Derrota del catalanismo en el referéndum en la Cataluña del Norte
El departamento se continuará llamando Pirineos Orientales después de la victoria de esta opción con el 47,21% de los votos
BarcelonaDerrota catalanista en la Cataluña del Norte. El catalanismo se lo había jugado al todo o nada en un plebiscito que era un arma de doble filo y que también ha servido para medir su incidencia política. El campo de juego ha sido la denominación del departamento –equivalente a provincia– para intentar abandonar el nombre jacobino de Pirineos Orientales proveniente de la Revolución Francesa y recuperar la catalanidad robada, al menos en el nomenclátor, con el nombre de Pirineos Catalanes. ¿Cuál es el grado de conexión con la catalanidad de una población en la que un 35% dice que sabe hablar catalán, pero como lengua habitual baja al 5%? Pues relativo, y la opción catalanista ha perdido por 2.000 votos respecto a la opción de Pirineos Orientales, que se mantendrá como nombre oficial. Con 18.025 votos, ha ganado la vía jacobina (47,21% de los votos), por encima de los 16.092 de la catalanista (42,15%) y los 4.061 de la tercera opción de Pirineos Mediterráneos (10,64%), según datos del departamento.
La votación se realizó desde el 22 de junio hasta el 15 de agosto, pero con un recuento que se ha cerrado este viernes. Y aun así, ha habido un retraso considerable en el escrutinio, que se preveía que se acabaría inicialmente cerca de las 18 horas, pero que se ha retrasado hasta pasadas las 21 horas, entre otras cosas por la ardua tarea en la verificación del voto. Con 40.656 votos de un total de 384.600 electores, es decir, con un 11% de participación, se ha evidenciado una escasa implicación ciudadana, pero superior respecto a consultas de cambio de nombre territorial en otras regiones de Francia. El resultado ha sido claro y el catalanismo ni ha movilizado lo suficiente ni ha conseguido reconocer mínimamente la identidad propia norcatalana.
El resultado de esta consulta ciudadana es significativo para el catalanismo político del territorio, articulado en partidos como Unitat Catalana –aliado de Junts–, que tiene un diputado provincial en el Consell Departamental, Jaume Pol, aunque también está imbricado en partidos de ámbito estatal, como es el ejemplo de la centrista Annabelle Brunet o del vicepresidente del departamento Nicolas Garcia, exalcalde de Elna, conocido por su compromiso con el Procés y su amistad con el expresidente Carles Puigdemont. Al mismo tiempo, la mayoría departamental, formada por una amalgama de izquierdas y catalanistas, también sufre una derrota. En cambio, el partido catalanista Sí al País Català había criticado de entrada la consulta por no haber incluido el nombre "más popular" –en referencia al nombre que lleva la formación–, y sus dirigentes no han participado.
En todo caso, quien también se la ha jugado ha sido el alcalde de Perpiñán, que continúa intocable. El político de extrema derecha Louis Aliot ha hecho una defensa del término Pirineos Orientales, cosa que enlaza con su anticatalanismo. La victoria de Reagrupament Nacional de Marine Le Pen en la Cataluña del Norte en las últimas elecciones legislativas, además del triunfo en las municipales en la capital y en ciudades como Elna o Canet de Rosselló, suponía un cambio de paradigma para un territorio dominado de pleno por la derecha radical. Por eso, también era importante el referéndum para medir si, en el terreno del reconocimiento de la identidad catalana, tambaleaba el relato ultra, cosa que no ha pasado.
Incluir la catalanidad en el nombre ha sido una reivindicación incipiente de un movimiento que soñaría con una especie de autonomía política al estilo corso, pero que se situaba en un estadio inicial que no ha cuajado.
Antecedente
El lío del nombre se agravó con la reforma de las macroregiones en vigor desde 2016, cuando el Languedoc-Rosellón desapareció para incluirse en la región de Occitania, un territorio que no incorpora la catalanidad en el nombre, a pesar de que los norcatalanes hubieran votado mayoritariamente a favor de la opción de Occitania-País Catalán. Sin embargo, como el universo de votantes era tan grande, fracasó. Los condados de Rosellón y la Cerdaña, arrebatados a Cataluña en 1659 e incorporados a Francia a raíz de la derrota catalana en la Guerra de los Segadores y el consiguiente Tratado de los Pirineos, aún mantienen la vitalidad de la catalanidad a pesar de que su capital dejara de ser "la catalana" oficialmente para pasar a ser "la radiante" por culpa de Aliot. Aliot, además, ha impulsado la defensa de una identidad "rosellonesa", no catalana, como históricamente había defendido la villa, y desde un punto de vista folclórico.
Después del resultado, no habrá ningún cambio en el nombre y la Cataluña del Norte asume que la vitalidad del sentimiento catalán es más bien superficial –ligada al deporte, como el rugby con la USAP o los Dracs Catalans– y no tanto para modificar la histórica denominación republicana de Pirineos Orientales. En la Cataluña del Norte hubo una sustitución lingüística a lo largo del siglo pasado, de manera que el uso habitual de la lengua es testimonial y no aparece casi registrado entre los jóvenes. En capacidades, comprenden la lengua un 61% y un 35% dicen que la saben hablar, según la última Encuesta de Usos Lingüísticos de la Población, que es del 2015. Además, demográficamente, la mitad de la población es originaria de fuera de la Cataluña del Norte.