Marta Belmonte: “Cataluña es impresionante, tiene una diversidad de paisajes brutal”

La actriz descubrió su lugar preferido de Cataluña durante una escapada improvisada

La Marta Belmonte haciendo la ruta de Carros de Foc
31/07/2026 - 08:02 h.
2 min

Cuando la actriz Marta Belmonte tenía veintipocos hizo una de las primeras escapadas con amigos al Pirineo catalán. El objetivo era recorrer la ruta de los Carros de Foc dentro del Parque Nacional de Aigüestortes y el Estany de Sant Maurici, una ruta circular de montaña que une nueve refugios. “Fue una escapada improvisada, yo no había preparado nada y me apunté en el último momento, quizás por eso me sorprendió tanto y tengo un muy buen recuerdo del paisaje y de toda la experiencia. Fueron unos días increíbles”, comenta. Reconoce que no estaba muy preparada físicamente. Haciendo la ruta, refunfuñó un poco, y al final decidieron no acabar el recorrido: “Aun así, fue fantástico. Éramos tres amigos, íbamos con mochila y tienda para acampar en medio de la naturaleza, por si no llegábamos a los refugios. Es una zona espectacular, me gustaría volver, ahora terminaría la ruta entera”. A pesar de haber ido más veces a los Pirineos, lo ha hecho más hacia Francia y la zona de Huesca. Nunca ha repetido los Carros de Foc. Belmonte cree que a veces nos vamos lejos para ver lugares espectaculares y no haría falta, "Cataluña es impresionante, con una diversidad de paisajes brutal que no tiene nada que envidiar a otros lugares. Me gusta mucho el verde y el agua, mares, ríos… y el Estany de Sant Maurici es extraordinario", apunta. La ruta fue muy variada, era primavera y la temperatura cambiaba mucho en función de la altitud y el momento del día, pasaron de ir con manga corta a pisar nieve.

A la actriz le encanta la simplicidad que implica pasear por la montaña, cuando solo te tienes que ocupar de caminar, alimentarte y dormir. En principio, había que reservar para dormir en los refugios, pero había días que improvisaban y caminaban más de lo previsto: “En uno de estos cambios, no habíamos reservado el refugio, aparecimos sin que nadie nos esperara y estaba lleno. Fueron maquísimos, nos dejaron dormir en el comedor. Allí me comí la mejor sopa de ajo que he probado nunca”. Admite que después de horas caminando encontrarse con un caldo es todo un regalo.Explica que fue una semana de mucha libertad, que no se ducharon hasta el último día, cuando acabaron en un hotel con baños termales, bastante más lujoso que los refugios a los que habían estado, que eran más sencillos, y donde todo el mundo era encantador. Le gusta la complicidad de la gente que se encuentra en la montaña y se saluda, a pesar de que entonces no se encontraron con casi nadie. Poco después, The New York Times dedicó un reportaje a la travesía y la cosa cambió. “Rutas como esta son una oportunidad para disfrutar del silencio que hay en la naturaleza, economizar equipaje y recuperar la autenticidad que vamos perdiendo en el día a día. Aquellos Carros de Fuego fueron un lujo”, concluye. 

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