El indiano que construyó el Palau de les Heures y la actual sede del Colegio de Periodistas
Su hijo pidió a los franquistas que lanzaran bombas a su casa
En 1938, en plena Guerra Civil, el jefe de aviación del bando franquista, Alfredo Kindelán, recibió una carta extraña mientras estaba acuartelado en Salamanca. En el texto, un millonario catalán le rogaba que lanzara algunas bombas sobre su propia casa en Barcelona, y para asegurarse el disparo le facilitaba todos los datos necesarios, tanto la ubicación exacta como varias fotografías de la propiedad. La historia es tan estrambótica, que hay que empezar a estirar el hilo para deshacer la madeja. Quien remitía la carta era Josep Gallart Folch, hijo de un indiano enriquecido en Puerto Rico. La mansión en cuestión era el Palau de les Heures, que hoy todavía se conserva en medio de un paraje boscoso en el Vall d'Hebron y bajo la gestión de la Universidad de Barcelona. La causa de esta voluntad tan autodestructiva de Gallart hay que buscarla en la incautación del palacete por parte de las autoridades republicanas durante el conflicto bélico y también que era el lugar de residencia temporal del presidente Companys. Por suerte, nunca cayó ninguna bomba sobre la propiedad y en nuestros días todavía podemos disfrutarla.
Josep Gallart Forgas Empresario del azúcar y naviero
- 1838-1898
Tras la muerte de su padre y siendo un adolescente, en 1851 Josep Gallart Forgas emigró de su Empordà natal hacia Puerto Rico, donde su tío, Joan Forgas Bayó, había conseguido cierta posición social como comerciante. Coincidiendo con la llegada a la isla, el tío y otros familiares que se habían instalado dieron un paso muy ambicioso dentro de los negocios, porque invirtieron en una explotación destinada al refinamiento de azúcar de caña, lo que allí llamaban ingenios. No muy lejos de todo esto, en Cuba, la producción de azúcar estaba mayoritariamente en manos de catalanes. En los siguientes años, Gallart sería pieza clave de la factoría familiar y otras dos que con el paso de los tiempos pondrían en marcha, con lo que se convirtieron en el principal centro productor de azúcar de la isla, siempre alrededor de la ciudad de Ponce. Una de las principales labores de Gallart fue la modernización de las explotaciones, con la incorporación de maquinaria nueva. Ni que decir tiene que esta posición económica le permitió entrar a formar parte de las élites locales, con las que compartía tiempo y aficiones, al tiempo que financió diversas iniciativas culturales, como fue la construcción del principal teatro de Ponce, conocido como La Perla.
Con el negocio consolidado, Gallart puso un pie en la política, una decisión muy habitual entre los indianos que habían logrado hacer fortuna. En este sentido, fue miembro destacado del Partido Incondicionalmente Español, una formación que, como es fácil de imaginar, estaba en contra de cualquier movimiento por separar a Puerto Rico del Estado español. Coincidiendo con la muerte del tío, en 1885, Gallart regresó a Cataluña y también se implicó en política, porque ejerció de senador desde marzo de 1893 hasta la legislatura iniciada en 1896, siempre representando a la entonces provincia de Puerto Rico en el senado español.
Los negocios de la familia no acababan con el azúcar, porque también eran poseedores de una importante compañía naviera, la que había fundado Joan Morera Bargalló. Este empresario había sido gerente de una empresa náutica y decidió montar su propia firma en 1881, la Compañía Barcelonesa de Vapores Trasatlánticos, con el objetivo de realizar rutas hacia las Antillas. Consiguió que entraran en el capital inversores relevantes, como Román Macaya Gibert o Pere Garriga Nogués. Desde la crisis de 1883, el accionariado de la firma se reestructuró, lo que sirvió para que entrara como principal accionista el tío de Gallart. Sólo dos años más tarde, el tío murió y nuestro protagonista heredó el paquete de control de la empresa, que mantendría la actividad hasta 1911.
Ya dentro del tramo final de su vida, encargó al arquitecto August Font Carreras la construcción de una casa en la Rambla de Catalunya 34 y, sobre todo, la Gallart sólo gozó durante dos años. Este mismo arquitecto sería el autor también de la plaza de Toros de Las Arenas, hoy en día reconvertida en centro comercial. Por cierto, hay que alertar de que ese número 34 de antaño ahora es el 10, y eso es importante para no confundir esta finca –donde está el Colegio de Periodistas– con la Casa Argelich, sede de la empresa textil Cedimatexsa (Central Distribuidora de Manufacturas SA) y escenario hace dos décadas del rod Balagueró y Paco Plaza.