40 años hasta el infinito y más allá
El estudio que revolucionó la animación mundial celebra el 40 aniversario habiendo superado la peor etapa de su historia
Cuando en 1986 Steve Jobs, cofundador de Apple, compró por cinco millones de dólares una pequeña división informática de Lucasfilm –productora de Star Wars–, probablemente no se imaginaba que estaba adquiriendo el estudio que revolucionaría y dominaría la animación mundial. Aquella empresa pasó a llamarse Pixar, y este 2026 cumple 40 años. Un aniversario que llega en un momento agridulce: después de una crisis profunda, el estreno de Hoppers en el mes de marzo –con 45 millones de dólares recaudados el primer fin de semana– apunta que el estudio ha encontrado nuevamente su camino.
La historia de Pixar no es la de una empresa convencional. En 1974 Alexander Schure, fundador del Instituto Tecnológico de Nueva York, reunió a un grupo de científicos informáticos liderados por Ed Catmull, que años después se convertiría en el gran arquitecto intelectual del estudio, con un objetivo claro: crear la primera película de animación generada por ordenador. En 1979 Lucasfilm los fichó para formar una división llamada Graphics Group, el embrión de lo que sería Pixar. Más tarde, cuando Jobs adquirió la compañía, acordó un contrato de distribución con Disney que lo cambiaría todo.
El modelo de negocio era simple pero brillante: Pixar producía, Disney distribuía y ambos se repartían los beneficios. En el año 1995 Toy Story recaudó 365 millones de dólares con un presupuesto que rondaba los 30 millones. La rentabilidad era abrumadora. En los siguientes años, Pixar perfeccionó una fórmula que combinaba innovación tecnológica propia –el estudio acumula cientos de patentes– con una narrativa emocionalmente sofisticada. Monsters Inc. , Buscando a Nemo, Los increíbles, Wall-E o Up. Cada título superaba al anterior en ambición y en taquilla.
El éxito de Pixar acabó convirtiéndose en un problema para Disney. El socio distribuidor veía cómo el estudio generaba valor de manera sistemática mientras su propia división de animación encadenaba fracasos. En el año 2006 Bob Iger –consejero delegado de Disney– cerró la compra de Pixar por 7.400 millones de dólares. Entre 2006 y 2013, los ingresos de la división de entretenimiento de Disney –donde se incorporó Pixar– crecieron de manera modesta.
El inicio de una crisis profunda
El año 2018 marcó el principio del declive. La salida forzada de John Lasseter –director creativo del estudio– por acusaciones de acoso sexual abrió una hemorragia de talento. Brad Bird, director de Losincreíbles y Ratatouille, se marchó en 2019. Lee Unkrich, director de Coco, también. Incluso Catmull abandonó la compañía ese mismo año. Pixar había perdido su núcleo creativo fundacional.
Los efectos se notaron inmediatamente en las cuentas. En los resultados del año 2019, a pesar del estreno de Toy Story 4 –que recaudó más de 1.000 millones–, el ingreso operativo del segmento de Studio Entertainment cayó un 11% hasta los 2.686 millones. Pero la decisión que resultó más costosa fue otra: durante la pandemia, Disney optó por estrenar Soul (2020), Luca (2021) y Turning Red (2022) directamente en Disney+, su servicio de streaming. El coste estratégico fue enorme. Películas comparables de la competencia hacían entre 200 y 500 millones de dólares. Pixar renunció a aquellos ingresos y abrió la puerta a una manera diferente de consumir: entrenó al público a ver sus películas gratis, incluidas en la suscripción mensual de Disney+.
La pandemia golpeó a toda la compañía. En los resultados fiscales del año 2020, los ingresos operativos de Studio Entertainment cayeron un 16% respecto a 2018. La respuesta inmediata fue devolver los estrenos a los cines con Lightyear en 2022, pero este movimiento no mejoró las cosas. El público había dejado de asociar Pixar con un evento que valiera la pena pagar. El punto más bajo llegó en junio de 2023. Elemental, con un presupuesto de 200 millones de dólares, recaudó 29,5 millones en su fin de semana de estreno en Estados Unidos: el peor debut en su historia cinematográfica.
La solución: "Sigue nadando"
La respuesta fue quirúrgica. El presidente de Pixar, Jim Morris, anunció en mayo de 2024 el mayor recorte de personal de la historia del estudio: 175 despidos. Paralelamente, reformuló la estrategia de producción. La primera gran prueba de esta nueva etapa fue Del revés 2, estrenada en junio de 2024. El resultado superó todas las previsiones: 1.700 millones de dólares de recaudación mundial, lo que la convertía en el film de animación más taquillero de la historia. El impacto en las cuentas de Disney fue inmediato: el ingreso operativo total de la empresa superó los 15.600 millones de dólares en 2024, un nuevo récord.
Ahora, 40 años después de aquellos cinco millones de dólares de Jobs, el estudio ha demostrado que las marcas excepcionales no mueren –aunque sí que pueden deteriorarse–. En este contexto, Hoppers, estrenada en marzo de este año, recaudó 45 millones de dólares en su primer fin de semana. Este mes de junio llega Toy Story 5: la franquicia que nació en 1995 y vuelve para cerrar el círculo. Es decir, Pixar apuesta de nuevo por donde todo empezó. Si hay una metáfora para la resurrección del estudio es esta.