Fiscalidad

El impuesto de patrimonio en Noruega: los millonarios no huyen tanto como dicen

La experiencia de los países nórdicos apunta que las subidas de impuestos a los más ricos aportan más dinero a las arcas públicas sin éxodos masivos de grandes fortunas

Act. hace 10 min

BarcelonaSi las predicciones hubieran sido correctas, desde 2022 en Noruega no quedaría ni un solo millonario. En 2021 el Partido Laborista (centroderecha) del actual primer ministro, Jonas Gahr Store, ganó las elecciones parlamentarias y entró en un gobierno de coalición con el Partido de Centro. El nuevo ejecutivo aprobó una reforma del formuesskatt, el impuesto de patrimonio, que aumentaba lo que pagan los contribuyentes más ricos del país.

Tanto en Noruega como en el extranjero, los titulares no tardaron, y, a pesar de algunas excepciones, iban en la misma línea que las críticas de la oposición conservadora: si se subía el impuesto, las grandes fortunas optarían por irse a vivir a otro país, lo que acabaría provocando que el estado noruego recaudara aún menos dinero que antes. Según estos argumentos, más valía un impuesto bajo y recaudar algo que un impuesto alto y recaudar menos.

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Incluso uno de los diarios de referencia internacional para las izquierdas, el británico The Guardian, se sumó al carro del éxodo masivo de millonarios noruegos hacia otros países, sobre todo Suiza. "Los superricos abandonan Noruega a un ritmo récord por un ligero aumento del impuesto de patrimonio", tituló el diario londinense.

Pero, aunque sí que se produce una cierta fuga de grandes fortunas cuando se imponen nuevas tasas o se incrementan impuestos ya existentes que tienen como objetivo las capas más acomodadas de la población, la realidad es que el ejemplo de Noruega y dos de sus países vecinos, Dinamarca y Suecia, señala que la movilidad acostumbra a ser notablemente inferior a la esperada y los incrementos de recaudación son notables.

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Pero Suiza es aburrida: migración fiscal y el atractivo del capital cultural específico del lugarLa fuerte subida de los ingresos públicos gracias a la reforma de este impuesto señala que la salida de los superricos fue relativamente pequeña, ya que las modificaciones al impuesto no tocaron el mínimo de patrimonio a partir del cual hay que abonar el tributo, que se mantuvo en 1,7 millones de coronas (unos 160.000 euros). Es decir, lo continuaron pagando las mismas personas, y simplemente pasaron a pagar más.

Gravar la riqueza máxima: respuestas migratorias y sus implicaciones agregadasMovilidad más reducida

Según Reuters, un total de 30 multimillonarios abandonaron Noruega por causa del impuesto de patrimonio. La cifra concuerda con diversos estudios. "Figuras prominentes del sector privado acostumbran a advertir en público que incrementar los impuestos a los ricos o a las personas que ganan más hará que abandonen el país, lo que tendrá impactos negativos sobre la base impositiva nacional o sobre la economía en general. Sin embargo, a pesar de estos clamores, las evidencias sobre la migración causada por los impuestos son más modestas", señala un artículo académico titulado But Switzerland’s boring: tax migration and the pull of place-specific cultural capital [Pero Suiza es aburrida: migración fiscal y atracción del capital cultural específico de un lugar], escrito por cuatro economistas y publicado por Oxford Academic.

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Según los autores, por más ricas que sean, a menudo las personas afectadas por estos cambios fiscales prefieren pagar más y continuar viviendo en su ciudad o en su país que no mudarse a otro lugar. Otro artículo académico titulado Taxing top wealth: migration responses and their aggregate implications [Aplicar impuestos a los más ricos: respuestas migratorias y sus implicaciones agregadas], elaborado por seis economistas para el National Bureau of Economic Research, la organización de referencia en la investigación económica en Estados Unidos, apunta en la misma dirección: "Un incremento de un punto porcentual al tipo máximo reduce el total de contribuyentes ricos aproximadamente un 2%".

Este artículo analiza diversos cambios en impuestos similares en Suecia y Dinamarca. Los países nórdicos son especialmente conocidos por una tradición socialdemócrata de redistribución de la riqueza a través de políticas fiscales que se basa, por un lado, en unos regímenes fiscales muy exigentes con las personas con rentas altas y grandes patrimonios y, por el otro, en un elevado gasto en servicios públicos como la sanidad, la educación o los servicios sociales. Esto los sitúa habitualmente entre los países con más calidad de vida y unos niveles de desigualdad más bajos.

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Pocos efectos sobre el crecimiento

Según este último artículo, los efectos negativos de los impuestos sobre el patrimonio sobre otros aspectos de la economía son "cuantitativamente pequeños". Así, "un incremento de un punto porcentual del tipo máximo hace caer el empleo un 0,02%, la inversión un 0,07% y el valor añadido un 0,1%". "Estos efectos son modestos, a pesar de que los propietarios de riquezas más grandes, muchos de los cuales son emprendedores, representan una proporción elevada de la actividad económica en Escandinavia a través de las empresas que controlan", añade el documento.

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Aún así, el artículo argumenta que "los efectos modestos de la migración provocada por los impuestos no implican necesariamente que aplicar impuestos a los ricos sea una política óptima". Según los cálculos de los economistas, más allá de discusiones sobre la equidad, los impuestos aplicados a las grandes fortunas mejoran el bienestar del país si se dedican los fondos recaudados a financiar políticas que tengan un retorno económico elevado, como programas de apoyo a niños de familias vulnerables. Esto quiere decir, de acuerdo con el artículo, que "financiar proyectos destinados a niños de rentas bajas a través de la aplicación de impuestos progresivos a la riqueza tiene el potencial de incrementar el bienestar social".