Entrevista

Hartmut Rosa: "Siguiendo los protocolos perdemos la alegría de vivir"

sociólogo

HARTMUT ROSA FOTOGRAFIADO EN UN HOTEL DE BARCELONA
Entrevista
17/09/2026 - 18:01 h.
5 min

Le pregunto por la foto que tiene en el WhatsApp y Hartmut Rosa (Lörrach, Alemania, 1965) coge el móvil y me dice que no tiene claro, ni siquiera, cómo buscarla. “Trato de no perder el tiempo con estas cosas y no recuerdo cuál tengo”. La encontramos, mira la pantalla y ríe. Es un primer plano –que puedo explicar pero no publicar– donde sale con diferentes gafas de sol en la cara. Es precisamente su mirada la que ha radiografiado cuestiones de extrema actualidad, como la aceleración en nuestras sociedades. Ahora vuelve con Situación y constelación, un nuevo libro que ha publicado en castellano Ned Ediciones y que publicará el próximo año en catalán Arcàdia, y donde aborda cómo vamos perdiendo capacidad de tomar decisiones. Ha hablado de ello estos días en Barcelona en unas jornadas organizadas por CaixaForum.

Siento lo que te pasó con tu sobrino.

— Nací en la Selva Negra alemana y, por tanto, con los esquís puestos. Por eso le invito siempre una vez al año a pasar uno o dos días en una pista de esquí. Pero la última vez, al llegar, no podíamos pasar. Me había equivocado de día y había comprado pases para el día siguiente.

Y lo intentaste arreglar.

— Pero la mujer de las taquillas me dijo que no podía hacer nada. El sistema no permitía cambios. Cuando quise comprar otro billete, era más caro, pero tampoco podía hacer nada porque el precio es diferente si es online que en las taquillas. Le sabía realmente mal, pero no podía hacer nada.

O sea, que hemos perdido capacidad de actuar.

— Actuar implica evaluar una situación y adaptarte. Por ejemplo, te encuentras en un aula, y los alumnos quizás están alborotados porque ha habido una pelea, o hace mucho calor: una realidad compleja con la que tienes que lidiar. El profesor quería enseñar gramática, pero reacciona, se adapta, y dedica 5 minutos a lo que sea que les preocupa.

¿Hoy no es posible?

— Funcionamos con protocolos. No importa la situación, si hace frío o calor o es primera hora o última o si los niños están tristes o cansados. Es la diferencia entre situación –el profesor que reacciona– y constelación.

¿Constelación…?

— Es otra manera de estar en el mundo. En este sistema nuestros actos son inmunes al contexto, se pueden medir y están ligados a ejecutar unas reglas, que pueden ser algoritmos tecnológicos o de carácter burocrático.

¿No es una forma de evitar la corrupción?

— Sí, las constelaciones tienen sentido porque evitan corrupción o sesgos. Por ejemplo, asegurar que yo trato igual a los alumnos, sean hombres, mujeres, autóctonos o extranjeros. Por eso se fijan criterios de trato igualitario. También tienen sentido para la eficiencia. Fíjate en la thermomix: solo ejecutas lo que dice la máquina, no tienes que tomar decisiones sobre la sal, ni corregir en función del sabor que vas obteniendo. Simplemente ejecutas.

Entonces, ¿qué perdemos?

— Creo, sinceramente, que nuestra humanidad. Un colega profesor me explicaba que una chica, de origen muy humilde, consiguió superar diversas adversidades para estudiar y llegar a la universidad. Y al final de la carrera los exámenes ya se entregaban a una hora muy concreta, con un sistema que lo supervisaba. Ella se retrasó 4 segundos. Suspendió, y no se pudo graduar aquel año.

¿Qué hizo el profesor?

— No podía hacer nada al respecto. Ya no nos encontramos con los demás como agentes humanos, estamos interactuando como robots. Y eso nos hace perder nuestra capacidad de acción, que es fundamental, porque expresa quién eres.

¿Pero perdemos tanto como la humanidad?

— Esta forma de estar en el mundo y responder a una situación sobre la base del juicio y la emoción es lo que es la humanidad. Y lo perdemos sin estar creando ni siquiera un mundo más justo.

¿Puede tener que ver con el burnout, el agotamiento vinculado al trabajo?

— Piensa en la mujer que vende los tickets en la estación de esquí. No importa si es ella u otra persona. Su trabajo se ha convertido en un trabajo de mierda, y eso lo ves en muchos lugares. Es importante sentir que marcas alguna diferencia: es cuando nos sentimos vivos. Pero necesitas un espacio para la acción.

¿Lo ves también en la universidad?

— Por eso escribí el libro, como una súplica. No quiero caer en la nostalgia, pero cuando empecé, los estudiantes se te acercaban siempre para discutir, por ejemplo, sobre Marx. Ahora siempre preguntan: “¿Entra en el examen?”

O sea que los protocolos cambian los caracteres.

— Hoy sabemos que hay un problema de salud mental en los jóvenes, no tienen confianza en la vida. Tener confianza implica salir al mundo aunque no lo controles. Hace 30 años que hago campamentos con alumnos de bachillerato. Cuando empecé hacían muchas cosas que no estaban permitidas, como beber alcohol o salir de fiesta. Hoy incumplen mucho menos las normas y salen menos. La fiesta tiene un punto menos controlable. Como el autoestop, es mi ejemplo preferido.

A ver.

— Yo lo hacía, y en los años 80 era más peligroso que ahora: más accidentes de coche, más delitos, no tenías opción de llamar a nadie ni que te localizaran con el móvil… ¿Por qué lo hacíamos? Por la necesidad de salir al mundo. Hoy tenemos el resultado de una vida siguiendo los protocolos. Pero creo que pagan un precio muy alto, que es que se pierde la alegría de vivir, y la confianza en la vida. ¡Les enseñamos incluso a jugar!

¿Qué quieres decir?

— Los Lego antes eran una caja de piezas enorme e ibas construyendo… Ahora montan los modelos paso a paso, con una guía.

¿Tiene relación con el autoritarismo? 

— Las tasas de agotamiento van de la mano del autoritarismo, que está impulsado por la rabia, la idea de que no están obteniendo de la vida lo que se les prometió.

¿Y no tienen razón?

— Sí, y el sentimiento está justificado, pero la respuesta es errónea porque se basa en el resentimiento: el problema son los inmigrantes, son los otros… Pero fíjate en una cosa: los populistas de derecha o las figuras autoritarias prometen ser agentes reales.

Prometen capacidad de actuar…

— Trump dice: "No me importa lo que digan el Supremo o las normas internacionales". Así que sus partidarios esperan que con él se puedan convertir en agentes en este mundo. El lema a favor del Brexit era: "Recuperemos el control". 

¿Pero qué hacemos? Las normas son importantes.

— Yo no defiendo que puedas hacer lo que quieras: eso es lo que quieren los poderosos como Trump. Necesitamos normas, pero no protocolos que sustituyan las acciones. Por ejemplo con los semáforos, que son normas, todos actuamos evaluando si es o no el momento de pasar. Mi idea es que todos –profesor, vendedora de tiquets, todos– necesitamos un espacio para el juicio, la discreción.

Hablas de metanormas. ¿Qué significa?

— Que no se trataría de que nos digan lo que tenemos que hacer sino cómo relacionarnos con las normas. Y así nos pueden permitir ser agentes y que no solo haya normas que sustituyan nuestra capacidad de actuar. Y la IA nos puede ayudar. La metasupervisión quizás es posible por primera vez en la historia de la humanidad. Podrían ayudarnos a inventar un sistema que tenga normas que eviten la corrupción, pero que a la vez permitan la acción. Me gusta aportar un final optimista. Si no, la sensación es que solo nos hundimos.

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