ante la cámara. Sí, somos literalmente un medio de empatía. Cuando leía o escuchaba los testimonios te juro que... se me rompía el alma. Porque la peli es la peli, pero de repente recuerdas que esto pasó de verdad.

La actriz fotografiada en el CCCB.
Retrato de la joven actriz catalana Zoe Bonafonte.

¿Entiendes la decisión final de tu personaje?

— Sí. Creo que toma una decisión muy a favor de ella y a favor de la historia, al fin y al cabo. Quizás podríamos decir que, incluso del lugar más duro y más horroroso, hay maneras de salir adelante. Es una historia de supervivencia, y ella toma una decisión para sobrevivir.

La película habla también de la red, de la amistad, de la familia elegida. Eso salva vidas, ¿verdad?

— Sí. Y aquí era también donde debíamos aferrarnos las actrices: al hecho de que eran jóvenes y podían ser amigas. Tener esto como eje de la película. El aquí y el ahora. Porque sus casos se analizarán en el futuro, no ahora. De momento, Ana no sabe que forma parte de un sistema y que hay muchísimas como ella.

Claro, no sabe qué pasará...

— No sabe dónde está. Está enfadadísima, porque la han metido allí sus padres. Está encerrada y tiene mucho miedo. Y no puede tener una empatía desde fuera por lo que le está pasando, porque lo está viviendo. Su caso se analizará en el futuro, no ahora. Y, como en el cine no se rueda cronológicamente, tenía que tener muy claro en todo momento dónde estaba, de dónde venía, cuál era la siguiente cosa que pasaba, por coherencia, para no adelantarme. Tenía que ir construyendo el arco del personaje muy progresivamente y este era un reto gigante. Es una peli con 179 escenas y estoy en 177, creo.

¿Es el rodaje más duro que has hecho hasta ahora?

— Sí, tanto emocional como físicamente. Fueron nueve semanas, cinco de las cuales de lunes a sábado, diez horas al día. El equipo sí que hacía rotación, pero yo no podía, porque estaba en todas partes. Era muy cansado. En la semana dos o tres perdí la voz porque la voz es... un transmisor emocional. Me detectaron nódulos y me dijeron que tenían que operarme. No podía ser y empecé logopedia sin dejar de rodar. Me comunicaba con el director con una pizarra y solo hablaba en las escenas.

¿Cómo se está recibiendo la película?

— La gente que no sabía nada del Patronato dice “buah... qué peli tan dura, esto es horrible”. Por eso tengo la esperanza de que esta película pueda servir para que todas estas mujeres salgan del armario, se sientan orgullosas. Porque ellas no se quieren llamar víctimas, se llaman supervivientes, porque las víctimas son las que se quitaron la vida ahí dentro. Las mujeres que lo han vivido dicen: “Veo todo lo que pasó, porque está todo, pero no me hace sentir lo que me hacía sentir”. Ver y hablar de este dolor ayuda a mitigar el trauma. Ya está. O sea, la peli tiene sentido. Ojalá sirva para que la gente sepa lo que pasó, pero sobre todo para que estas mujeres puedan tener el micro y aprovechar que el cine se interesa por su historia.

Fundamental siempre, y más en un momento en que se banaliza el franquismo...

— Sí, y estoy bastante... no sé, decepcionada. Porque es como... “Ostras, ¿en serio?” Con todo el auge de la ultraderecha y con gente de mi edad romantizando la dictadura. Y muchas mujeres, que digo... “pero, un momento, ¿tú eres consciente?” O sea, lo puedo medio entender de una persona que no perdería ningún derecho en aquella época y si no tienes empatía hacia los demás. Pero... ¿de una mujer? Es que es como... “¡Tía, mírate la peli!”

Tu generación está ahora en el centro del debate a raíz de la crisis de la vivienda, que ha llevado a las acampadas en Sol o en la plaza Cataluña. ¿Crees que se está haciendo bien, esto?

— No puedo hablar en nombre de mi generación porque tampoco me siento nadie para hacerlo. Y porque no tengo tiempo para la militancia activa. Hace más de tres años que no tengo vacaciones. Pero sí creo que hay mucha gente haciendo cosas. Estuve en Sol ayudando una tarde, y el grado de organización es impresionante. Y me consta que en plaza Cataluña es igual. Había carteles que decían “Si te vienes a drogar o a beber, te vas pa tu casa”. Esto es una movilización pacífica, donde se respetan las normas. La gente está trabajando, teletrabajando y estudiando. El día que me presenté allí estaban cantando Gallo rojo, gallo negro [el himno antifranquista que ella interpretó en la escena final de El 47] y una chica me dijo: “Esta es por ti”. Y yo: “No, no, por mí no es”. Fue... muy emocionante. Estoy súper a favor de manifestarnos, de romper esta etiqueta de “generación de cristal”, que no hace nada. Se hacen cosas, y tanto. La gente hace muchas cosas. Me da esperanza, de verdad. Sí, estoy muy orgullosa de ello.

La actriz Zoe Bonafonte en uno de los momentos de la sesión con el ARA.

Te has especializado en interpretar a mujeres valientes, fuertes y combativas. ¿Es una manera de ejercer el activismo?

— Cuando decidí ser actriz mi sueño era hacer películas de cine social. Porque antes que actriz, soy persona y tengo valores. Y dos años después de empezar me llega El 47: ¡el Marcel Barrena me hizo el regalo de mi vida! Y a partir de aquí se me empieza a considerar para este tipo de papeles. Que no quiere decir que en los proyectos que no sean sociales me involucre menos, porque a mí me encanta actuar, y me encanta poder hacer personajes de todo tipo. Pero es verdad que cuando me llega una perla como Ruega por nosotras digo: “Es que por eso soy actriz, ¿sabes?” La peli es importante, pero no lo es tanto como la historia que explicamos. Esto es una cosa que tanto el Daniel Monzón, el director, como yo tenemos súper presente.

¿Cómo mantienes el centro en esta vorágine de rodajes y promociones?

— Con terapia. La gente me dice a veces que me he tragado a una vieja, me lo dicen porque creen que tengo, cómo, uy, una inteligencia emocional y no sé qué, y digo, “he ido a terapia mucho... mucho tiempo, o sea, ¿qué esperas, sabes?” Yo no me imagino haber transitado lo que transité con todo el éxito de El 47 sin estar acompañada de mi terapeuta. Y además es una mujer que trabaja con actores, que eso ayuda, porque hay muchas cosas que no se las tengo que explicar. Y continúo yendo, entre otras cosas, para no vincular mi valía personal a mi trabajo y para ser consciente de que no tengo nada asegurado, que hay mucha purpurina.

Después de tanta intensidad, ¿no te apetece algo más ligero? ¿Un musical?

— Me encantaría. He tenido solo una oportunidad de hacer casting para una película musical. Y no me cogieron. Me habría encantado, la verdad. Pero también está bien, eh, que no todo salga redondo, porque, si no, es que te instalas en una especie de burbuja irreal, ¿no? Me gustaría mucho hacer un musical en algún momento, pero hoy en día no sé si tengo esas aptitudes tan desarrolladas todavía.

Cerramos el círculo. Hemos empezado hablando de una niña muy cinéfila. ¿Tienes tiempo de ir al cine, ahora?

— Ver películas en el cine es algo que no quiero sacrificar. Porque me encanta y es parte de mi trabajo. Inevitablemente, me fijo en las interpretaciones y me ayudan también como actriz. Es muy importante ir al cine, para todo el mundo, pero sobre todo si te dedicas a esto.

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