Mango, la gran excepción
BarcelonaEn un momento en que parece que hay una avalancha de pérdidas de grandes empresas familiares catalanas surge una gran excepción. Se trata de Mango, el imperio textil fundado por el desaparecido Isak Andic y que preside y dirige Toni Ruiz. Cuando le preguntan si piensan comprar o salir a bolsa, es muy claro: "No y no. No nos planteamos compras. Uno compra cuando no sabe cómo desarrollar su negocio. Tenemos muchas oportunidades y mercados para crecer". Y sobre la bolsa todavía es más directo: "Tengo muchos amigos que son consejeros delegados y no me hablan ni de clientes ni de negocio sino de preocupación con los informes trimestrales, de los bonus..." No le hace falta añadir mucho más.
Durante una conversación organizada por el Círculo Ecuestre de Barcelona, este directivo de la máxima confianza del fundador y titular del 5% del capital aseguró que los intereses de Mango son el negocio, los clientes y "el arraigo a Barcelona y Catalunya". Todo para proyectar desde aquí un grupo con presencia en más de 120 países, 3.000 puntos de venta y 2.700 fábricas, unas ventas que el año pasado fueron de 3.800 millones de euros y un beneficio de 242 millones, y que genera ocupación de calidad en el origen.
Explicó que están acostumbrados a adaptarse, como cuando en 2016 empezaron a tener pérdidas, con una deuda situada en unos 620 millones de euros, unas ventas de 2.000 millones y un resultado de explotación de 70 millones. Pero remontaron a partir de 2019 con el retorno de los beneficios. Y, de repente, vino la pandemia en 2020, cuando fue nombrado consejero delegado (había sido el director financiero de la empresa desde 2015 y director general desde 2018), y recuerda: "Desde casa, mi primera firma fue un ERTE". Pero lo volvieron a superar con un resultado de explotación que se ha multiplicado por 10 desde entonces y unas ventas que este año llegarán a los 4.000 millones.
Ruiz, junto con Andic, construyó una estructura de gobernanza de la empresa que ha superado de una manera muy rápida un golpe tan fuerte como la desaparición súbita de su creador. Acostumbrados a adaptarse y a trabajar en multitud de países y normativas manteniendo el arraigo al lugar de origen de la empresa, Ruiz opina que "es responsabilidad de todos" hacer que salgan adelante los proyectos empresariales que nacen aquí. No es, por tanto, solo una responsabilidad de las administraciones, que también, sino de los mismos empresarios.