Calentar motores de avión: eso hacía Kärcher antes de dedicarse al agua a presión

La compañía de hidrolimpiadoras factura casi 3.500 M€ anuales y da trabajo a 17.000 personas

3 min
EUREKA Web Kärcher
28/10/2026 - 07:03 h

Es sábado por la mañana, en una urbanización de casas unifamiliares. En uno de los jardines, un hombre lleva un rato apuntando un chorro de agua a presión contra las baldosas de la terraza. Con cada pasada, la suciedad acumulada durante meses desaparece. La máquina es de color amarillo y negro. Unas calles más allá, un vecino utiliza un aparato similar para dejar bien brillantes las llantas del coche. También es amarillo y negro. Mientras tanto, en el interior de otra casa, una mujer pasa una máquina por los ventanales para limpiarlos sin dejar marcas. Amarillo y negro.

Las tres escenas tienen algo en común: las máquinas son de Kärcher, la marca alemana que se ha hecho mundialmente conocida por sus equipos de limpieza, especialmente los de agua a presión. Hoy, la compañía es un gigante industrial que factura 3.483 millones de euros anuales, da trabajo a 17.000 personas y está presente en 87 países. Kärcher tiene su sede central para los países del sur de Europa en Cataluña, concretamente en Granollers, desde donde coordina la actividad en mercados como Portugal, Italia, Grecia y Turquía. Pero lo que muy poca gente sabe es que la historia de Kärcher no empezó en el campo de la limpieza; cuando Alfred Kärcher fundó la empresa, en 1935, fabricaba aparatos para calentar motores de avión.

El curioso origen de Kärcher

Para entender los orígenes de Kärcher, hay que viajar hasta Stuttgart, en el suroeste de Alemania, a principios de los años treinta. Alfred Kärcher era un ingeniero que, después de pasar once años en la empresa de su padre, empezó a diseñar sus propios aparatos. Estaba especializado en tecnología de calefacción industrial; había diseñado hornos que permitían trabajar los metales de manera más eficiente y económica. En 1935, con 34 años, decidió independizarse y fundar una compañía.

Uno de los primeros negocios que le funcionaron fue la fabricación de aparatos de aire caliente para calentar los motores de los aviones antes de arrancarlos, especialmente durante los meses de invierno. La industria aeronáutica alemana estaba en plena expansión y los equipos de Kärcher empezaron a tener una gran demanda. En 1939, la empresa ya tenía 120 trabajadores y se trasladó a una planta más grande, en Winnenden, una localidad cercana a Stuttgart y donde todavía hoy tiene su sede central. Pero aquel mismo año vivió un episodio de turbulencias: estalló la Segunda Guerra Mundial.

Durante la guerra, Kärcher se integró en la industria armamentística del régimen nazi. Fabricó sistemas de calefacción para las cabinas de los aviones militares y aparatos para descongelar sus alas y otros componentes, destinados a la fuerza aérea alemana. Con la derrota de Alemania de 1945, el negocio quedó muy tocado. Alfred Kärcher incluso se planteó vender la empresa, pero finalmente decidió continuar con una plantilla reducida a 40 personas. Para adaptarse a las necesidades de la posguerra, empezó a fabricar estufas y pequeños hornillos. Le salió bien.

El salto al mundo de la limpieza

El gran punto de inflexión llegó en 1950. Aprovechando los conocimientos que tenía sobre tecnología de la calefacción, Alfred Kärcher desarrolló la DS 350, la primera máquina europea de limpieza a alta presión con agua caliente. Aquel invento abrió una nueva línea de negocio que acabaría transformando la empresa. Pero Kärcher no llegó a ver el éxito: en 1959 murió de un infarto, con solo 58 años, y su mujer, Irene Kärcher, asumió las riendas de la compañía. Bajo su dirección, el negocio se internacionalizó y en 1962 abrió la primera filial en el extranjero, en Francia. En 1974, la empresa decidió concentrarse en las máquinas de limpieza de alta presión y abandonar el resto de líneas de negocio. También cambió el azul de sus aparatos por el característico amarillo. Diez años después, lanzó la primera máquina portátil de agua a presión pensada para particulares. Kärcher entraba en los hogares.

Con los años, la compañía amplió el catálogo con aspiradoras, fregadoras, limpiacristales y robots de limpieza, y continuó creciendo por todo el mundo. La popularidad de sus máquinas de agua a presión ha llegado hasta el punto de que el nombre de la empresa se ha convertido en una palabra de uso habitual. En 2007, el diccionario francés Le Petit Robert ya recogía el término karcher como sinónimo de estos aparatos, y en 2018 el diccionario alemán Duden incorporó el verbo kärchern, que significa limpiar con agua a presión.

stats