La inteligencia artificial (IA) y lo absurdo
BarcelonaTodos los avances y nuevas tecnologías generan inquietud y miedo. Lo hemos visto a lo largo de la historia. Y es lo que está pasando con la inteligencia artificial (IA). Hay muchos estudios que apuntan la pérdida de cientos o miles de puestos de trabajo, y el potencial de esta nueva tecnología aún está en sus inicios. Pero ya hemos visto muchos titulares como el del semanario The Economist de hace unos días, "El apocalipsis del trabajo". No se puede negar el impacto que puede tener, y no solo en las tareas repetitivas y de poco valor añadido.
En todo caso, el riesgo es no tener en cuenta los peligros y dejar que primen los principios economicistas. En este sentido, supone un aviso un estudio hecho por Brett Hemenway Falk y Gerry Tsoukalas, investigadores vinculados a la Wharton School de la Universidad de Pensilvania y la Universidad de Boston, bajo el título La trampa del despido por IA. Esencialmente, advierten que si la IA suprime los puestos de trabajo más deprisa que el ritmo al que la economía puede absorberlos, existe el riesgo de erosionar la demanda de los consumidores y de penalizar, por tanto, los resultados de las mismas empresas.
En resumen, si el único incentivo de las empresas es automatizarse más que los competidores para reducir costos al máximo y aumentar márgenes y beneficios a costa de deshacerse de personal, al final salen perjudicados los trabajadores, pero también las mismas compañías. Si no hay ningún otro incentivo que un incremento de productividad sin límites, podemos acabar con una demanda que sea cero. Y es fácil de entender: si todas las empresas hacen lo mismo a la vez, crece la población en paro, que tiene menos ingresos y, por tanto, menos capacidad de compra, lo que hace que las empresas vendan menos.
Y ¿qué hacen las empresas? Pues lo que les ha enseñado la ley del mercado: reducir aún más los costos para mejorar los resultados y, en consecuencia, aumentar más la productividad a costa de más despidos. Y resulta que estas personas que se quedan sin trabajo compran menos o, sencillamente, dejan de comprar del todo. Y esta carrera imparable para reducir costos lleva a la absurdidad de producir para nadie, en el caso extremo.
A partir de aquí, los autores solo ven una solución para frenar la carrera empresarial de recortes: una especie de impuesto por cada sustitución de puesto de trabajo provocada por la IA. Esto obligaría a las empresas a pagar por destruir el poder adquisitivo que generan. Para pensarlo.