El granjero que acabó controlando 15.000 millas del ferrocarril de los Estados Unidos
Jason 'Jay' Gould expandió sus negocios con la Western Union, Associated Press y diversos periódicos
Existe un concepto dentro de la historiografía empresarial americana que es el de robber barons. Se refiere a toda una serie de empresarios de finales del siglo XIX que construyeron sus imperios sacando provecho de una época de capitalismo salvaje y usando prácticas consideradas poco honorables. En esta serie hemos hablado de alguno de ellos, como es el caso de John Jacob Astor, Andrew Carnegie, Cornelius Vanderbilt o Leland Stanford, y ahora hablaremos de un gran magnate de los ferrocarriles, Jason Jay Gould, también incluido a menudo en este grupo.
Jay Gould Empresario ferroviario
- 1836-1892
Nuestro protagonista nació en una familia de granjeros pobres y muy pronto tuvo claro que la vida dura del campo no era para él. Pudo hacer estudios básicos y después se enfocó en las matemáticas y, sobre todo, en la topología. Esta última materia le proporcionó sus primeros ingresos, porque se dedicó a levantar mapas de varios condados del estado de Nueva York. También descubrió el mundo de los tintes para pieles y durante un tiempo estuvo implicado a través de asociarse con varios empresarios del sector. En el estado de Pensilvania, en Sands Cut, creó una planta para curtir pieles, la más grande del país, que daba trabajo a doscientas cincuenta personas. Con el paso de los años, aquella localidad cambiaría de nombre para devenir Gouldsboro, en homenaje a su figura.
Pero donde vio una verdadera grieta para hacer dinero fue en las debilidades de algunas empresas ferroviarias que cotizaban en los mercados de capitales, como la Rensselaer and Saratoga Railway y la Rutland and Washington Railway. Según algunas fuentes, para entrar en este mercado tuvo la ayuda clave de su suegro, Daniel S. Miller. Con solo veintitrés años se metió en ello, y perfeccionó sus métodos durante la Guerra Civil invirtiendo en deuda pública y oro. Con los beneficios conseguidos compró suficientes acciones de una compañía ferroviaria que hacía años que arrastraba muchos problemas financieros, la Erie Railroad, para pasar a controlarla y acabar siendo el máximo responsable. La toma de control de esta compañía, donde Gould actuó con varios socios, fue una verdadera guerra contra millonarios ya consolidados, como el mencionado Vanderbilt, y donde consiguieron manipular los precios de mercado.
Una operación más ambiciosa fue la que Gould y sus socios pusieron en marcha en 1869, que consistía en apropiarse de toda la oferta de oro del mercado nacional para manipular su precio. Con el control de esta materia prima, empezaron a vender a precios mucho más altos de los que había antes de su intervención, lo que los hizo muy ricos pero que, de rebote, desembocó en un pánico que fue bautizado como Black Friday. En la conspiración, además de Gould, estaban James Fisk y Abel Corbin; este último, cuñado del presidente Ulysses S. Grant, cosa que aún hizo más grande el escándalo, porque los conspiradores tuvieron la complicidad del secretario del Tesoro.
La fama de ser el epicentro del crony capitalism. En el momento de su muerte, algunos obituarios dijeron de él que era el hombre más rico del mundo, por encima incluso de Rockefeller y Astor.
En los últimos años de su vida, expandió sus negocios y consiguió también el control de la Western Union –en aquel tiempo una compañía de telegrafía–, del cable de comunicaciones transoceánico, de la agencia de noticias Associated Press y de un buen puñado de periódicos, como el New York World. En el momento de su muerte, algunos obituarios dijeron de él que era el hombre más rico del mundo, por encima incluso de Rockefeller y Astor.